Más de un año después de la publicación en el Registro Oficial de la Ley para Prevenir y Reducir la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos y Mitigar el Hambre de las Personas en situación de Vulnerabilidad Alimentaria todavía no hay reglamento disponible para la aplicación de la ley.

De acuerdo al numeral 13 del artículo 147 de la Constitución, emitir los reglamentos necesarios para la aplicación de leyes publicadas en el Registro Oficial es facultad de la Función Ejecutiva. La ley tiene como objeto “regular la prevención y reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos” en todos los niveles, desde los productores, procesadores y distribuidores hasta los comercializadores e importadores.

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La ley también estipula la prohibición de destrucción de alimentos perecibles o no perecibles por parte de actores de la industria alimenticia, aunque estos podrán destruir productos solo bajo previa autorización.

El Ejecutivo dispuso de 180 días para emitir el reglamento luego de su oficialización en mayo de 2022. El reglamento permitiría la confección de políticas públicas para la aplicación de la ley. Dallyana Passailaigue, exasambleísta del Partido Social Cristiano e impulsora del proyecto de ley, señala que aunque hay leyes que pueden funcionar sin reglamento, considera que “no se pueden hacer políticas públicas” sin uno.

“El reglamento es indispensable para aplicar esta ley... si una ley se aprueba, mientras no llegue a los beneficiarios, es una ley de papel”, recalca Passailaigue. “En tres ocasiones he preguntado al Ministerio de Agricultura, y la respuesta que obtuvimos es que no había un reglamento, que lo estaban elaborando... ha pasado un año ya. A este gobierno simplemente no le ha interesado aplicarla”.

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Algunos de los actores beneficiarios son los bancos de alimentos, instituciones que reciben donaciones de personas y compañías parte de la cadena productiva de alimentos y los redistribuyen a organismos que trabajan directamente con los consumidores, como los comedores comunitarios. Ellos se benefician de la prohibición de destrucción de alimentos que contempla la ley, pues, al menos nominalmente, obliga a los productores a donarles productos.

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Sin embargo, algunos de los incentivos de donación más atractivos no pasaron a la versión final. “La ley se aprobó rápidamente y sin revisarla, solo por aprobarla. La ley sí tenía dos o tres beneficios interesantes: si un transportista donaba su tiempo para transportar alimentos hacia un banco de alimentos, tenía opción de recuperar puntos en su licencia. Si las universidades apoyaban a los bancos de alimentos podían mejorar su puntuación frente al Ceaaces”, indica Federico Recalde, director del Banco de Alimentos Diakonía, que opera en Guayaquil. Los beneficios que detalla no forman parte de la ley publicada en el Registro Oficial.

Lo que más se le dificulta conseguir al Banco de Alimentos Diakonía, y por lo tan también a sus beneficiarios, es proteína animal. Foto: Ronald Cedeño

La ley aprobada incluye tres incentivos para donantes y facilitadores (como el hipotético transportista): reconocimiento público por parte del Estado, ferias para publicitar los productos del donante, y capacitaciones sobre agricultura sustentable y mejoras en producciones agrícolas.

“Quedó una ley muy bonita que habla de desperdicio y lo que hay que hacer, pero que no dice nada, más aún si no hay reglamento. Al que beneficia el reglamento es a los bancos de alimentos, porque da más razones para que nos donen. Pero eso no le gusta mucho a la industria, entonces no hay apuro de sacarlo”, señala Recalde.

El régimen sancionatorio que describe la ley penaliza a posibles donantes que destruyan productos aptos para consumo humano, así como organizaciones receptoras que destinen los alimentos a un fin “distinto al que contempla la ley”, con una remuneración básica. Los infractores reincidentes son castigados con el pago de dos remuneraciones.

Además, la ley diseña un protocolo de acciones escalonadas por prioridad antes de considerar la destrucción de productos para consumo humano. Primero se debe reducir el desperdicio de alimentos y donar, luego darle otro uso como compostaje, relleno sanitario, alimentación animal y producción de energías renovables. El último paso a ponderar en el manejo de alimentos es su destrucción.

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Las cifras más recientes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre desperdicio alimentario en Ecuador datan del 2021. Según esta organización, el porcentaje de pérdidas de alimentos de la canasta priorizada (arroz, fréjol, tomate riñón, banano, papa, palma aceitera, leche, huevo y caña de azúcar) en el 2021 fue de 10,14%. El método de medición de la pérdida de alimentos que usa FAO para determinar esta estadística se refiere a la pérdida de estos productos a partir del momento de la cosecha hasta que llega al punto de venta minorista.

