Lula

11 de Abril, 2018
11 Abr 2018
11 de Abril, 2018 - 00h00
11 Abr 2018

Barack Obama lo llamó el político más popular del planeta y se podría agregar uno de los más queridos. Junto con Pepe Mujica fueron el orgullo de América Latina, por su estilo y sus logros. Nacido en el norte de Brasil, en medio de la pobreza y el abandono paterno, trabajó desde los 12 años como lustrabotas, vendedor ambulante, lo que le impidió terminar la educación primaria. Con una clara inteligencia lo que no obtuvo en las aulas lo aprendió en el día a día, con razonamiento y observación. El compromiso con su gente y una arrolladora inteligencia, simpatía y liderazgo lo llevaron a presidir el sindicato de obreros metalúrgicos de Sao Pablo, a enfrentar la dictadura militar, a conocer la prisión, a postularse como presidente tres veces y perder las elecciones, para finalmente ganarlas en dos oportunidades consecutivas y terminar su segundo mandato con una aprobación del 80% de la población y la admiración mundial. Durante su gobierno más de 30 millones de pobres salieron de la pobreza absoluta, mejoró notablemente la educación para todos. Brasil se hizo un puesto en el exclusivo mundo de países determinantes de la política mundial y se convirtió en ejemplo para millones de seres humanos marginados, deseosos de justicia. En esa etapa fue el portavoz del Sur emergente, del Sur exitoso, del Sur que lidera.

Hoy Brasil tiene un presidente con la aprobación histórica más baja y la democracia está cuestionada en muchos frentes.

La esperanza de nuevo estaba situada en Lula para ganar las próximas elecciones y recuperar ese tiempo añorado de logros y optimismo colectivo.

Pero Lula está preso y el descubrimiento del esquema de sobornos, regalos, coimas, que sostuvo su andamiaje político y económico e involucra a políticos, jueces, empresarios, policía, en una red de tentáculos que aprieta y engulle a la élite gobernante desde diferentes espacios y en diferentes frentes, causa asombro e indignación.

El desencanto general, todos son corruptos, tiene su contraparte en más vale un corrupto que hace obras, que otros que además de ser corruptos no hacen nada.

Lula está siendo condenado no por lo que hizo, sino por la manera en que lo logró. En cómo se logró. Y de nuevo tenemos planteados los grandes dilemas de la humanidad, la relación entre el fin y los medios.

Personalmente estoy convencida y me lo enseñaron Gandhi y Mandela sobre todo, que el fin está en los medios como el árbol está en la semilla. Que no se pueden sembrar papas y cosechar rosas, que ambas son una misma cosa: semilla y fruto.

Lamento sinceramente la caída de Lula, porque necesitamos, todos, con urgencia creer que otra política y otros políticos son posibles. Que la corrupción es una lacra en camino de ser superada y la honestidad es una condición para vivir la democracia.

A los políticos les cuesta un mundo reconocer sus errores y malas prácticas. No he escuchado ninguna rendición de cuentas, y ha habido muchas últimamente, en la que se admitan trasgresiones, despilfarros y promesas no cumplidas. Son seres humanos como cualquiera de nosotros, con luces y sombras. Pero cuando se ponen como centro y ejemplo de los sueños y demandas colectivas, cuando a sí mismos se dan los títulos de salvadores y encarnación de todo lo bueno: “Yo ya no soy un ser humano, soy una idea. Todos vamos a llamarnos Lula”, entonces el derrumbe es más doloroso, más desconcertante y emblemático. (O)

Lula
Barack Obama lo llamó el político más popular del planeta y se podría agregar uno de los más queridos. Junto con Pepe Mujica fueron el orgullo de América Latina, por su estilo y sus logros.
2018-04-11T00:00:43-05:00
El Universo

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