Universidad y sociedad

2 de Agosto, 2018
2 Ago 2018

La Universidad de Cuenca lo ha vuelto a hacer. El proyecto “Campaña de mantenimiento de las edificaciones patrimoniales del barrio El Vergel, calle de las Herrerías” acaba de rescatar, para la posteridad, casi una veintena de viviendas patrimoniales ubicadas en uno de los sectores más tradicionales de Cuenca, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Y lo hizo con sentido de urgencia: cinco estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Cuenca investigaron y definieron un plan de intervención en las viviendas cuya estructura no podía seguir esperando; veinte conscriptos representaron al Ejército acantonado en esta ciudad y pusieron la mano de obra; el 20 por ciento del costo de intervención de cada vivienda lo asumieron las familias propietarias, y el 80 por ciento restante lo asumieron la Universidad de Cuenca y el Municipio. El resultado no es solamente la recuperación arquitectónica, sino la consolidación de ese sentido de pertenencia del cuencano, de poner en valor lo humano solidario, del rescate de lo artesanal…

Una anterior experiencia, similar en sus objetivos, se enfocó en el barrio San Roque, también salida sur de la vieja Ciudad de los Cuatro Ríos, cuando la ciudad terminaba en las orillas del río Tomebamba. La fórmula fue similar: mancomunidad, compromiso, desarrollo, movilización.

Por ello resulta agradable ver esas viejas casas, renovadas; la sonrisa de la gente que se siente lo más importante del patrimonio porque vive bien, porque siente la solidaridad, porque no solo que se le impone, sino se le pregunta. Enorgullece que las instituciones como la Universidad y el Municipio caminen en la construcción de la ciudadanía sobrepasando sus reductos académicos y políticos. A todos ellos ¡felicitaciones!

Pero hoy quiero particularizar una felicitación pública a quien, desde hace mucho, ha estado detrás no solo de estos, sino de otros emprendimientos en favor del patrimonio mundial: Fausto Cardoso Martínez.

Hace dos décadas y media este arquitecto restaurador, docente universitario y periodista de radio, levantó fondos en Europa y América y lideró una iniciativa para construir –o reconstruir– la Plaza de los Herreros y su monumento mayor: Vulcano.

El barrio de las Herrerías guarda un tesoro humano. En muchos de los traspatios sobreviven enteritos los talleres de forja de hierro donde se da vida a elementos suntuarios y utilitarios como hace dos siglos. Cardoso trabajó con ellos, los becó al exterior; becó a maestros extranjeros de la forja. Muchos de ellos construyeron algunos de los elementos del monumento al dios del fuego, una estructura de hierro sobre un volcán que una vez al año lanza fuego y pone al rojo vivo al mismísimo Vulcano, iluminando los nombres de los iniciadores de la tradición que fueron perennizados en los ladrillos del piso de la plaza.

Y su recompensa es que los beneficiarios le devuelvan una sonrisa franca.

Gracias, Fausto, la ciudad se lo debe.

Ahora fueron las viviendas más urgidas. El siguiente paso es intervenir de forma directa en la restricción del excesivo tránsito vehicular que soporta la zona, un tema municipal que ya fue planteado: ampliar las veredas y reducir el ancho de la calzada.

Allí sí, el festejo será mayor. (O)

Universidad y sociedad
La Universidad de Cuenca lo ha vuelto a hacer. El proyecto “Campaña de mantenimiento de las edificaciones patrimoniales del barrio El Vergel, calle de las Herrerías” acaba de rescatar, para la posteridad, casi una veintena de viviendas patrimoniales ubicadas en uno de los sectores más tradicionales de Cuenca, Patrimonio Cultural de la Humanidad.
2018-08-02T00:28:09-05:00
El Universo

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