Lo legítimo y Rousseff

23 de Mayo, 2016
23 Mayo 2016
23 de Mayo, 2016 - 00h00
23 Mayo 2016

El continente está envuelto en la discusión sobre si la suspensión de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, es un hecho legítimo. Para dilucidar esta disputa podemos acudir a las distintas acepciones de la legitimidad, de la calidad de legítimo. Una concepción estrictamente política, basándonos en Max Weber, sostiene que la legitimidad de un gobierno consiste en la capacidad de ser obedecido por sus súbditos sin necesidad de recurrir a la coacción violenta. Esta definición ha de matizarse, porque el hecho de que existan focos de resistencia a la autoridad gubernamental, que requieren ser reprimidos por la fuerza, no puede invalidar este concepto. Las grandes asonadas que han desatado los lulistas en respaldo a la suspendida mandataria no se puede decir que han quitado al gobierno encargado la capacidad de ser obedecido por una mayoría consistente de la población.

Más afín a la raíz etimológica, hay una consideración de la legitimidad desde un punto de vista jurídico, que ve lo legítimo como producto de la actuación conforme a la ley. De lo que podemos apreciar desde acá, la legislatura brasileña actuó apegándose a la Constitución y cuerpos legales de su país. Hasta el momento los agenciosos defensores de Rousseff, especialmente los bolivarianos, no han mostrado una argumentación jurídica que demuestre que la exguerrillera no podía ser cesada temporalmente en el cargo por el llamado primer poder del Estado.

Un tercer enfoque de lo legítimo, proyectado desde la ética, lo considera coincidente con lo justo. Justicia es dar a cada uno lo que le corresponde, ¿qué le corresponde a cada uno? Los derechos, que dicho en tosca tautología es aquello a lo que tenemos derecho. Son facultades con las que nacemos, que nadie nos las puede dar y, por tanto, tampoco quitar. Son, merece repetirlo siempre, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. De estos derivan otros derechos menores y subordinados, que son sus aplicaciones. La legitimidad política y la jurídica deberían estar encaminadas a realizar esta legitimidad ética. El sistema republicano de gobierno es el único capaz de cumplir con este imperativo, porque consiste en que quienes ejercen poder (legitimidad política), con base en el imperio de un sistema legal (legitimidad jurídica), procuran que los derechos innatos e inviolables de todas las personas se desenvuelvan a plenitud. Decimos republicano y no democrático, porque este último simplemente consiste en un régimen de dominio de la mayoría, que a cuenta de cumplir con la legalidad electoral, con frecuencia atropella los derechos de las minorías y de los individuos. Quien ha sido electo mayoritariamente para una función pública no queda eximido de cumplir con el orden jurídico y, sobre todo, de respetar los derechos individuales. La esencia de la república no está en el gobierno de la mayoría, sino en el imperio de la ley y en el régimen de derechos. Si Rousseff en su momento ganó unas elecciones, puede perfectamente, de acuerdo con las leyes brasileñas, ser procesada si hay indicios de delitos y de faltamiento a sus deberes. (O)

Lo legítimo y Rousseff
El continente está envuelto en la discusión sobre si la suspensión de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, es un hecho legítimo.
2016-05-23T00:00:19-05:00
El Universo

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