La condena de Maslow

Viernes, 12 de Enero, 2018 - 00h00
12 Ene 2018

La popular pirámide de Maslow es una teoría sobre las motivaciones humanas, según la cual estas responden a un ordenamiento que parte de las necesidades fisiológicas hasta llegar a las elevadas necesidades de autorrealización.

En realidad, los seres humanos somos una unión indisoluble entre cuerpo y espíritu que no acepta división alguna. En ocasiones más cuerpo, en ocasiones más espíritu. En ocasiones ambos a la misma vez. En ocasiones, incluso, ninguno.

Es cierto, la satisfacción de las necesidades del cuerpo puede postergar la satisfacción de las espirituales, o peor aún: puede doblegarse el espíritu partiendo el cuerpo.

El latido del corazón en el estómago tras un largo día sin comer hace difícil meditar sobre el futuro, la justicia, la democracia o incluso sobre la libertad. No hay que ser ingenuo. Mucho más si ese latido lo escucha una madre en el estómago de su pequeño hijo. Ello bastaría para intercambiar una papeleta por un “carnet de la patria”, una asistencia a un evento de calle por un pollo o un voto por una bolsa de comida que calme el pálpito durante toda una semana.

Pero la relación no es unidireccional. Lo contrario es también posible. La “pirámide” puede invertirse y permitir al espíritu domar el cuerpo. Y de ello hay muchas evidencias. Sectores populares que enfrentan problemas sociales de siglos pasados, que en la estructura jerárquica de Maslow no tienen la posibilidad de pensar más allá de la próxima comida, logran superar el chantaje y la manipulación clientelar con ingeniosas estrategias para defender, a veces en silencio, a veces aparentando lo contrario, sus sueños de libertad y democracia.

Quien ha luchado por la democracia no renuncia tras la derrota. No desiste a la primera. Menos a la vigésima. Puede ahorrar energías para reponer el cuerpo cansado. Engañar al verdugo, bajando la cabeza, no para entregarse sino para reflexionar. Trazar una nueva estrategia y fortalecer el espíritu.

Si esto es cierto para los primeros condenados por Maslow, aquellos que nunca han conocido más que la miseria, lo es también para quienes conocieron la riqueza y olvidaron las preocupaciones primarias.

Venezuela experimenta un proceso de empobrecimiento acelerado, únicamente comparable con un gran desastre natural o una guerra. La sociedad toda se hunde en la oscuridad. Pobres y ricos por igual.

Clases medias que pocos años atrás miraban con esperanza el futuro conocen ahora por vez primera y en carne propia la pobreza. Encuentran sus rostros captados en grabaciones tomadas a través de teléfonos celulares, en supermercados, abalanzándose sobre paquetes de salchichas que militares obligan a vender a pérdida a los comerciantes. Otros, no tan afortunados, se ven a sí mismos entre quienes hurgan la basura en busca de algo para calmar la taquicardia estomacal.

Es una imagen penosa. Dolorosa. Pero no debe confundirnos. No se trata de un simple retorno a la base de la pirámide de Maslow.

Quien ha luchado por la democracia no renuncia tras la derrota. No desiste a la primera. Menos a la vigésima. Puede ahorrar energías para reponer el cuerpo cansado. Engañar al verdugo, bajando la cabeza, no para entregarse sino para reflexionar. Trazar una nueva estrategia y fortalecer el espíritu.

No es correcto confundir la participación de una clase media empobrecida en saqueos o en eventos similares con la legitimización del régimen, pues los sueños de libertad no se olvidan. No estamos condenados. (O)

La condena de Maslow
La popular pirámide de Maslow es una teoría sobre las motivaciones humanas, según la cual estas responden a un ordenamiento que parte de las necesidades fisiológicas hasta llegar a las elevadas necesidades de autorrealización.
2018-01-12T00:00:54-05:00
El Universo

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