Este mismo ente reportó en 2019 que en Ecuador se desperdician 939.000 toneladas de alimentos al año, lo cual significa un perjuicio de 334 millones de dólares en un país en el cual, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), 1 de cada 4 niños menores de 5 años sufren de desnutrición crónica infantil (DNI).

La redistribución de alimentos aptos para el consumo humano es de especial interés para las poblaciones interandinas, en específico los niños indígenas. En una revisión de literatura científica realizada por investigadores de la Universidad Técnica de Ambato para la revista académica RSI, los científicos encontraron una prevalencia del 32 % de DNI en la Sierra, y del 35 % en niños indígenas. Ambos porcentajes representan cifras más altas que cualquier región o grupo étnico.

El INEC lleva casi un año realizando la primera Encuesta Nacional sobre Desnutrición Infantil, y sus resultados serán expuestos en septiembre próximo.

Luego de recibir las donaciones, el personal del banco de alimentos evalúa el estado realiza el inventario de lo recibido y evalúa su calidad. Foto: José Beltrán

Según Recalde, la elaboración de un estudio certero sobre desperdicio de alimentos en el país es complicado. “Existen tres o cuatro metodologías para medir el desperdicio, y cada una te da números distintos... se estima que el 30 % de lo que compramos en un supermercado no va a ser consumido correctamente”, expone.

“En la parte agrícola se habla de números de 28 a 40 % por diversos factores, mala cosecha, viabilidad, precios. Cuando un agricultor decide no sacar su producto y lo convierte en abono para volver a sembrar, nadie lleva esa estadística”.

Asimismo, no existe un cálculo del Índice de Desperdicio de Alimentos para el país. Esta métrica, manejada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), mide el desperdicio al nivel de ventas minoristas y al nivel de consumo.

“La falta de una mayor conciencia y regulación es lamentable en un contexto en que los alimentos se pierden y desperdician mientras que todavía hay personas en Ecuador que pasan hambre, desnutrición crónica infantil y no pueden acceder a alimentos saludables a precios asequibles. Es un problema moral, una pérdida de los esfuerzos e ingresos de los hogares pobres de la agricultura familiar y campesina que son quienes producen estos alimentos”, respondió la FAO sobre la falta de un reglamento para la Ley para Prevenir y Reducir la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos y Mitigar el Hambre de las Personas en situación de Vulnerabilidad Alimentaria.

¿Cómo evitar el desperdicio de alimentos en el hogar?

Según el Índice de Desperdicio de Alimentos, publicado por el PNUMA en 2021, el 61 % del desperdicio global de alimentos proviene de los hogares.

Para Doménica Dueñas, ingeniera en alimentos, la “falta de conocimiento” a la hora de almacenar alimentos contribuye a este desperdicio. Algunos errores comunes que se cometen en los hogares, expone, incluyen almacenar alimentos perecederos como lácteos y huevos en la puerta del refrigerador, pues la temperatura en esta parte de la nevera aumenta “de tres a cinco grados más” que en los estantes interiores. Las temperaturas más altas propician el crecimiento y la proliferación de bacterias.

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Llenar la refrigeradora “a tope” es otro yerro frecuente. Esto “evita la correcta circulación de aire frío para mantener la temperatura ideal de los alimentos”, acortando el tiempo que los productos son aptos para consumo humano. Dueñas también aconseja desinfectar frutas y verduras antes de almacenarlas, pues podrían contaminar el resto de alimentos almacenados. Juntar productos crudos con cocinados también es peligroso, resalta.

“La mejor forma de aumentar la vida útil de los productos perecederos como frutas, vegetales, carnes, pescado, productos lácteos, alimentos cocinados y los sobrantes de estos es con un buen almacenamiento”, indica Dueñas. Mantener la temperatura de alimentos perecederos (aquellos que tienen más agua libre para bacterias en su composición) entre 0 y 4 grados centígrados también es importante para extender su utilidad.

Algunos de los alimentos que pueden durar más allá de la fecha de caducidad indicada son las conservas enlatadas. “Si estas se almacenan en un ambiente fresco y seco podrían durar más tiempo del que indica el envase. Sin embargo, es importante en las conservas tomar en cuenta que la lata no se encuentre inflada, golpeada u oxidada, debido a que esto podría afectar su inocuidad y no hacerla apta para su consumo”. (I)