¡Capacidad de asombro!

Miércoles, 13 de Junio, 2018 - 00h00
13 Jun 2018
Miércoles, 13 de Junio, 2018 - 00h00
13 Jun 2018

Hay temas que nos persiguen, ideas que pretenden permanecer estáticas dentro de un torbellino que arrasa con lo establecido en busca de nuevos cimientos. Desde hace un par de semanas me he resistido a escribir sobre la capacidad de asombro de los ecuatorianos. Hallándome sumergido en un verdadero limbo, me topé con un artículo de Luis Alberto Lacalle Herrera, en El País, que me indujo a repensar mi actitud. Cito un párrafo que expresa mi pensar con palabras claras y precisas.

“Para una sociedad, es peligroso perder la capacidad de asombro, de admirarse de los sucesos que en ella ocurren, las actitudes de sus gobernantes o sindicatos. Es que asombrarse, sorprenderse, es la primera reacción ante lo equivocado, lo grosero, lo inusual o lo absurdo de las acciones humanas. Esa primera reacción detona las que naturalmente aparecen en la mente de cada uno y provocan sentimientos de ira, vergüenza colectiva, desesperación, repudio y demás. Si se pierde esa capacidad de asombrarse, si hasta la más anómala acción, el más resonante desplante, el disparate lógico más evidente no provocan asombro, no apuran el pulso, no enrojecen el rostro, mal encaminada va esa sociedad. El acostumbramiento a esas circunstancias adormece la conciencia, amortigua el sano espíritu de crítica, hace perder tono a la musculatura cívica, se desespera de encontrar el camino”.  Deshilemos la madeja.

¿Les asombra que nuestra Cancillería solape a Assange y camine de brazo con los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela; que el exministro de Defensa sea nombrado embajador ante la ONU; que en vez de reducir la nómina de funcionarios públicos, en busca de austeridad, se haya incrementado su número; que funcionarios cuestionados del régimen anterior hoy se pavoneen como asambleístas y evadan sus responsabilidades?

¿Les asombra que un expresidente –causante de la debacle económica y moral del país– en vez de manifestarse avergonzado se sienta molesto porque se comienza a ejercer justicia y sancionar a culpables; que todavía existan gabinetes itinerantes cuando la tecnología permite teleconferencias sin costosos desplazamientos de todo un aparato gubernamental; que nuestro pueblo demuestre apatía sobre lo que sucede a nivel local y nacional?

¿No les asombra que los ecuatorianos hayamos soportado un gobierno dictatorial que manipuló leyes e instituciones hasta convertirlas en su propiedad; que una treintena de funcionarios se haya paseado por diversos ministerios ocupando funciones para las que ciertamente no estuvieron preparados; que se pretendió fundar una patria nueva?

No sé ustedes, amables lectores, pero yo sí me asombro de esto y muchísimo más. Me asombran las coimas, los sobreprecios, la multiplicidad de contratos dolosos para obras que sirvieron para alimentar un ávido estado de propaganda; me asombra el deterioro de la educación; me asombra el maltrato de nuestro idioma; me asombra la desfachatez y la arrogancia convertidas en cartas de presentación. Me asombran la impavidez de muchos y el descaro de unos tantos.

No perdamos la capacidad de asombrarnos, de maravillarnos o espantarnos. Es nuestra tabla de salvación.

“El problema de esta sociedad es que la gente inteligente tiene muchas dudas, mientras que la gente estúpida cree tener la certeza”, Charles Bukowski. (O)

¡Capacidad de asombro!
Hay temas que nos persiguen, ideas que pretenden permanecer estáticas dentro de un torbellino que arrasa con lo establecido en busca de nuevos cimientos.
2018-06-13T00:00:35-05:00
El Universo

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