Evo y el mar

7 de Octubre, 2018
7 Oct 2018
7 de Octubre, 2018 - 00h00
7 Oct 2018

No. Este no es el capítulo que le faltó a Hemingway. Es la realidad de una Bolivia que hoy es una muestra emblemática de la gran tragedia de una Latinoamérica desenfocada.

No deseo entrar en lo más mínimo en la discusión política e histórica de un problema que involucra a dos países hermanos del Ecuador: Chile y Bolivia. La contundencia con la cual la corte internacional de La Haya fue destruyendo uno a uno los argumentos de Bolivia son suficientes para entender la realidad político-jurídica del tema presentado por Evo.

¿Qué intención realmente tenía en este juego de La Haya quien a pesar de la voluntad popular expresada en un plebiscito contraria a su reelección quiere seguir siendo presidente? No lo sé, la intuyo, pues el socialismo siglo XXI vive del encantamiento y engaño a las masas.

El tema de este artículo va por otro lado: es que los bolivianos, al igual que muchísimos latinoamericanos, posiblemente la gran mayoría, creen que el origen de la pobreza está siempre en un culpable externo. Los bolivianos han sido convencidos de que su pobreza es porque no tienen salida al mar.

Y como los latinoamericanos han hallado durante décadas la más extensa cantidad de excusas y pretextos para justificar el porqué no somos un continente de altísimo desarrollo como nuestro potencial de recursos lo amerita, debemos profundizar en ese tema de la salida al mar.

Porque esa excusa, al igual que la del “centro periferia”, de la “dependencia”, del “colonialismo”, de la “larga noche neoliberal”, “de la banca corrupta”, de “la oligarquía prepotente”, de la “maldad del mercado”, el tema de la salida al mar es una más de las muchísimas frases, eslóganes, dichos y creencias, que una izquierda frustrada e incapaz ha vertido cual perverso veneno sobre la región, para hacernos creer que no somos nosotros los culpables de lo que nos pasa, y sobre todo para alejarnos de la única realidad que existe para desarrollarse, derrotar la pobreza y procurar la equidad, que es el tener una economía libre, una economía de mercado, con acumulación de capital y aumento de la productividad, y que esto debe existir por un largo y sostenido periodo de tiempo. Esa receta es la evidencia contundente de la historia, que solo los ciegos no quieren ver.

Y si Evo hoy le echa la culpa del gran fracaso de Bolivia a la falta de una salida al mar, y no a su incapacidad y a la perversa corriente que es el socialismo del siglo XXI, veamos lo que algunas evidencias nos muestran.

En Europa Occidental (y no voy a usar los países que fueron parte de la Unión Soviética o sus satélites, porque todavía por la herencia perversa de ese sistema tiene muchas décadas que recorrer para poder igualarse) han existido tradicionalmente tres países sin salida al mar: Suiza, Luxemburgo y Austria. Excluyo a los pequeños estados como Andorra, San Marino y el Vaticano por obvias razones. Son tan diminutos que no son comparables a los otros.

Pues bien, ¿cómo se comportan en ingreso per cápita esos tres países sin salida al mar en el continente Europeo?

Luxemburgo es el país con el más alto ingreso per cápita. Sigue Suiza, que es el segundo en Europa. En otras palabras, los dos países más ricos de Europa, no tienen salida al mar. Y, recordemos, que la inmensa mayoría de países sí la tiene.

Austria, a su vez, muestra un ingreso per cápita más alto que Alemania, Francia, Holanda y Bélgica, países sumamente ricos y con famosísimos puertos como Hamburgo, Rotterdam, Amberes, o Marsella. Austria tiene también un PIB per cápita más alto que Inglaterra, “la reina de los mares” famosa por su poderío naval tanto militar cuanto mercantil.

Ningún político de esos países europeos sin salida al mar se ha pasado reclamando una salida soberana al mar. Ningún político se ha encargado de mentirle a los ciudadanos, diciéndoles que sin trabajo, ahorro capitalización y productividad se puede ser ricos.

Esa es la gran lección que nos deja el capítulo de Evo y el Mar, una página más de los grandes sainetes del socialismo del siglo XXI, que desperdició la más grande bonanza de la cual Latinoamérica tenga memoria, y que usó esa bonanza para hundirnos en corrupción, despilfarro y frustración, que felizmente ha sido anotada hasta en cuadernos, para quienes todavía dudan.

La familia Revolución Ciudadana fue riquísima, pródiga en esos eslóganes, acuñó montones de frases que iban en la dirección perversa que este artículo describe y se comportó igual que Maduro, que Ortega, que Evo, y que los Kirchner. Ojalá que nunca lo olvidemos. (O)

Los bolivianos, al igual que muchísimos latinoamericanos, posiblemente la gran mayoría, creen que el origen de la pobreza está siempre en un culpable externo. Los bolivianos han sido convencidos de que su pobreza es porque no tienen salida al mar.

 

Evo y el mar
No. Este no es el capítulo que le faltó a Hemingway. Es la realidad de una Bolivia que hoy es una muestra emblemática de la gran tragedia de una Latinoamérica desenfocada.
2018-10-07T00:00:28-05:00
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