Toda persona nace influida (no determinada) por el momento de su alumbramiento. Las condiciones históricas (familiares, regionales, mundiales), el entorno social, en el día de su nacimiento tienen un peso fortísimo en su vida futura, solo la herencia genética puede afectar de una manera más intensa. También hay factores climáticos, geológicos, ecológicos que marcarán tendencias al paso de cada ser humano por el mundo, pero su fuerza causal es más matizada. ¿Y la energía cósmica, el influjo de los astros? Quién sabe, en el estado actual de nuestros conocimientos, no se ha demostrado que las vidas individuales se afecten por estos poderes. Muchas culturas han elaborado astrologías más o menos complicadas para explicar cómo el tiempo en que vivimos influye en nuestra forma de ser y en nuestro destino. Pienso que son maneras simbólicas de explicarse la efectiva impronta del tiempo en nuestro carácter y nuestra fortuna. Por eso no las desprecio, como no desprecio las mitologías. Me parece más sugestiva la astrología china, con sus laboriosos ciclos de sesenta años, que la clásica de origen greco-persa que usamos corrientemente en Occidente.

Traigo el tema porque el miércoles pasado comenzó el año chino de la cabra de madera. El mismo animal y el mismo elemento del año en que nací. Sin contradecir lo afirmado arriba, declaro que soy muy patriota de mi signo... así como algunos se declaran amantes (patriotas) de su lugar en el espacio, ¿por qué no puedo serlo de mi lugar en el tiempo? ¡Por qué a la gente se le hace tan difícil pensar en distintas dimensiones! ¿No es tan accidental haber nacido en Ecuador como haberlo hecho en 1955? Ninguno de los dos hechos lo escogemos, podemos, si queremos, entusiasmarnos con uno o con otro y cantar, por ejemplo, “all you need is goat”. Lo que sí no estamos autorizados es para creer, o peor imponer, que los ecuatorianos o los de la generación X somos superiores al resto.

Lo que sea, el hecho es que esta cabra de madera será la última que viviré en este mundo. Esta certeza me pone alerta. Creo que las alegorías astrológicas son buenas para marcar periodos y con ellos metas y aspiraciones. No nos imponen un destino, más bien nos llevan a crearlo. Sea porque una arcana fuerza me influye o porque una serie de decisiones personales me han llevado a un irreversible punto de giro, sé que el limitado periodo que viviré de este segundo ciclo sexagesimal será diferente, no importa si mejor o peor que el anterior. Simplemente distinto, me he impuesto no repetir mis errores, pero tampoco lo que quizá vanamente considero mis aciertos. Abierto a nuevos desafíos, a nuevas experiencias, a nuevos conocimientos sobre todo, pisando con convicción, inicio, en paz con el Universo, el recorrido del tramo final de mi existencia, que habrá que marcar con obras, con amor, que a mi paso sus veredas se conviertan en jardines. (O)