Somos cola de Assange

Domingo, 14 de Enero, 2018 - 00h12
14 Ene 2018

¿Qué méritos ha hecho Assange para que la Cancillería subordine el interés nacional a sus caprichos, incurra en conflictos con países con los que requerimos óptimas relaciones, devalúe la nacionalidad y nos lleve a ridículas propuestas que nos dejan como república de opereta?

Assange fundó WikiLeaks, un portal en que terceros pueden publicar anónimamente información usualmente confidencial. Esto lo tornó en ícono de contestatarios y le dio un aura de defensor de la libertad de prensa.

Su primer gran golpe fue publicar información secreta militar estadounidense, suministrada por el soldado Bradley Manning, hoy señorita Chelsea Manning. A diferencia de medios responsables, Assange no editó estos cables para borrar nombres; el resultado fue la detención y muerte de colaboradores de EE.UU. en Afganistán y de disidentes en Bielorrusia, por lo cual jamás ha manifestado remordimiento.

En Estocolmo forzó sexualmente a dos seguidoras. Estaba en Londres cuando se le inició un proceso. Mientras se tramitaba su extradición a Suecia cumplió arresto domiciliario en la lujosa residencia de un admirador: a sus fiestas llegaban las celebridades en helicóptero. Cuando fue inminente su extradición, se propuso escapar, y Ecuador –no Rusia ni Venezuela– le ofreció asilo en su embajada. Sus financistas perdieron la fianza de 200.000 libras esterlinas.

Han pasado más de cinco años. Suecia tuvo que abandonar el caso de agresión sexual por no tener acceso al inculpado. Gran Bretaña mantiene pendiente la violación de fianza. Assange continúa asilado pretextando una extradición a EE.UU. por la publicación de información secreta. Pero Washington nunca le abrió un expediente por ese caso: sería un peligroso precedente, ya que los medios estadounidenses regularmente publican información reservada, aunque éticamente. Manning fue indultada.

Assange convirtió a nuestra embajada en Londres en centro de operaciones impunes. Desde ahí colaboró con el presidente Putin en su exitoso intento de derrotar a Hillary Clinton en la campaña presidencial en EE.UU. Rusia dio a Assange información robada de las computadoras del Partido Demócrata, que WikiLeaks publicó dosificadamente para mayor efecto.

Assange se pronunció por el independentismo catalán. Ante Madrid, Ecuador es un cómplice, o al menos encubridor, de una interferencia en asunto interno de España.

El prestigio de Assange se desploma mientras mejor se lo conoce. En Australia fue simpatizante del partido neonazi: al traste con el romanticismo de izquierda. La activista Laura Poitras, que realizó una película endiosando a Snowden, pretendió hacer lo mismo con Assange. Tomó seis años filmar Riesgo. El australiano la vio, se enfureció y demandó que se excluyeran las escenas en que se manifiestan su mendacidad, egolatría y desprecio por el feminismo. Para él, la película debía de ser un vehículo de su imagen, independiente de la realidad.

A este sujeto que no tiene raíces ecuatorianas, no ha pisado el Ecuador, no ha hecho algún servicio a la patria, o del que se pueda esperar gratitud, se le concede nacionalidad ecuatoriana, lo que complica cualquier manera de zafarnos de él. A un entrometido en las políticas de las naciones pretendemos nombrarlo diplomático.

Por menos el Ecuador se inflamó en 1894, episodio que se conoce como la venta de la bandera.

La nacionalidad debe ser revocada y el sujeto puesto patitas en la calle. (O)

Somos cola de Assange
¿Qué méritos ha hecho Assange para que la Cancillería subordine el interés nacional a sus caprichos, incurra en conflictos con países con los que requerimos óptimas relaciones, devalúe la nacionalidad y nos lleve a ridículas propuestas que nos dejan como república de opereta?
2018-01-14T00:12:52-05:00
El Universo

Te recomendamos