Decisiones

Viernes, 17 de Marzo, 2017 - 00h01
17 Mar 2017
Viernes, 17 de Marzo, 2017 - 00h01
17 Mar 2017

Todo empezó esta mañana. Unos lo llaman levantarse con el pie equivocado, yo lo llamaría levantarse con el recuerdo equivocado. La culpa la tuvo el radiodespertador que le compré a mi hija hace algunos días, y desde entonces oímos pop sin misericordia, desde que sale el sol hasta que cae, especialmente cuando cae como un ladrillazo contra el ánimo. Así que hoy como cada mañana nos despertamos al arrullo del pop nuestro de cada día. Estadísticamente hablando, díganme, cuál era la probabilidad de que a las siete en punto pusieran esa canción. Por qué no Blondie o aunque sea Justin Bieber, ya; pero no, tenía que ser esa vocecita de hada siniestra delirando sobre aquello que se desvanece, esa misma canción que escuchamos, él y yo, hace ya tantos meses, cuando estábamos a punto de cerrar la puerta. Para siempre.

Y desde entonces ya no he podido pensar en nada más. La canción se instaló cual gusano en la oreja y lentamente se abrió paso hasta el cerebro para llevarme, secuestrada, de vuelta a eso, señoras y señores, a eso de lo que en realidad está hecha la vida: la memoria. Y no, no me refiero solamente a los recuerdos de lo sucedido, de lo que vivimos y vimos y escuchamos, los labios que besamos, las copas que rompimos. Hablo de algo que todos conocemos: la intensidad de las emociones al evocar aquello que podría haber sido y nunca llegó a suceder, la intensidad del deseo no satisfecho. Volvemos una y otra vez a las puertas que se cerraron por decisión propia o ajena, y nos preguntamos eternamente, entregados a la imaginación, qué habrá en los caminos que empiezan tras ellas.

La vida está hecha también de las sombras de todos los caminos que no elegimos ni nos tocaron en suerte, de la añoranza de todo lo que creemos que pudiéramos haber sido si tan solo, si hubiéramos…

Qué manía de pasarse la vida imaginando lo que no fue, creando recuerdos apócrifos. Porque la vida, al parecer, no son solo los caminos que elegimos y seguimos eligiendo en cada encrucijada. Nuestra vida no se resume en las aventuras vividas en los caminos por los que decidimos, o nos tocó, transitar. La vida está hecha también de las sombras de todos los caminos que no elegimos ni nos tocaron en suerte, de la añoranza de todo lo que creemos que pudiéramos haber sido si tan solo, si hubiéramos… Andamos por los senderos que decidimos recorrer, o se nos impusieron, siempre a la sombra, o iluminados, por el presentimiento de todo lo que no fue pero podría haber sido. Y son justamente esas aventuras frustradas las que conservan por siempre la fascinación de lo posible. No tuvieron tiempo de desgastarse las ilusiones, no se empolvó de realidad el ideal. ¿No se han encontrado con ancianos que todavía recuerdan a esa mujer con la que se podrían haber casado y no lo hicieron, y a la que llevan en el corazón como un amuleto sagrado? Hubiera sido quizá un matrimonio tan árido, tan sin placer y sin complicidad como aquel al que se aferraron obstinados. Y sin embargo, son esas incertidumbres, esas ilusiones vírgenes nunca penetradas, aquellas que se convierten en la banda sonora que oscurece e ilumina la realidad de nuestras vidas. También las decisiones que no tomamos, las opciones que rechazamos, nos acompañarán hasta la tumba. Basta una canción, una mínima coincidencia, para volver evidente su poder capaz de imponerse a la realidad…

Qué descarada esta columnista, entregada a reflexiones íntimas y solitarias mientras el país se cae a pedazos. Mientras a nuestro alrededor el ruido de la política nos ha vuelto sordos a nuestros silenciosos anhelos secretos, a nuestros deseos y emociones, a nuestro ser individual. A juzgar por la coyuntura y el título de esta columna uno creería que, sensatamente, se hablaría sobre la decisión que se nos viene encima: ¿Lenin o Lasso? Un votante, dos caminos. Porque hay que decidir. No se puede optar por los dos, ni Leninasso ni Lassonin, ni podemos escaparnos yéndonos por las ramas, suspirando románticos ante las puertas cerradas. Tenemos que decidir cuál abrir, si la que conduce al mismo camino por el que ya venimos andando con los pies sangrantes, entre fanáticos corruptos y sin sentido del humor, o si desviarnos por el camino nuevo, más o menos espinoso, habrá que ver, pero es al menos un camino de salida. Para qué voy yo a robarme el tiempo, el bien más preciado de mis amables lectores, analizando esta decisión. Para decir lo obvio, que no prefiero malo conocido que bueno por conocer, que se me da mal perpetuarme en el papel de víctima. Como diría el Sherlock Holmes de las películas, si le preguntásemos cómo supo qué camino debíamos escoger: “Elemental, mi querido Watson”. Por ello me permití (con la excusa de esa canción que definitivamente se niega a dejarme) llevarles de paseo por ese bosque silencioso e íntimo, solo para recordar, juntos, que hay vida, mucha vida, más allá de la política. (O)

Decisiones
Todo empezó esta mañana. Unos lo llaman levantarse con el pie equivocado, yo lo llamaría levantarse con el recuerdo equivocado.
2017-03-17T00:01:25-05:00
El Universo

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