Dos atentados imaginarios

8 de Agosto, 2018
8 Ago 2018
8 de Agosto, 2018 - 00h00
8 Ago 2018

El supuesto atentado contra Nicolás Maduro, de cuya autenticidad casi todo el mundo duda, nos trae a la mente otro atentado, el forjado por Rafael Correa, el del 30-S. En ambos casos se repitió y repite hasta el cansancio que existieron atentados tramados para derrocar y asesinar al presidente.

En Venezuela, las fuerzas de seguridad se precipitaron sobre periodistas y particulares para quitarles las grabaciones en video sobre lo ocurrido. De la toma pública, que fuera pasada por televisión en directo, no apareció, en ningún momento, que Maduro, ni su mujer, ni los altos funcionarios hayan corrido peligro; no hubo explosiones en su cercanía inmediata; a alguna distancia, se vio un edificio ennegrecido que, según versiones de bomberos que se encontraban en el lugar, se debió a la explosión accidental de una bombona de gas. Si hubo uno o dos drones –como sostiene la versión oficial– no se los vio cerca al palco oficial; al parecer, hubo uno o dos drones de la televisora venezolana que habrían sido abatidos. Los soldados del socialismo o muerte corrieron despavoridos. Apenas dos horas después del momento de pánico, se presentó Maduro en televisión y anunció que había vencido, y acusó del supuesto atentado a la ultraderecha, a los venezolanos exiliados en Miami y, nada menos, que al presidente de Colombia. En la prensa internacional se comenta, irónicamente, que Venezuela es un país donde el 98% de los crímenes quedan en la impunidad, pero que en este caso sus detectives lo han resuelto en un par de horas. Maduro y sus ministros dicen saberlo todo, que han detenido a varios responsables y que detendrán a otros más. Maduro afirma que no habrá perdón para nadie. Lo que la oposición venezolana teme es que con este pretexto se desate una persecución contra los opositores. Así ocurrió en Ecuador, en un incidente provocado por el presidente Correa que, inopinadamente, se presentó en un cuartel de policía amotinado por asuntos castrenses. Llamó en su auxilio a los presidentes latinoamericanos, acusó y sancionó al director del hospital, ordenó el empleo de las armas, con varias víctimas mortales, inició procesos en contra de tanto inocente, y así vengó la humillación sufrida, por su sola culpa.

Lo ocurrido en Venezuela es una grotesca maniobra para perseguir a la oposición. El Ecuador debe distanciarse del Atila venezolano, tras de cuyas pisadas no vuelve a crecer la yerba, ni la industria, ni el comercio. En lo ecuatoriano, debe concederse amnistía, indultos, con reparaciones, a los perseguidos por el 30-S, por la ira de Correa.

La Cancillería ecuatoriana ha condenado “los hechos violentos”, ha abogado por un diálogo nacional sin exclusiones, que incluya a “los privados de libertad por pensar distinto”. Esto último es positivo y en algo repara el apoyo dado a Maduro para la convocatoria inconstitucional de una Asamblea Constituyente y para su reelección, no reconocida por la mayor parte de las democracias occidentales.

Lo ocurrido en Venezuela es una grotesca maniobra para perseguir a la oposición. El Ecuador debe distanciarse del Atila venezolano, tras de cuyas pisadas no vuelve a crecer la yerba, ni la industria, ni el comercio. En lo ecuatoriano, debe concederse amnistía, indultos, con reparaciones, a los perseguidos por el 30-S, por la ira de Correa. Los condenados fueron juzgados por jueces como los de la Corte Constitucional, que actúan por temor al poder y por codicia, las pasiones más viles que pueden corromper a una sociedad. (O)

Dos atentados imaginarios
El supuesto atentado contra Nicolás Maduro, de cuya autenticidad casi todo el mundo duda, nos trae a la mente otro atentado, el forjado por Rafael Correa, el del 30-S.
2018-08-08T00:00:47-05:00
El Universo

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