Paradojas

5 de Septiembre, 2018
5 Sep 2018
5 de Septiembre, 2018 - 00h00
5 Sep 2018

Según informe de la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación que ya tiene poco más de un año, el mundo desperdicia 1.300 millones de toneladas de alimento anuales, mientras 870 millones de personas pasan hambre.

En promedio, cada latinoamericano malgasta 223 kilos de frutas, verduras, carne, pescado y productos lácteos al año.

Según la Organización de las Naciones Unidas, el 55% de las frutas y hortalizas, el 40% de las raíces y los tubérculos, el 33% de los pescados y mariscos, el 25% de los cereales y el 20% de las oleaginosas y legumbres, productos lácteos, y carnes que se venden en América Latina acaban en la basura.

Sin embargo, hay suficiente comida en el mundo para todos, pero poblaciones enteras se desplazan buscando cómo alimentarse y miles de niños mueren al día por hambre. ¿Por qué la humanidad no soluciona el problema más urgente, vergonzoso y desafiante que enfrenta?

Porque la corrupción de los gobernantes, el cambio climático, la agricultura de alto rendimiento que genera muchos gases de efecto invernadero, los grandes intereses corporativos que especulan con productos no ven rostros ni seres humanos, se guían por la riqueza que pueden obtener.

Por eso la corrupción que roba lo que pertenece a todos es asesinato, las ideologías de cualquier color que terminan en pueblos desplazados buscando comida, salud y trabajo no tienen justificación posible.

En Ecuador, los ministros de Agricultura del país son de “ciclo corto”, cambian rápidamente, y los campesinos no logran tener un nivel de vida adecuado en el país, no tienen buenas carreteras y caminos para sacar sus productos, ni hospitales adecuados ni escuelas de acuerdo a sus necesidades, menos universidades cercanas. Sin embargo, son el motor que permite alimentar con enorme variedad a la población del país y exportar productos.

Ahora que el país recibe una avalancha de migrantes que buscan poder vivir con dignidad, las fobias y miedos de parte de la población aparecen y se manifiestan.

Nos olvidamos de que el mundo ha crecido y es lo que es por las constantes migraciones humanas, por las personas que se desplazaron buscando bienestar y un lugar apropiado para vivir. Todos nosotros somos, salvo excepciones, mezcla de razas y lugares. Ahora hacen exámenes de sangre que muestran de dónde venimos, qué parte nuestra proviene de África, Asia, o alguna isla perdida, de Europa o comunidades indígenas de América Latina. Todavía no nos pueden decir qué árbol, animal, nube o metal está metido en nuestro ADN, pero somos la suma de muchos cruces y transformaciones.

Lo que está en juego es el sentido de la vida, personal y comunitaria, lo que nos hace felices, lo que realmente nos importa, lo que nos moviliza y nos motiva. Este mundo de injusticias que ha puesto el tener cosas como el motor de nuestras luchas y trabajos está haciendo agua por todas partes, no tiene sentido. Por eso estamos en un momento de quiebre, del que saldremos mejores como humanidad o acortaremos el plazo de nuestra permanencia en este planeta vivo que nos habita y que habitamos, pero no respetamos, ni queremos, ni en conjunto cuidamos. Las jóvenes generaciones construirán seguramente otra manera de hacer política, algo está germinando en medio de la incertidumbre. (O)

Paradojas
Según informe de la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación que ya tiene poco más de un año, el mundo desperdicia 1.300 millones de toneladas de alimento anuales, mientras 870 millones de personas pasan hambre.
2018-09-05T00:00:36-05:00
El Universo

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