Entender lo que somos, la razón de estar en la Tierra y lo que depara el futuro son algunas de las interrogantes que la humanidad ha buscado despejar durante su existencia.

La astrología es una de las formas ideadas para responder estas preguntas existenciales, definida como un método de adivinación que relaciona los sucesos terrenales con los movimientos estelares y las posiciones del Sol, la Luna y los planetas del sistema solar.

Las redes sociales e internet son las nuevas plataformas que usan los astrólogos para presentar sus contenidos, que son populares.

El horóscopo, una publicación diaria de los doce signos zodiacales, siempre ocupa los primeros lugares entre las notas más leídas de la página web de este Diario.

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Daniela Ziritt, psicóloga y docente de la Universidad San Francisco de Quito, afirma que el comportamiento de leer el horóscopo responde a la necesidad de las personas, sobre todo las que tienen arraigo cultural, de tener un control y de planificar la vida considerando lo que puede pasar en el futuro.

“Los horóscopos tienen la facilidad de mostrar las cosas de forma tan general, con planteamientos con los que las personas pueden identificarse, de tal manera que quienes los leen los relacionan con cosas de su propia vida y entorno. Esto genera una sensación de controlar o de estar atentos a lo que puede ocurrir. Cualquier cosa que se presente, pues, lo justifican de esa manera: los astros lo habían dicho, ya tenía que estar preparado”, explica.

La necesidad de sentirnos preservados, agrega Ziritt, crea distintos fenómenos o actividades de este tipo. “La autoprotección es lo que sustenta y sostiene muchas veces las creencias religiosas, que es la idea de poder depender de un ser superior o de algo superior de lo que tampoco tenemos control, como los astros, los que tienen influencia en nosotros, lo que no depende de nosotros, sino que son leyes físicas. De esa manera, estamos protegidos, salvaguardados y seguros por estos fenómenos o seres superiores”, agrega la psicóloga.

Luisa María de Samán es terapista bioenergética y especialista en astrología evolutiva. Ella afirma que la lectura del horóscopo requiere conocer el signo ascendente al que cada uno pertenece, lo que está marcado por la hora de nacimiento, más allá de si el día indica que se es parte de un determinado signo zodiacal.

“La astrología comprende el estudio de la fecha, la hora y el lugar de nacimiento. Con esos datos se levanta un gráfico en el que se observa la posición de los planetas en el momento de nacer. Esa es una carta natal, un estudio astrológico para saber cómo están las energías de la persona. En el horóscopo hablamos de una posición de los planetas en este momento y que son unas energías disponibles”, afirma Luisa.

Esta semana, por ejemplo, “la denominada luna nueva (que se da una vez al mes, cuando el Sol no ilumina al satélite desde la perspectiva de la Tierra) está en el signo de Libra; pero en esta ocasión el Sol está acompañado también de Marte y Mercurio, planetas que tienen otro tipo de energía, las que están disponibles en este momento”, explica.

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Cada planeta tiene su energía, agrega. “El Sol siempre representa a la esencia del individuo; Marte, la acción de cada uno según el signo, expresar lo que queremos; y Mercurio, la comunicación”.

De ahí la importancia de que en un horóscopo general dirigido para todos se lea también el signo de su ascendente, más que el solar, marcado por el día de nacimiento, lo que puede conocerse en la carta astral.

“El signo ascendente es uno diferente que se tiene, si la persona no nació a las seis de la mañana. Si se nació a las ocho de la mañana o después, ya su ascendente es el signo siguiente. Entonces, es necesario conocer la carta astral para leer el horóscopo. Por eso es que muchas personas dicen que no sirve (porque leen el signo al que creen que pertenecen por su día de nacimiento)”.

Hay sitios web y programas en línea que indican el ascendente y la carta natal con la colocación de la fecha, hora de nacimiento y el lugar.

Cada posición del Sol, la Luna y los planetas tiene una interpretación relacionada con un aspecto de la vida que se va vinculando según como estén en el momento de nacer o del día.

