¿Agradecer las incertidumbres?

22 de Agosto, 2018
22 Ago 2018
22 de Agosto, 2018 - 00h00
22 Ago 2018

Por supuesto que es mejor tener certezas que incertidumbres; pero ¿no le parece que no todas las primeras no están para siempre garantizadas?

¿Acaso algunas de las que consideraba sus propias certezas se convirtieron en incertidumbres a lo largo de la vida?

¿Ese proceso es irreversible?

¿Puede la certeza que mutó a incertidumbre regresar a ser certeza?

¿Conoce a quien le haya sucedido eso? ¿Acaso a usted mismo le ocurrió?

Hay dos mundos que pueden servirnos de campos de investigación para dilucidar este tema: el de las ciencias y el de los sentimientos.

Por ejemplo, al estudiar química, durante la secundaria, aprendí la existencia de un determinado número de elementos, cuya expresión, con certeza, podía permitir que me adjudicara una buena calificación.

Investigando, conozco que hoy la tabla periódica de elementos tiene un número superior al que aprendí mientras recibía educación secundaria, hasta enero de 1955. ¿Hasta cuándo?

La certeza de que eran cinco las provincias de la Costa ecuatoriana no va más. Ahora son seis.

La convicción de que debíamos recuperar por las armas lo que la política y la diplomacia habían perdido llevó a nuestra generación y a otras anteriores y posteriores a realizar la instrucción premilitar y los cursos de oficiales de reserva. Esas actividades ya no existen, pues hay una nueva certeza: habrá paz internacional.

En muchos aspectos la incertidumbre de lo que nos podía pasar ya pasó.

Estudiamos y nos graduamos, nos enamoramos y nos casamos, somos abuelos y algunos bisabuelos, trabajamos y nos jubilamos, pero tenemos que seguir trabajando porque nuestra pensión jubilar se dividió para 25.000, más o menos, si mal no recuerdo.

¿Qué más nos puede pasar a las generaciones que iniciamos el recorrido de la vida desde los años veinte o treinta del siglo pasado?

He allí una incertidumbre que puede ponernos a pensar y no solamente a nosotros sino también a las que siguieron llegando.

Pues bien, esas incertidumbres que tocan las puertas de nuestra mente o nos aceleran las palpitaciones y a veces nos parecen increíbles que se nos puedan plantear: ¿debemos considerarlas como estímulos o como condenas en ciernes?

¡Pobres los que sufren delirio de persecución!

¿Cuál debería ser nuestra actitud cuando las incertidumbres se nos plantean, regresan o nos acosan? Yo planteo enfrentarlas y no soslayarlas.

Procurar la paz, buscando serenidad y optimismo, agradeciendo la ocasión de enfrentarnos a antiguas o nuevas dudas o fantasmas, considerándola como una nueva y útil oportunidad para confirmar de una vez por todas la verdad o encontrar pacientemente, según el caso, la serenidad de espíritu necesaria para poder sobreponernos a las incertidumbres que podrían agobiarnos y desviarnos en nuestro esfuerzo por llegar a las metas que nos hemos propuesto.

¿No le parece positivo considerar a las incertidumbres no como obstáculos sino como elementos valiosos para exigirnos a nosotros mismos superación y para trazar rumbos que nos viabilicen avanzar hacia los objetivos trazados?

¿Sería tan amable en darme su opinión? (O)

¿Agradecer las incertidumbres?
Por supuesto que es mejor tener certezas que incertidumbres; pero ¿no le parece que no todas las primeras no están para siempre garantizadas?
2018-08-22T00:00:40-05:00
El Universo

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