La norma diezmal

14 de Octubre, 2018
14 Oct 2018
14 de Octubre, 2018 - 00h00
14 Oct 2018

No es que ‘estese’ haciendo leña del árbol caído, ni mucho menos. Pero que ‘haiga’ que realizar el pago de un tributo (diezmo) para trabajar en la Asamblea Nacional (AN) o en cualquier otra posición burocrática del Estado, produce náusea y refleja la falta de escrúpulos y una absoluta carencia ética de quienes cometen estos atropellos, mejor delitos. Al parecer, según se denuncia, en el interior de la casa de la democracia se reproduce la escena bíblica de los mercaderes y cambistas en el templo, los cuales deberán ser expulsados con el látigo de la verdad. El Parlamento alberga a quienes, en el papel, tienen la obligación de legislar y fiscalizar a favor del país, en función del uso adecuado de los recursos y, desde luego, atendiendo el bienestar de la comunidad y el respeto de los derechos de los ciudadanos, incluido el del acceso al trabajo. De ahí que el bochorno no puede ser mayor para una deteriorada imagen de la Asamblea Nacional con baja aprobación y cuya palabra del legislador tiene menos valor que el bolívar venezolano.

La justificación empleada para explicar este abuso, conforme se escucha en audios filtrados, y en los que el descaro con el que se aborda el tema del diezmo desconcierta a todos, apunta a que, supuestamente, el servidor de la función legislativa no ocupa un puesto público sino político (¿?) y, por lo mismo, debería consignar un aporte al partido o proyecto al cual sirve. ¡Vaya teoría de la norma diezmal! Seguramente, esta tiene su raíz en el neoconstitucionalismo chavista, donde la lógica cede espacio a la viveza criolla y a las más retorcida ambición de poder y riqueza personal que anida en el corazón del socialismo del siglo XXI, en sus líderes con pies de barro, en serviles comensales de palacio y en los desvencijados principios de esta fracasada corriente política regional que, últimamente, los brasileños, hay que decirlo, terminaron de enterrarla electoralmente.

El diezmo, es decir ese porcentaje que se OBLIGA (con mayúsculas) al trabajador a entregar a su verdugo, equivalente al 10% de su remuneración mensual (aunque las denuncias hablan de una mayor cifra, por lo que dejaría de ser diezmo hablando matemáticamente), no tiene fundamento en el campo de la legalidad y justicia social. La Constitución en su art. 328 dice que la remuneración es inembargable, salvo para el pago de pensiones por alimentos.

Por otra parte, el art. 229 de la Carta Fundamental señala de manera expresa que “serán servidoras o servidores públicos todas las personas que en cualquier forma o a cualquier título trabajen, presten servicios o ejerzan un cargo, función o dignidad dentro del sector público”. Asimismo, la Ley Orgánica de la Función Legislativa, en su art. 161, determina: “Toda persona que trabaje para la Asamblea Nacional tendrá la calidad de servidor público y estará sujeto a las disposiciones de esta Ley, reglamentos específicos y resoluciones que expida el CAL…”.

De ahí que la norma diezmal que no reconoce al servidor público y habla de puestos políticos y trabajos territoriales es la mejor definición de politicastros que actúan a espaldas de su pueblo y que viven esclavos de sus demonios. (O)

* Economista.

La norma diezmal
No es que ‘estese’ haciendo leña del árbol caído, ni mucho menos. Pero que ‘haiga’ que realizar el pago de un tributo (diezmo) para trabajar en la Asamblea Nacional (AN) o en cualquier otra posición burocrática del Estado, produce náusea y refleja la falta de escrúpulos y una absoluta carencia ética de quienes cometen estos atropellos, mejor delitos.
2018-10-14T00:00:32-05:00
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