Las miradas

27 de Junio, 2018
27 Jun 2018
27 de Junio, 2018 - 00h24
27 Jun 2018

La portada de la revista Time en la que se ve la desgarradora mirada de una niña hondureña mientras los policías de migración interrogan a su madre y un imponente presidente Trump la observa inmutable sin la más mínima empatía, como si fuera una pared, se convirtió en el retrato de una situación que debería interrogarnos y conmovernos a todos. La xenofobia nos invade apenas creemos que algo que consideramos nuestro, esos extraños van a ponerlo en peligro. Y creamos muros, barreras, limitaciones, separaciones y escollos para impedir que los seres humanos puedan desplazarse y buscar amparo cuando las situaciones de violencia, pobreza, inseguridad y hambre les impiden vivir allí donde las circunstancias les permitieron nacer.

Y curiosamente en esa imagen montada, quien ejerce realmente la autoridad es la niña de mirada abismal que grita desde lo más profundo la injusticia y el dolor. Es la fragilidad frente a la prepotencia. Porque esa fragilidad fue apoyada por millares de seres humanos, de gobiernos, que alzaron su voz de repudio y de alarma, y el presidente de uno de los países más poderosos del mundo tuvo que retroceder en la implementación de la exclusión que se escuda en la ley como parapeto.

Las miradas de los niños son un pozo sin fondo de felicidad o de tristeza, de interrogación o de asombro, según las circunstancias. Tienen la cualidad de ser diáfanas y transparentar sentimientos sin filtros.

Ese contacto básico y casi visceral que establecemos unos con otros cuando miramos a los ojos se está perdiendo en aras de mirar pantallas de TV, computadoras, celulares, tablets y demás.

El experimento de la artista serbia Marina Abramovic, de mirarse a los ojos, en silencio, sin decir una palabra durante un minuto, con personas desconocidas, fue conmovedor. Las caras reflejaban una vorágine de emociones. Cuando sin saberlo se encontró con un antiguo amor, al que no veía desde hacía alrededor de 30 años, la escena fue impresionante.

Me gusta observar los rostros de las personas. Mis lugares preferidos son el metro, los parques, el aeropuerto, donde en general no se está a la defensiva. Cuando los gestos son más naturales. Y vemos miradas apagadas, tristes muchas veces, otras un brillo interno las enciende, unos parecen huir de todo, especialmente de ellos mismos. En cambio, hay quienes son desafiantes y otras están llenas de resentimiento. Esconden y delatan dramas, amores, esperanzas y duelos, amor y odio. Las hay apacibles como mar en atardecer, y es un regalo encontrar miradas que sonríen. En tanto que los enamorados iluminan lo que los rodea.

La imagen que recorrió el mundo hace unos años de un niño ahogado en una playa cuando sus padres buscaban refugio en las costas europeas provocó la solidaridad y la compasión de millones. Más cerca nuestro, por fin llegó la reacción del Gobierno ecuatoriano frente al asesinato de niños y jóvenes en Nicaragua. De continuar el silencio habría sido sinónimo de complicidad.

No perder la capacidad de asombro e indignación en el torbellino de acontecimientos, muchos de ellos aciagos, es tarea de ciudadanos, de autoridades y gobiernos. No basta hablar de la Misión Ternura, hay que actuar en consecuencia, pues la ternura es un bastión que conduce a la justicia, de lo contrario es un calmante y un opio. (O)

Las miradas
La portada de la revista Time en la que se ve la desgarradora mirada de una niña hondureña mientras los policías de migración interrogan a su madre y un imponente presidente Trump la observa inmutable sin la más mínima empatía, como si fuera una pared, se convirtió en el retrato de una situación que debería interrogarnos y conmovernos a todos.
2018-06-27T00:24:46-05:00
El Universo

Te recomendamos