Perla

25 de Julio, 2018
25 Jul 2018
25 de Julio, 2018 - 00h07
25 Jul 2018

Perla ya cumplió 16 años. Es una gata de raza “ordinaria”, del color típico de los gatos callejeros donde predomina el gris con líneas oscuras: Su característica son unos enormes ojos inquisidores bordeados de blanco. Cuando tenía algunos días de nacida fue recogida de la calle por un vecino que se la entregó a una mamá gata que tenía 4 pequeños traviesos. Enseguida la adoptó y la crio en un patio que compartían con dos perros.

Mientras, yo tenía en casa una verdadera invasión de ratones, que se paseaban en fila delante de mí en perfecta formación. Mamá, papá y los hijitos… Un día conté 22 y decidí que era suficiente… Como teníamos un perro basset, excelente sabueso, pero demasiado grande para esos pequeños escurridizos que se burlaban de nosotros fui a pedir en adopción algunos de los gatitos que había visto. Me regalaron a la huérfana, que recibió inmediatamente el nombre de Perla. Había que investigar qué pasaría entre Bijou y ella. Por lo tanto la trajimos con boleto de retorno en caso de peligro. Tendría alrededor de dos meses. Apenas llegó a la casa Bijou armó un escándalo mayúsculo, ella se subió al espaldar del sofá en la sala y desde allí lo observaba sin inmutarse, con cierto desprecio. Cuando se cansó de ladrar se echó a observarla. Fue el comienzo de una amistad sin dobleces; se hicieron cómplices.

Al segundo día de la estadía en su nuevo hogar, desde lo alto de la mesa Perla observó el solemne desfile de la tarde y sin miramientos atrapó a un miembro de la familia ratonil. Bijou quería ayudar, por lo que saqué la flamante cocina al patio, pues allí había uno de los nidos y los dejé que trabajaran juntos. Bijou los asustaba y sacudía la cocina, Perla los atrapaba. Solo constataban la defunción y seguían en su cacería. Llegó la noche… A la mañana siguiente constaté el cementerio en que se había convertido el patio y los destrozos en la cocina, la habían prácticamente desarmado, hubo que comprar otra. Nunca más tuvimos ratones en la casa. Cuando ella decidió ser mamá, Bijou se convirtió en niñero. No dejaba acercarse a nadie y protegía los primeros y traviesos pasos de unos gatitos adorables.

Había una única regla que era obligatorio cumplir bajo peligro de protesta y huelga de hambre de Bijou, él debía ser el primero servido en su plato, después Perla en el propio.

Perla nunca emitió maullidos para pedir algo. Se comunicaba con la mirada de sus bellos ojos asombrados o pedigüeños, abría la boca como para emitir un sonido, pero este era casi imperceptible.

Cuando murió Bijou y lo enterramos en el jardín, Perla pasó una semana acostada en su tumba casi sin comer.

Luego llegó Cleo, una cachorrita encantadora que se ha transformado en una perra grande y juguetona perseguidora de cuanto gato aparezca, incluida Perla. Esta vio limitado su espacio, sigue subiéndose a los árboles y a los techos, pero no puede circular libremente en la casa bajo riesgo de un susto mayúsculo. Ahora su pelaje es más blanco, como canoso y sus ojos siguen siendo muy expresivos pero recuperó los maullidos.

Perla reclama cariño cuando quiere que la acaricien, y a mí me enseña que las demostraciones de afecto no solo hay que darlas sino a veces pedirlas… la vejez libera… (O)

Perla
Perla ya cumplió 16 años. Es una gata de raza “ordinaria”, del color típico de los gatos callejeros donde predomina el gris con líneas oscuras: Su característica son unos enormes ojos inquisidores bordeados de blanco.
2018-07-25T00:07:38-05:00
El Universo

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