Más dialéctica, menos didáctica

3 de Octubre, 2018
3 Oct 2018
3 de Octubre, 2018 - 00h00
3 Oct 2018

Toda buena historia tiene un mensaje final que se valida porque se revisan ideas opuestas en la construcción de la tesis.

Como dice Robert McKee: “Las defensas positivas y negativas de la misma idea luchan entre sí a lo largo de la película, aumentando la intensidad, hasta que en el momento de la crisis chocan de frente en el último punto muerto. De ello nace el clímax narrativo en el que vence una de las dos ideas”.

Este enfrentamiento de idea y contraidea es un ejemplo de dialéctica. Como lo usó Platón en sus Diálogos o Hegel en la concepción de una nueva realidad a partir del conflicto de opuestos de la misma realidad. Esta flexibilidad de ver lo positivo, lo negativo y las variaciones del espectro nos permite ser más creativos, perspicaces y productivos.

Pero cuando pensamos en inclusión, educación para el futuro, combate a la pobreza, mitigación ambiental, o gobernanza (por citar unos ejemplos), pensamos desde el propugnáculo de nuestra verdad.

Como los filósofos presocráticos proponemos soluciones iluminadas. Es que “me inspiré”. Empezamos a sermonear. A ratos, sin probar la validez de las ideas. Solo nos enfocamos en diseñar una narrativa que certifique nuestra idea. A ser didácticos.

Un profesor de creatividad, en Brasil, alguna vez me citó a Maslow: “Si tu única herramienta es un martillo, tiendes a tratar cada problema como si fuera un clavo”.

¿Qué pasaría si el problema no es el clavo sino creer que el problema es el clavo? ¿Qué pasaría si el problema está en el martillo? ¿Qué pasaría si dejamos a los pensamientos jugar con soluciones para enfrentar la pobreza o reducir el calentamiento global?

Un final feliz se logra cuando hemos transitado por las instancias tristes. Los juegos de niños siempre tienen héroes, pero también villanos. No existe la historia que empieza y termina con “…y vivieron felices para siempre”.

El drama es omnipresente. Porque enseña. Está en el relato más corto del mundo, del mexicano Lornelí: “–¿Olvida usted algo? –Ojalá”. Está en el aula de clases, en el salón amarillo, en los medios. Pero lo sacamos de las propuestas de cambio porque deben ser serias y esperanzadoras. ¿En serio?

Estoy convencido de que –para que el futuro sea sostenible– necesitamos construir una nueva narrativa global; crear nuevas historias; rediseñar los sistemas educativos. Jugar más.

Estoy convencido de que es hora de más dialéctica y menos didáctica. Porque –citando a McKee otra vez– “los clásicos no nos han ofrecido soluciones sino lucidez”. (O)

Más dialéctica, menos didáctica
Toda buena historia tiene un mensaje final que se valida porque se revisan ideas opuestas en la construcción de la tesis.
2018-12-04T12:42:37-05:00
El Universo

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