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La ficticia realidad de las redes

7 de Mayo, 2015
7 Mayo 2015

No me refiero a la colección de selfies que a diario se cuelga en la red con piquitos de pato, bastones extensores o correcciones de Photoshop. Es algo más preocupante.

El contexto.- Hace unas semanas leí en el muro de feisbuc del director general de El Telégrafo una noticia sobre un gazapo que pintaba de antología: “Teleamazonas difunde noticia de diario ‘El Mercioco’ como verdadera”. El meme noticioso creaba una total confusión que confirmaba lo que ya se sabía: en redes, de nada se debe estar seguro. En lo personal, no era la primera vez que evidenciaba cómo se tomaba por verdadera una noticia ficticia, desproporcionada, antojada y, quizá, malintencionada.

Recuperado del desconcierto y confirmada la falacia, decidí bromear con algo. En el muro de mi red social publiqué una mentira que jugaba con la ironía; y lo que pretendía ser una broma –seguramente de mal gusto para muchos– se convirtió en un microensayo de laboratorio.

El ejercicio.– Escribí, entonces, un texto breve que atribuía a El Mercioco y a Teleamazonas (el mismo formato del meme anterior) una noticia sobre un “importante premio periodístico” al que había accedido en los Estados Unidos. Al final del post de 92 palabras decía claramente que lo del premio lo leí en El Mercioco, cuyo lema es “… publicando información falsa de fuentes contradictorias no verificadas”.

A la mañana siguiente, el desconcierto: 130 “likes” y 44 comentarios, solo 9 de ellos advirtiendo que se trata de una broma. Insignificante, pero visto empíricamente, en el entorno de mis 600 amigos en esta red social la muestra de contactos que cayeron en la falacia ya supera el 27%. Y sigue creciendo.

Los miembros de mi comunidad son, preferentemente, comunicadores, docentes y estudiantes universitarios. Un porcentaje de ellos, algunos vinculados a medios, no se percató de la broma seguramente porque cree todo lo que traen las redes, no lee los post completos, o porque considera que no tiene razones para dudar.

Pero, además, ¿qué ocurre con el internauta común y corriente, o el que desde otro lado del planeta accede –sin percatarse del texto en el que se advierte la falsedad de contenidos– a las páginas de bulos y memes periodísticos que hablan de desdolarización, enriquecimiento ilícito, hipotecas de islas, entregas de doctorados o cierres de universidades?

¿Qué pasa con la falta de contexto o la descontextualización consciente, el comentario visceral, la falsa acusación, el anonimato y la deformación de la opinión pública, el agravio, la burla y el engaño?

Para quienes venimos de la cada vez más superada brecha digital aún nos incomodamos por un discurso y una semántica confusos en las redes sociales, aun así la evidencia de lo que pasa con estos bulos nos invita a la reflexión de un estudio serio sobre el tipo de opinión que se está formando en estos entornos.

La conclusión: acaso sea un tiempo y un espacio desperdiciados en una reflexión fatua o innecesaria. Acaso sea solo un tema de verificación, o de mirar a la vida con algo de “humor”. Quizá la comunicación no debe ser tan ortodoxamente seria. Quizá todo lo contrario.

¿La conclusión final? Queda para luego de la verificación prolija de todo lo dicho.

Clic. (O)

La ficticia realidad de las redes
No me refiero a la colección de selfies que a diario se cuelga en la red con piquitos de pato, bastones extensores o correcciones de Photoshop.
2015-08-12T21:36:36-05:00
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