¡Qué honor!

Miércoles, 16 de Mayo, 2018 - 00h00
16 Mayo 2018
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16 Mayo 2018

En estos tiempos en que está de moda la defensa de la libertad de expresión y en que los políticos se disputan la reforma de la Ley Orgánica de Comunicación o la cabeza de la Supercom,  muchos de los cuales sonreían al tirano o enterraron sus cabezas bajo tierra, mientras la dictadura vapuleaba a la prensa independiente y a todos quienes osamos no inclinarnos ante su trono, bien vale comenzar a hacer un poco de memoria, para las nuevas generaciones que no vivieron el esplendor del correato o no tenían la edad suficiente para comprenderlo en su real dimensión.

El 19 de septiembre de 2012 escribí en esta columna un artículo titulado ‘Homenajes que indignan’ https://www.eluniverso.com/2012/09/19/1/1363/homenajes-indignan.html.

En el artículo, a propósito del recordado homenaje que el gobierno rindió a Pedro Delgado, (quien aún no regresa del matrimonio de su hijo en EE.UU.),  hice referencia a la manera en que el correato se había tomado los poderes y abusaba de los fondos públicos.

Para una mejor comprensión, transcribo la parte medular del artículo de la referencia:

“…Porque aunque las denuncias de la prensa no consiguen reacción alguna en la administración de justicia ni en los organismos de control, todos ellos al servicio de la regalada gana del supremo, sí enlodan y muestran de cuerpo entero frente a la sociedad, a quienes están asegurando el futuro de varias generaciones familiares con cargo al erario público.

“Ya entiende el vecino, el compañero de colegio, el pariente lejano, de dónde salen las haciendas, las mansiones, los Mercedes Benz, BMW, Porsche, yates, internados en Suiza y joyas pagadas en efectivo.

“Y aunque por ahora, le muestre una sonrisa temerosa e hipócrita cuando lo vea en la calle, en el mall o en el club social, llegará el momento del retorno a la democracia y, entonces, no habrá saludo sino repudio, en el evento no consentido de que el susodicho funcionario se quede en el país y no huya para eludir a la nueva justicia, la que ya no se arrodille ante su patrón…”.

Esta columna me valió un honroso “homenaje” en el enlace ciudadano número 290 del 22 de septiembre de 2012, a cargo del presidente Correa, quien no solo se explayó en una defensa extrema a su primo y de sus adláteres, sino que cargó en mi contra, a tal punto de desafiarme a concurrir a la siguiente sabatina a sustentar mis dichos, dizque para que la justicia (absolutamente en sus manos) los investigue.

Como evidentemente no me presté al circo de la kermés sabatina, en el siguiente enlace (291 del 29 de septiembre) volvió a defender a su primo y a cargar en mi contra.

¡Qué honor!

Seis años más tarde, lo que dije en mi artículo se está cumpliendo.

Y los que pusieron mi artículo, foto y hoja de vida, para que su patrón desfogara su ira, cada día están más enlodados, mientras el Estado comienza a recuperar su institucionalidad y se conocen sus fechorías durante la década robada, que ojalá jamás olvidemos.

Por allí tengo un mensaje de Twitter guardado, del que hablaremos más adelante.

Justicia divina, sin duda… (O)

¡Qué honor!
En estos tiempos en que está de moda la defensa de la libertad de expresión y en que los políticos se disputan la reforma de la Ley Orgánica de Comunicación o la cabeza de la Supercom, muchos de los cuales sonreían al tirano o enterraron sus cabezas bajo tierra, mientras la dictadura vapuleaba a la prensa independiente y a todos quienes osamos no inclinarnos ante su trono, bien vale comenzar a hacer un poco de memoria, para las nuevas generaciones que no vivieron el esplendor del correato o no tenían la edad suficiente para comprenderlo en su real dimensión.
2018-05-16T00:00:25-05:00
El Universo

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