Ironía

19 de Mayo, 2018
19 Mayo 2018
19 de Mayo, 2018 - 00h07
19 Mayo 2018

La realidad es inobjetable: luego de conocer la noticia de que Ecuador habría pagado alrededor de $5’000.000 en un sistema de espionaje para proteger a Julián Assange, “residente oficial” en la Embajada de Ecuador en Londres, pudimos convencernos una vez más de que el anterior gobierno hizo lo imposible y lo indebido para proteger al activista australiano, poniendo en evidencia una disposición que raya en lo profano. La revelación del diario The Guardian en su trabajo de investigación con el portal Focus Ecuador simplemente revela qué tan lejos llegaron las intenciones del régimen correísta en su aparente empatía con Assange.

Ahora bien, se han formulado algunas conjeturas respecto de las razones que motivaron que el expresidente ecuatoriano haya querido ostentar esa especie de liderazgo internacional con el objetivo determinado de proteger a Assange, librándolo del acecho y persecución de gobiernos y corporaciones; en ese sentido, hay quienes consideran que la decisión del exmandatario guardó relación con una genuina convicción de que Assange era un símbolo de la lucha mundial contra el sistema económico vigente y naturalmente contra la primera potencia, situación que generaba un sentimiento de relevante solidaridad por parte de Rafael Correa. En otras palabras, desde el año 2010 en que el Gobierno ecuatoriano le ofreció la residencia en nuestro país, quedó claro que el exgobernante no iba a escatimar esfuerzos y recursos con el fin de proteger a Assange, posiblemente convencido de que lo hacía en nombre de la justicia universal.

En contraposición a esa idea, hay quienes sugieren que el móvil del anterior gobierno en su afán de protección a Assange tenía otra naturaleza, muy distinta a la supuesta, ya que en realidad esa protección habría estado vinculada con información relevante que guardaba Assange del Gobierno, al cual evidentemente no le interesaba publicidad alguna, menos aún aquella que circula de manera vertiginosa por las redes sociales. Sin embargo, considero que el motivo sugerido no es consistente como para poder mantenerlo como afirmación, proponiendo en su lugar otra perspectiva: de forma específica la idea de que Correa pretendía utilizar todo el ruido ocasionado alrededor de la protección a Assange como una catapulta a un liderazgo global, con características y proyecciones inusitadas. Es muy posible que en el fondo esa motivación, la de convertirse en un referente de la lucha contra el orden establecido, haya permitido que el exgobernante pretenda aprovecharse de la popularidad y simpatía que Assange despertaba en ciertos círculos contestatarios.

En todo caso, cualquiera que haya sido el motivo poderoso que animó al Gobierno correista a flecharse por la causa de Assange, no hay duda que los resultados terminaron por convertirse en cruel ironía, pues nada hará que cambie la percepción del hacker australiano de que Ecuador es “un país insignificante”, ni tampoco nada logrará que Correa cumpla con su sueño de convertirse en apasionado líder global.

(O)

Ironía
La realidad es inobjetable: luego de conocer la noticia de que Ecuador habría pagado alrededor de $5’000.000 en un sistema de espionaje para proteger a Julián Assange, “residente oficial” en la Embajada de Ecuador en Londres, pudimos convencernos una vez más de que el anterior gobierno hizo lo imposible y lo indebido para proteger al activista australiano, poniendo en evidencia una disposición que raya en lo profano.
2018-05-19T00:07:06-05:00
El Universo

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