“La curiosidad es lo que motiva a leer el horóscopo, para ver lo que me dice el futuro, porque lo que más llama la atención es saber lo que me va a pasar. En realidad, es un mapa de guía, un escaneo de todas las posibilidades que uno tiene a la mano para desarrollar. Es como si fuéramos tres barcos a la deriva, pero a la hora de la hora todos llegan con las mismas velas a más o menos al mismo destino, pero van tomando rutas. Depende de ti cómo decidas manejar tu vida, porque si bajas la vela, por más que el tiempo sople a todos iguales, pues, no avanzaré; tú manejas el timón”, indica Luisa.

La astrología es considerada como una seudociencia por algunos científicos. Una de las principales críticas es que pregona que hay un destino ya marcado. Sin embargo, sí es parte de estudios para analizar el comportamiento humano.

Luisa, por ejemplo, es miembro de un equipo multidisciplinario que realiza un estudio junto con psicólogos para realizar la carta natal de los menores de edad con autismo. “El fin es estudiar las características de los niños autistas, si podemos sacar a qué se deben dentro de una carta natal”.

También hay estudios entre astrónomos (que estudian la física del universo) y psicólogos con el objetivo de que las personas tengan un acercamiento más científico hacia la astrología.

Lo que no se entiende se explica desde el ámbito de lo sobrenatural, sin utilizar la razón o la experiencia

La idea de la vida después de la muerte responde a esta creencia de trascender.

La idea de la concepción del alma como algo inmortal que prevalece por encima del cuerpo es otro ejemplo de la necesidad humana de permanecer y trascender, acciones que establecen creencias al respecto. Con ello, dice Ziritt, hay la sensación de vivir eternamente y que podemos descansar en la idea de que seguiremos más allá, incluso, de la muerte.

“Las dos concepciones de la autoprotección y autopreservación se sostienen justamente en los horóscopos, que nos ayudan a hacernos sentir que hay un destino pautado por leyes que no están bajo nuestro control, pero a la vez nos permiten tener ciertas ideas que en el día a día nos preparan sobre lo que debemos hacer”, indica.

Una clave es que estas interpretaciones tienen la capacidad de englobar a un gran número de personas, la cual está sustentada en cómo se escribe y se plantean las ideas, acota Ziritt. “Pueden ser como un apoyo, pero nunca como la fuente principal para tomar nuestras decisiones”.

El sociólogo Sebastián Salazar afirma que el horóscopo tiene la finalidad de predecir el futuro, lo que contrarresta la incertidumbre. “Las sociedades a lo largo de la historia suelen tener miedo a lo desconocido. El futuro siempre es desconocido y genera incertidumbre, sobre todo en las sociedades más tradicionales, lo que va a contracorriente de las que están más relacionadas con lo científico, lo comprobable”.

Entonces, el horóscopo se convierte en un mecanismo de certeza con respecto el futuro, aunque esté relacionado con esta filosofía de lo predestinado, donde hay un ser supremo, una deidad que determina las acciones y el paso por el mundo, según Salazar.

“Es un fundamento de la filosofía judeo-cristiana: Dios ha dado libre albedrío, sin embargo, también es dueño de nuestros destinos; un poco esa es la reflexión”.

No es negativo el interés hacia los horóscopos, dice Salazar, si se leen como una inyección de esperanza, de pensar en un mejor azar o suerte. “Ahora, tiene complicaciones si pensamos hacer nuestra vida en torno a lo que determinen los astros en el tema del horóscopo”.

La reflexión que siempre hay que hacerse, recomienda el sociólogo, es si el horóscopo en realidad determinará las acciones. “Hay que hacernos la pregunta de qué tan responsables somos de nuestros actos, es decir, no importa lo que haga porque ya tengo el destino predestinado, o soy responsable y asumo lo bueno y lo malo que haga; qué tan responsables somos de nuestros actos a diario, o si justificamos todo en el azar o en el destino”.

La sociedad ecuatoriana debe avanzar en esta reflexión de no culpar al otro, porque si finalmente se culpa al destino también se termina culpando al otro, añade. “Aquí cabe la frase del expresidente del Ecuador Velasco Ibarra, cuando dijo que si queréis revolución, hacedlo primero en vuestras almas; así como la del expresidente de Estados Unidos John F. Kennedy, cuando dijo ‘qué pide el país de ti y qué le estás dando tú al país’, en su discurso de posesión”. (I)