Ecuador 2018-2021: ¿un nuevo modelo económico?

Martes, 13 de Febrero, 2018 - 00h00
13 Feb 2018
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13 Feb 2018

Grupos de economistas han presentado a consideración del Gobierno proposiciones para un Programa Global que enfrente la crisis que experimenta la economía ecuatoriana, reflejada en el desempeño de indicadores fundamentales relacionados con el sector externo; la posición fiscal; los precios, salarios y empleo; y, el crecimiento económico probable.

En el último caso, las estimaciones realizadas, más auspiciosas que las difundidas oficialmente (1,8% de aumento previsto del PIB para 2018) y por organismos internacionales el año anterior, muestran claramente una alta correlación entre el gasto fiscal –favorecido por el mayor endeudamiento interno y externo– y una recuperación transitoria, no sostenible en el tiempo, que en un contexto de limitado flujo de caja –vista la pérdida de competitividad general de la economía–, terminará complicando pagos futuros.

El Imacro 31, que regularmente difunde PROEstudios, señala –en enero 2018– que la economía solo observa “un rescate de nivel respecto a los dos ejercicios precedentes, vale decir, una suerte de recuperación de las pérdidas que indujo la crisis. Las cifras no muestran tendencias consolidadas de recuperación duradera y responden a la aplicación de un modelo –con evidentes límites– del tipo: “baja de la actividad-deuda-recuperación transitoria-nueva caída del ritmo de actividad”.

Refiere, en este contexto, que resulta alarmante que los ‘gastos de consumo corriente del sector público no financiero’ muestren un 93,7% de correlación con el Imacro, ‘confirmándose’ que el modelo tiene como eje una variable que no encaja en el contexto de reducción de ingresos y desproporcionado endeudamiento. Esto induce a que las decisiones públicas se focalicen en medidas de carácter impositivo, generadoras de ineficiencias y tensiones con los agentes económicos.

Tampoco parecería que se haya considerado la presencia de una posible “equivalencia ricardiana” en el esquema regulatorio. Privilegiar el endeudamiento para consolidar la demanda no tiene efectos duraderos, como sería bajo otras condiciones. Esto, debido a que los agentes, que tienen recursos para percibir las tendencias de fondo preferirían modular sus inversiones y prever el pago de los impuestos futuros que tendrán que ser aplicados para el pago de las obligaciones del Estado, lo que restringiría más la competitividad de la economía.

Se contraargumenta que los agentes económicos no son plenamente racionales y que tales precauciones no se adoptarían en países en los que hay una serie de otras urgencias. Lo cierto es que advertido el recurrente recurso a la deuda, esos comportamientos se observarían ya en la práctica. La modalidad “correctiva” arrastra a la economía a una suerte de “inhabilidad forzada”, que se reflejaría en las tendencias presentes.

En las propuestas formuladas por los grupos a los que se hizo referencia, se aprecia una clara insistencia en recomendaciones de control del gasto público (Foro y Heterodoxos), esencialmente; un grupo (Heterodoxos) sugiere la baja de impuestos, como incitación que favorezca la competitividad empresarial; otro colectivo (IAEN) propone el control de las importaciones y la aplicación de la tasa aduanera, largamente cuestionada (¡); la sustitución de importaciones para bienes de la canasta de alimentación (Heterodoxos); control a la salida de capitales (IAEN) o encaje (Heterodoxos); renegociación de la deuda (todos); independencia del BCE, obligatoriedad del BCE de mantener la liquidez necesaria en las reservas, reformulación general de la seguridad social (Foro); reposición del aporte estatal al IESS (Heterodoxos); y, viejas disposiciones de corte intervencionista y administrativo (IAEN).

Un Programa Global anti-crisis supone, ciertamente, un diálogo abierto para la determinación de objetivos-país, en el marco de un escenario internacional signado por una muy rápida innovación productiva y en el sector servicios, particularmente.

Llama la atención la mención que hacen los Heterodoxos sobre las criptomonedas (no hay vinculación posible, bajo un objetivo coyuntural) y el hecho de que –visto en perspectiva– las distintas propuestas difieren largamente (Foro y Heterodoxos; el IAEN sigue el patrón del régimen pasado).

Un Programa Global anticrisis supone, ciertamente, un diálogo abierto para la determinación de objetivos-país, en el marco de un escenario internacional signado por una muy rápida innovación productiva y en el sector servicios, particularmente. Enfoques que reeditan experimentos pasados no encajan ya en la mejor definición del futuro, como no encajan tampoco opciones proteccionistas, que terminan apoyando a los grupos tradicionales. Habrá, en cualquier contexto, que ser precavidos en la introducción de restricciones al gasto público, lo que demanda un subprograma integral transparente para el período, que module las desigualdades y preserve iguales oportunidades para todos.

Gestión fiscal y del sistema monetario, relaciones salariales, términos de competencia, inserción a la economía internacional y el nivel esperado de intervencionismo estatal deben definirse en función de esos objetivos-país. Inexistente en la coyuntura, solamente un Plan Anticrisis –multisectorial, integrador e integrado– permitirá el inicio de un proceso de estabilización-reactivación, que tomará tiempo vista la crisis, sobre la que, en círculos oficiales, se la aprecia solamente como radicada en el sector real, sin aludirse a la situación externa, fiscal y financiera.

Después de tanto fracaso a nivel interno e internacional, la economía de mercado es vista con recelo. Pero en Ecuador rige este tipo de economía. En ese marco, la justicia y autoridades independientes de regulación son fundamentales: no pueden estar sometidas a la esfera de lo político y peor a intereses corporativistas de cualquier tipo. Hay que eliminar, definitivamente, todo lo que de arbitrario tiene el ejercicio y la definición de lo que significaría el bien común: hay preferencias combinadas que llevan al bienestar colectivo y la supuesta única verdad es una ficción perversa. Lo prueba la situación en la que quedó el país luego de años de experimentación.

Hay que entender, sin prejuicios, que la economía de mercado no es en sí misma una finalidad: es un instrumento imperfecto, si se consideran las divergencias existentes entre los intereses privados de los individuos, grupos sociales, naciones y el interés general. Importa la búsqueda de consensos, que abran paulatinamente las puertas hacia estadios superiores y más solidarios de organización social. Cuestión de decisión, transparencia y capacidades. (O)

Ecuador 2018-2021: ¿un nuevo modelo económico?
Grupos de economistas han presentado a consideración del Gobierno proposiciones para un Programa Global que enfrente la crisis que experimenta la economía ecuatoriana, reflejada en el desempeño de indicadores fundamentales relacionados con el sector externo
2018-02-13T00:00:42-05:00
El Universo

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