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Je suis Charlie, mais...

19 de Enero, 2015
19 Ene 2015
19 de Enero, 2015 - 00h00
19 Ene 2015

Yo soy Charlie, pero con beneficio de inventario. Rehúyo del chauvinismo como de la serpiente equis, pero de vez en cuando al corazoncito le agarra un dulce orgullo de ser quiteño, de ser ecuatoriano. Al leer revistas como Charlie Hebdo pienso que en mi ciudad algo tan burdo, sin necesidad de prohibirlo, no podría circular... y hay decenas de publicaciones así en Europa. El humor en Quito tiene puesta la vara muy alta, la sutileza es indispensable, la patanería gratuita como la del mentado semanario francés es rechazada. Por eso admiro a Roque, a Bonil, al Pájaro Febres... ¡eso es calidad! Por otra parte, los ecuatorianos no blasfemamos, ni siquiera los ateos radicales. Insultar cosas sagradas de cualquier religión es algo que simplemente no se entiende en nuestro país.

Por supuesto que toda actividad humana tiene “límites éticos”. La gastronomía no puede llegar al canibalismo. La ciencia no puede hacer experimentos como los del doctor Mengele. ¿Cuáles son los límites del humorismo? Exactamente los mismos que tiene cualquier otra actividad: los derechos de los demás. Por eso no se necesitan leyes ni reglamentos especiales para ordenar el ejercicio de la opinión, seria o humorística. De la libertad de expresión se puede, dirían los romanos, usar, lucrar y abusar, siempre que no se traspasen esos bordes. La opinión, con chistes o con improperios, puede ser chabacana, morbosa, tonta, pero si no constituye en sí misma un delito (como la calumnia o la pornografía infantil) o promueve crímenes, no puede ser prohibida. Ese “abuso” de la libertad de expresión debe ser permitido, porque el momento en que alguien se atribuya la facultad de juzgar lo que es moral o, mucho peor, gracioso, tal libertad habrá desaparecido. ¿Esto incluye el derecho a la blasfemia? Sí, desgraciadamente. La blasfemia es un pecado que las religiones pueden prohibir a sus fieles, pero que no pueden hacer extensivo a quien no es creyente. Todas las semanas pastores protestantes dicen que las imágenes católicas son ídolos satánicos, choca, pero tienen derecho a ello.

En el caso de la masacre de Charlie Hebdo el tema sí es fundamentalmente la libertad de expresión, porque era eso, y no otra cosa, lo que los terroristas trataban de ahogar con su bestialidad. Y es un asunto político por esencia, que debe ser asumido y discutido políticamente. ¿Qué es sino, un problema en el que están implicados Estados, seguridad pública, libertades, leyes? ¿Un picnic con bolón de verde? ¿Una maratón de salsa? Y por supuesto que la situación se puede extrapolar a otras en las que está implicada la libertad de expresión y con ella el derecho al humorismo. Ese y no otro es el sentido en que decimos “Je suis Charlie”, porque al intentar silenciar a un periódico que nos disgusta, los extremistas trataron de callar a toda la humanidad. Y cuando reaccionamos ante ello, tratamos de hacer entender a todos los abusivos, sean gobiernos o pandillas, que los seres humanos no nos resignaremos al silencio.(O)

Je suis Charlie, mais...
Yo soy Charlie, pero con beneficio de inventario. Rehúyo del chauvinismo como de la serpiente equis, pero de vez en cuando al corazoncito le agarra un dulce orgullo de ser quiteño, de ser ecuatoriano.
2015-01-19T14:28:21-05:00
El Universo

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