Correístas reyes y mendigos

10 de Agosto, 2018
10 Ago 2018
10 de Agosto, 2018 - 00h00
10 Ago 2018

La constatación de una concertada trama de desgobierno y corrupción durante el largo mandato de Rafael Correa causa estupor por el descaro con que los correístas ocuparon sus cargos públicos, haciendo lo que les viniera en gana, presentándose como salvadores de la patria, actuando no para beneficio del país sino de sus propias agendas, aprovechando la paliza que todos ellos les propinaron a las leyes y a la justicia. No hay correísta que no se hubiera creído dueño absoluto de la parcela que le encomendó Correa. Y, en contra del manido eslogan, Correa y los correístas sí les robaron la esperanza a los ecuatorianos.

El hecho de que un correísta tras otro esté siendo investigado por la justicia nos lleva a reflexionar sobre ese viejo país que no podemos dejar atrás, pues Correa y sus correístas no actuaron como parte de una democracia republicana, sino como miembros de una monarquía absoluta y antiilustrada. Durante el correísmo mandaron el machismo, el resentimiento, la insensatez, la venganza, la vanidad y la bobería. También entronizaron como conducta de poder el sentirse propietarios de la verdad y del Estado, aprovechando a su antojo sus recursos. Correa y los correístas se asemejan al rey Lear, el de la obra de Shakespeare.

Envejecido, Lear comprende que su tiempo ha terminado. Para repartir apropiadamente sus dominios entre sus tres hijas, les pide que lo convenzan sobre quién lo quiere más. Las dos hermanas mayores son finalmente favorecidas, pero incluso están molestas por la conducta de su padre luego de que este hubiera decidido “dejar el gobierno, territorios y preocupaciones de Estado”, pues el rey jubilado quiere que lo sigan tomando en cuenta. Goneril, la mayor, empieza a hablar de los defectos del rey, como la falta de tino, y Regan, la del medio, se queja de que Lear “nunca se conoció demasiado bien a sí mismo”.

Al estudiar las consecuencias de la vejez, la pensadora norteamericana Martha C. Nussbaum dice: “El problema de Lear consiste en que, aunque sigue siendo él mismo, un hombre capcioso y a veces violento acostumbrado únicamente a las relaciones de control, de pronto descubre que la situación ha cambiado y que no está acostumbrado para la indefensión. Sin embargo, el control define su identidad y esa es la razón por la que el hecho de que quienes lo rodean dejen de reverenciarlo y servirlo golpea el corazón de la persona que cree ser”. Al leer esta interpretación, se puede intuir que Correa también se creyó un rey.

En 2004 Nicanor Parra publicó su traducción de El rey Lear, que el poeta chileno tituló Lear rey & mendigo, lo que subraya esta paradoja de estar, en un momento, encumbrado, y luego dejar de ser alguien reverenciable. Nussbaum insiste: “Para progresar en este mundo es malo creerse un rey, y si lo eres, probablemente apenas llegarás a conocerte a ti mismo, lo que implica que no comprenderás que eres un ser humano dependiente y vulnerable”. La ilusión de Correa y los correístas de que eran reyes está triturándose. Acaso ahora tengan tiempo –algunos en la cárcel– de conocerse a sí mismos. (O)

Correístas reyes y mendigos
La constatación de una concertada trama de desgobierno y corrupción durante el largo mandato de Rafael Correa causa estupor por el descaro con que los correístas ocuparon sus cargos públicos, haciendo lo que les viniera en gana
2018-08-10T00:00:45-05:00
El Universo

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