Tener hijos, una opción que se retarda o descarta en Ecuador

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En la sociedad ecuatoriana se utilizan varias frases clichés para referirse a las personas que no quieren tener hijos o casarse. Ilustración: Walter Melena.
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29 de Julio, 2018 - 00h22
29 Jul 2018 - 00:22

Número promedio de nacimientos por mujer será de 1,4 en el 2050, según el INEC

La economía, el temor a perder la libertad, la concepción de que ser madre o padre es una elección o el deseo de contrarrestar la idea de que una mujer nace para procrear son parte de los argumentos de quienes han decidido no dejar descendencia y de los que retrasan la maternidad o paternidad.

Melissa Mejía, de 30 años, y María de los Ángeles Palacios, de 28, están en ese grupo. La primera es diseñadora gráfica y considera que ella no responde al modelo que asocia el ser mujer con ser madre. “Es una decisión que puedo tomar, lastimosamente, desde un lugar privilegiado que me ha brindado la mala educación recibida como sociedad, a diferencia de aquellas con acceso a ninguna. Me mueve mucho más formar parte de ese grupo que quiere romper con el patrón hetero normativo”.

Melissa Mejía es diseñadora gráfica profesional y no quiere tener hijos. Foto: Cortesía Manuel Cortina.

La segunda, siendo licenciada en Comunicación trabaja en una empresa de venta de impresoras hace más de dos años porque no encontró empleo en su rama. Cuenta que el alto costo para mantener a un niño la frena: “Me gusta viajar, salir, está en mis planes realizar una maestría, y un hijo complicaría todo. Tener un hijo es un gasto y no una inversión como muchos dicen”. María ha recibido presiones para casarse o tener hijos. Su actual novio tiene dos hijos de anteriores relaciones. “Me dice que quiere una niña ya que tiene dos varones, pero yo le he dicho que no es el momento, tengo cosas por hacer”.

El rostro masculino de esta tendencia se refleja en Carlos Tejada y Fernando Garcés. Ambos sostienen que uno de los motivos por los que renunciaron a la paternidad es la sobrepoblación del planeta.

Carlos, de 30 años, afirma que no quiere traer hijos a un mundo con recursos insuficientes. “Muchos me dicen que soy egoísta, que pienso solo en mí, he tenido fuertes discusiones con mi madre por ese tema, pero la realidad es que la contaminación cada vez es más grave y no hay una solución”. Por su decisión lo han tildado de gay, pero asegura que ha tenido sexo con mujeres y que su última pareja no aceptó su postura y terminó la relación.

Fernando, de 40 años, en cambio, dice que las presiones para la paternidad responden a “la educación machista” que pone en primer orden la preservación del apellido.

Fernando Garcés es estudiante de la Universidad de las Artes en Guayaquil. Foto: Ricardo Zambrano.

Para Juan Carlos Pingel, psicólogo de la Unidad de Bienestar Estudiantil de la Espol, este pensamiento no sería una moda o una tendencia de las nuevas generaciones que cambiaría con el tiempo: “El acceso a la educación y a la información ha hecho que los chicos y chicas decidan postergar la reproducción y prepararse para los retos modernos como hacer maestrías en el extranjero”.

El especialista resalta que las personas que decidieron no procrear o retrasar la paternidad deben tener un acompañamiento psicológico para que no sean afectados por los clichés: “La sociedad puede enmarcarlos como los emperchados o solterones”.

Incluso desde el punto de vista médico, las mujeres sin hijos corren más riesgo de desarrollar cáncer de ovarios o de mama, según Francisco Plaza, ginecólogo del hospital Luis Vernaza. “Aunque las que tienen demasiados también incrementan la incidencia de cáncer de cuello uterino”.

La esterilización definitiva es una opción, pero este especialista recalca que “la Organización Mundial de la Salud dicta que se puede esterilizar a una mujer de más de 28 años y que haya tenido por lo menos dos hijos”. Este galeno se negaría a esterilizar a jóvenes sin hijos ya que, señala, no puede “esterilizar a alguien que luego a los 30 años se enamore y se arrepienta de haberse ligado”.

Lo que sí es una realidad es que el número promedio de hijos que tenía una mujer durante su vida reproductiva (entre los 15 y 49 años de edad), denominado como la tasa global de fecundidad, pasó de 6,3 en el periodo 1965-1975 a 2,79 en la década 2005-2015. Y se estima que baje a 1,42 en el lustro 2045-2050 de seguir la tendencia actual, según el INEC. La tasa de natalidad (número de nacimientos por cada mil habitantes) también se redujo. Pasó de 30,5 en 1990 a 17 en 2017.

Eva Mera, directora del Centro de Estudios e Investigaciones Estadísticas de la Espol, calculó con la información del censo el porcentaje de mujeres mayores de 50 años que no tuvieron hijos. Este subió de 8,4% en 1990 a 9,5% en el 2010.

La demógrafa asegura que las mujeres están más insertas en un mercado laboral competitivo. Ello ha implicado un retraso de la maternidad. “Algunas prefieren un desarrollo profesional. He visto jóvenes con 28 años que dicen que no quieren tener un hijo porque no tienen la seguridad de poder financiar su manutención”.

La planificación de retrasar la maternidad o la decisión sólida de no tener hijos está centrada en el grupo de mujeres con estudios superiores, que cada vez son más. “Aquí hay una mayor preocupación sobre el futuro”.

Un criterio similar tiene la antropóloga y profesora de la Universidad San Francisco de Quito María Emilia Viteri: “Decide retrasar o no concebir la mujer escolarizada, más urbana que rural, que tiene la facilidad de decidir sobre su cuerpo. Esto rompe la idea estereotipada de que una mujer solo vale cuando es madre”.

Esta especialista asegura que un hombre no tiene el derecho de exigir a su pareja que le dé un hijo ya que los cambios hormonales, el mismo costo del embarazo en algunos casos, los efectos en el cuerpo los sufren las mujeres. “Ahora hay más conciencia de que los niños y las niñas no crecen como plantas, antes se pensaba que allí crecen nomás”, indica.

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Janina Suárez y Verónica Cantos son dos ejemplos de que la decisión de no ser madres está centrada en el grupo de mujeres que han accedido a la educación superior. La primera, de 36 años, da sus razones: “En mi caso hubo una serie de distanciamientos de casa por el tema de estudios y las prioridades se volvían otras. Ahora las metas no cesan y la maternidad queda relegada”.

Janina Suárez profesora de la Universidad de las Artes. Foto: Ricardo Zambrano.

Mientras, Verónica, de 27 años, aduce que aún no tiene una maestría y que quiere estudiar en el extranjero. “Quizás en diez años más, no me importaría tenerlos a los 35 o 40”. Ella fue criada por sus tíos abuelos, por lo que asegura que no creció en la familia típica. (I)

Tener hijos, una opción que se retarda o descarta en Ecuador
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2018-07-29T12:00:20-05:00
La tendencia a dejar menos descendencia o no tenerla corresponde al grupo que tiene un mayor nivel de educación. El número promedio de hijos por mujer en edad fértil hoy es de 2,3.
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