Lenin y su paraíso de vidrio pintado

Viernes, 20 de Enero, 2017 - 00h07
20 Ene 2017
Viernes, 20 de Enero, 2017 - 00h07
20 Ene 2017

La luz atraviesa los cristales y nacen los colores en la oscuridad del templo. Todos hemos visto alguna vez los vitrales de alguna catedral gótica narrando historias sagradas para llenar de luz las tinieblas. Lo que no habíamos visto nunca antes es ese muro de vidrio, de 20,5 metros de largo y 3 de altura, donde el camarada Lenin aparece como el héroe de una fábula de paz y amor mundial. Pues esta obra de arte creada en 1983 por encargo del mismísimo jefe del servicio de inteligencia de la Alemania Comunista, Erich Mielke, acaba de reaparecer a fines de 2016 nada más y nada menos que en Miami, al margen del renombrado Art Basel Miami Beach.

Del otro lado del mundo, en la fría Alemania, a sus 84 años el artista Richard Otfried Wilhelm todavía recuerda la tarde en que agentes de la Stasi vestidos de civil tocaron a su puerta. No para llevárselo arrastrado para interrogarlo en un calabozo, ni para confiscarle obras subversivas ni recordarle que se estaba desviando del verdadero espíritu de la revolución. No era necesario, Richard había hecho ya algunas obras de arte para el gobierno, como la legendaria flor que decoraba el hoy demolido Palacio de la República. Richard descendía de una dinastía de expertos en el arte en vidrio, así que asumió el reto de crear una obra monumental a la que llamaría: “Revolución: paz en todo el mundo”, un vitral que consagrara el ideal de paz del paraíso comunista. Entre dos inmensas palomas surge un arcoíris como puente entre los pueblos: proletarios de todos los países, uníos, el camarada Lenin os tiende la mano, el Ejército del Pueblo flotando en una estrella roja protegerá este reino de flores, trigo y colores.

Arrancado de su catedral, el cuartel general de la Stasi, lugar que hacía temblar con verdadero temor de Dios a cualquier infiel, el inmenso vitral fue adquirido a precio de huevo a inicios de los 90 y guardado en un contenedor en Berlín hasta que tras algunas investigaciones Thilo Holzmann fue a dar con este tesoro. Y es que hoy el paraíso ya no es una ideología (conocemos los horrores ocultos tras esos discursos de amor al pueblo), el paraíso se ha convertido en mercancía: Holzmann pide nada menos que 21,4 millones de dólares por este muro de cristal y afirma que incluso el museo MoMa de Nueva York estaría interesado en adquirir este “monumento de vidrio pintado”. Mientras tanto, historiadores y críticos de arte alemanes se refieren a la obra como el típico Diktatorenkitsch, realismo social de baja factura de un artista No Name. Pero el valor de la obra no está en su calidad artística sino en su coyuntura: un muro de cristal consagrando los paraísos artificiales de una dictadura opresiva, elaborado tras un muro de carne y hueso que dividió a Alemania durante casi tres décadas, reaparecido “misteriosamente” en una exposición en Miami, hoy en día en Estados Unidos donde vibra la angustia de la posibilidad de un nuevo muro. Y es que nada es casualidad. Y menos cuando está en juego un fajo de billetes.

Cuando el terror disfrazado de paraíso se estaba viniendo abajo, declararía el jefe de la Stasi, Erich Mielke: lo hice por amor, por amor a todos ustedes. No en vano dice el filósofo Alain de Botton que cuando un gobierno afirma hacer las cosas “por amor” es hora de salir corriendo.

Pero a más de su exorbitante precio, ¿por qué resulta tan fascinante un vitral de colorinches que evoca los mosaicos de una iglesia, pero con el camarada Lenin liderando el mundo hacia la paz? Marx dijo, quién no lo sabe, que la religión es el opio de los pueblos. Así que Lenin y Stalin reemplazarían ese opio por una forma nueva de fanatismo, de idealización e ideologización de la realidad. Stalin llevaría al límite la Cruzada contra los infieles: tortura y destierro, gulag, persecución y muerte si no eras un buen comunista, un creyente convencido del paraíso en el que estabas viviendo, si te atrevías a cuestionar, a abrir la boca en un medio público o si te oía uno de los miles de denunciantes que acechaban.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el opositor más fiero del comunismo (Hitler) abrió sin quererlo las puertas a la expansión del poder de la Unión Soviética. Llegó así la nueva fe a millones de fieles en Checoslovaquia, Polonia, Alemania del Este… el camarada Stalin y sus misioneros, ya no de a pie sino en tremendos panzers, se aseguró de que ni una sola oveja se escapara del redil. Así culminó un ciclo de la historia, se consolidó el Bloque del Este, se cerró la cortina de hierro. Tras una década de tolerar infieles que abandonaban el rebaño, la República Democrática Alemana decidió erigir un muro coronado de espinas y custodiado por guardias armados y con órdenes de disparar a cualquiera que intentara abandonar su república “democrática”. A la sombra del muro, todos debían obedecer los designios de un solo Dios, el SED (Sozialistische Einheitspartei Deutschlands). Y para ayudarles a ser buenos feligreses, a seguir al pie de la letra los mandamientos, estaba el Ministerio para la Seguridad del Estado. Los agentes de la Stasi surgían del fondo de la noche y lo sabían todo sobre ti, hasta los pensamientos impuros que le habías confiado a ese que considerabas tu amigo.

Cuando el terror disfrazado de paraíso se estaba viniendo abajo, declararía el jefe de la Stasi, Erich Mielke: lo hice por amor, por amor a todos ustedes. No en vano dice el filósofo Alain de Botton que cuando un gobierno afirma hacer las cosas “por amor” es hora de salir corriendo. Es larga la lista de tiranos apelando al amor a su pueblo para justificar sus atrocidades y abusos: querían tan solo educarnos, paternalmente enseñarnos cómo pensar, qué decir, cómo seguir el camino verdadero de la revolución, enseñarnos a no juzgar a papá aunque se equivoque, aunque abuse y robe y mienta. Y todos sabemos que no hay mejor manera de educar a los hijos que con cuentos de hadas ilustrados a todo color. (O)

Lenin y su paraíso de vidrio pintado
La luz atraviesa los cristales y nacen los colores en la oscuridad del templo.
2017-01-20T00:07:56-05:00
El Universo

Te recomendamos