Corrupción y popularidad

18 de Agosto, 2018
18 Ago 2018
18 de Agosto, 2018 - 00h00
18 Ago 2018

Brasil acaba de arrancar una de las campañas electorales más inciertas y paradójicas de su historia, especialmente luego de que el Partido de los Trabajadores (PT) inscribió la candidatura de Lula da Silva más allá de la condena penal que pesa sobre el exꟷmandatario; a pesar de su encausamiento penal y de todas las pruebas e indicios que vinculan al exgobernante brasileño con redes de corrupción, Lula sería el candidato favorito con un apoyo popular importante que lo convertiría, de habilitarse su candidatura, nuevamente en presidente de la República Federativa de Brasil.

En Argentina, el escándalo de corrupción que crece cada día más con evidencias claras de una participación directa de Ernesto y Cristina Kirchner en sus respectivos períodos, ocasiona un fenómeno sui géneris entre los argentinos, “desde la defensa tenaz hasta el más grande de los desprecios”, cumpliendo adicionalmente con lo que se considera el perfil típico de los dirigentes peronistas, “su popularidad aumenta a medida que se desciende en la escala socioeconómica”, manteniendo un respaldo ciudadano de alrededor del tercio de la población, porcentaje significativamente alto si se toman en cuenta las continuas revelaciones que demuestran el descaro con el cual se manejaron los negocios estatales con beneficio directo para los exgobernantes, cuando lo lógico sería que el repudio hunda los porcentajes de apoyo a niveles ínfimos y despreciables.

El caso venezolano es posiblemente el más demostrativo, toda vez que a pesar del aberrante e impúdico gobierno de Nicolás Maduro, frenético e imbécil mandatario que conduce su país al descalabro total, existe un porcentaje de alrededor del 15% de la población que mantiene su respaldo impostergable, porcentaje minoritario ciertamente pero difícil de explicar en las circunstancias dramáticas que vive Venezuela. Tomando en cuenta esos casos, la pregunta que resulta impostergable es: ¿cómo puede explicarse que exmandatarios o actuales gobernantes de tan dudoso proceder sigan manteniendo un respaldo popular que, si bien no es mayoritario, no se relaciona con el desprecio real que debería motivar entre sus conciudadanos? En ese contexto se argumenta que históricamente el populismo ha sido muy hábil para conservar las expectativas y frustraciones de determinados sectores de la población, que optan por mantener su cuota de gratitud sin perjuicio de cuantos escándalos y afrentas se demuestren en uno u otro ejercicio del poder.

Pero más allá de esa lectura, hay quienes opinan que es la falta de ética en la cultura democrática de los países de la región la que explica de forma más cruda y objetiva por qué exmandatarios o actuales gobernantes conservan respaldos populares que si bien son minoritarios, les permiten mantener vigencia e influencia a pesar de toda la corrupción e impudicia demostrada. Como para tomarlo en cuenta.

(O)

Corrupción y popularidad
Brasil acaba de arrancar una de las campañas electorales más inciertas y paradójicas de su historia, especialmente luego de que el Partido de los Trabajadores (PT) inscribió la candidatura de Lula da Silva más allá de la condena penal que pesa sobre el ex?mandatario
2018-08-18T00:00:39-05:00
El Universo

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