El Quito de Vásconez

5 de Diciembre, 2016
5 Dic 2016
5 de Diciembre, 2016 - 00h07
5 Dic 2016

En fiestas de Quito o en lo que queda de ellas. Son casi diez años de este proceso de demolición de los festejos fundacionales, porque al castrismo equinoccial nunca le gustó esta conmemoración españolista. Era impopular tumbársela de frente, por eso optaron por lo solapado, pero lo hicieron bien, con un plebiscito de constitucionalidad más que dudosa se comieron el número principal, la feria de toros, y lo demás se cae por añadidura. Festejo en ruinas, para una ciudad en ruinas... no hablo de la infraestructura, que tampoco es que está bien, sino de la ciudad en tanto en cuanto es actitud, conciencia y compromiso, que ya no hay o está carísimo.

¿Nos queda la narrativa de Javier Vásconez? Ese escritor para el cual su ciudad es obsesión y pesadilla, escenario y personaje, sin quererlo y sin quererla. Lejos de una oda a lo Durrell, en la obra de Vásconez, Quito es un destino a su pesar. En la última novela de este novelista ya setentón, Los hoteles del silencio, la capital que aparece es literaria, recreada en el relato, trabajada desde la ficción y aun desde la fantasía. La trama es actual, pero en esa urbe esperpéntica sigue lloviendo todos los días, como ocurría a mediados del lejano siglo XX. Esta ciudad digerida por la novelización no deja de ser ella misma, más que nos pese. Protagonizada por el dueño de una papelería y una migrante retornada embarazada, con una historia de una mafia que roba infantes para el tráfico de órganos como remoto telón de fondo, es una de las más personales novelas de Vásconez y una recapitulación de sus convicciones literarias. Incluso aparece allí el propio autor, en un autorretrato que cifra las claves de su obra ¿o de su vida? “algo había colapsado, algo había sido sustituido en el rostro taciturno de J. Vásconez. Quizás tenía que ver con el paso del tiempo y con la violencia padecida por los habitantes de la ciudad y su forma peculiar de ir destruyéndolos. O quizá podía ser interpretado como una actitud de impotencia ante la muerte”.

El retrato de la ciudad que emerge de esta novela no es el de la “carita de Dios”. Si un pueblerino como yo dice que Quito no es hermosa, me pueden estar caducando la visa, pero siempre me he preguntado, ¿por qué en las novelas de tantos de los mejores autores la capital ecuatoriana está siempre pintada con cargada tinta negra? Los dedos de una mano sobran largamente para contar las excepciones que presentan visiones más amables, en el resto se ve triste, gris, sucia, mezquina y verdadera. ¿Será por artilugio literario? O es más bien porque nadie está tan comprometido con la realidad como quien escribe ficciones y buenos novelistas, entre los que se ha de contar Vásconez, a pesar de querer fugarse con reelaboraciones fantasiosas, terminan siempre presentando una evidencia palpable que no tiene nada que ver con “la mejor ciudad del mundo”, como lo determinan sospechosas encuestas de Internet que exhiben orgullosos. (O)

El Quito de Vásconez
En fiestas de Quito o en lo que queda de ellas. Son casi diez años de este proceso de demolición de los festejos fundacionales, porque al castrismo equinoccial nunca le gustó esta conmemoración españolista.
2016-12-05T23:32:32-05:00
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