Cada vez más jóvenes labradores del campo en Ecuador sienten la necesidad de estudiar y perfeccionar sus conocimientos en agricultura o en procesos técnicos que les permitan tener cultivos de mejor calidad, donde prime la nutrición y sean sostenibles incluso con poca inversión económica.

En los últimos diez años, antes de la pandemia por el COVID-19, la agricultura aportaba con el 8 % a la producción total y anual del Ecuador, que se conoce mejor como el producto interno bruto (PIB).

Tras la llegada imprevista del virus que golpeó aún más a la economía del país, la agricultura y sus protagonistas, los agricultores, se convirtieron una vez más en la base indispensable para la seguridad alimentaria. Y gracias a su labor, reconocida por diversos sectores e instituciones públicas y privadas, se logró mantener la alimentación de la población durante los días y meses más críticos de la pandemia.

Por eso, para los jóvenes se han vuelto vitales el aprendizaje, la tecnología y la puesta en marcha de proyectos e innovaciones que los ayude a producir más, sin perder la calidad y los nutrientes de los productos del campo que luego llegarán a los hogares ecuatorianos. Y en este 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación, motivan a otros a seguir sus pasos y a apostarle a la educación en el agro.

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Incluso la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pide a las naciones trabajar “en conjunto por una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor ambiente, una vida mejor y sin dejar a nadie atrás”.

Adriana Campozano, de 27 años; Fabián Merchán, de 24; Jorge Valle Torres, de 23, y Heitel Lozano Morocho, de 20, cultivadores y productores de una tercera y cuarta generación en sus familias, cuentan la importancia de adquirir conocimientos para mejorar la calidad de sus cultivos sin usar tantos productos químicos que impactan directamente en el medioambiente, reduciendo así la huella de carbono de su producción.

Dicen que en el país también hay organizaciones que brindan capacitaciones y guías gratuitas como Yara Ecuador, donde se opta por soluciones nutricionales que, primero, reducen el impacto en el medioambiente y, segundo, permiten cultivos más productivos y rentables a través de una agricultura sostenible que garantice la seguridad alimentaria. Entre los puntos fuertes que destacan están el uso eficiente de los recursos y que se promueven los ecosistemas saludables.

Y en el campo hay expectativas por el crecimiento del sector, ya que en el primer trimestre de este 2021, en comparación con el último del 2020, la agricultura en Ecuador creció el 2,2 %. Esto, según el reporte de junio pasado del Banco Central, “respaldado en el desempeño positivo de los cultivos de banano, café, cacao y flores”.

Aquí parte de las historias de estos jóvenes productores del campo ecuatoriano que invitan a los agricultores a invertir en educación o capacitación.

‘Reciclar semillas no es lo óptimo’, cuenta Adriana Campozano

Es manabita, tiene 27 años. Desde hace tres generaciones en su familia han tomado medidas drásticas para enfrentar los problemas que se presentan en el agro, la base de sus economías. Su abuelo empezó en este oficio, cultivando sembríos como los de sandía, algodón y maíz, de manera artesanal.

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Pero fue Adriana Campozano la que decidió estudiar y conocer por qué sus sembríos no dejaban “ver ganancias”. Y esa decisión fue trascendental, sostiene. A partir de entonces conoció, por ejemplo, que reciclar semillas no era óptimo. Ella decidió sembrar maíz con semillas certificadas.

Adriana Campozano le apostó al estudio y a la capacitación técnica para mejorar sus cultivos familiares. Foto: Cortesía Foto: El Universo

“Evidencié (tras capacitaciones de ingenieros como los de Yara) que el uso de fertilizantes basados en nitratos da mejores resultados en el cultivo. En la época de mis abuelos, los rendimientos oscilaban hasta en 2,27 toneladas por hectárea. Ahora, los rendimientos son de 8,17 a 9,1 toneladas por hectárea”, expone Adriana.

El haber apostado por la educación para mejorar sus cultivos la hizo motivar a otras mujeres a seguir sus pasos. “Actualmente pertenezco a la organización Amucomt, Asociación de Mujeres Comunitarias del cantón Tosagua, ubicado en la provincia de Manabí. Lidero a un grupo de mujeres productoras en donde nos dedicamos a las actividades agrícolas en campo, específicamente realizamos trabajo de siembra y fertilización de menor esfuerzo físico, en el cultivo de maíz”.

Hay que buscar mejores formas de sembrar y cultivar, expone Fabián Merchán

Recuerda su infancia en vastos cafetales, cuando veía, de la mano de sus abuelos, cómo la tierra era pródiga, que les daba de todo. Ahora, y a sus 24 años, con escasos meses para titularse como ingeniero agropecuario, da gracias por haber crecido junto al agro, pues aquello lo sigue inspirando.

Su padre es un productor maicero en Manabí y su espíritu innovador lo ha empujado a que su familia, incluido Fabián, busque las mejores formas de sembrar y cultivar para obtener buenos resultados. Todo el tiempo están ensayando nuevas maneras de nutrir los cultivos sin afectar el suelo, asegura.

Fabián Merchán llama a los jóvenes a invertir en educación, pues esto les ayudará a mejorar la calidad de sus cultivos. Foto: Cortesía. Foto: El Universo

“Mi objetivo es convertirme en un referente de la agricultura de nuestra zona, siendo un ejemplo por las acciones mas no por las palabras, en donde pueda lograr incentivar las ganas de los jóvenes productores en mejorar cada día nuestros campos, volver a hacer de la zona sur de Manabí una élite de la agricultura en Ecuador, sin olvidar el cuidado de nuestro planeta”, expone Fabián.

Él sueña con un mundo mejor alimentado, con acceso y sin exclusiones, donde se produzcan alimentos de calidad para una población en crecimiento.

Por mejorar cultivo de banano, hizo maestría, dice Jorge Valle

Jorge Valle Torres es la cuarta generación de productores agrícolas. Es de Machala. A sus 23 años se graduó como ingeniero agrónomo de la Escuela Agrícola Panamericana Zamorano, centro de prestigio en Latinoamérica.

Cuenta que su bisabuelo empezó este amor por el trabajo en la tierra, por producirla y por recibir también de ella las mejores y diversas cosechas. Pero fue su padre quien desarrolló más el área agrícola, expandiendo las tierras y manejando especialmente el cultivo de banano.

Jorge quiere cuidar a su familia y a la tierra con el compromiso de capacitarse cada vez más.

Para Jorge Valle es vital prepararse para luego aplicar los conocimientos adquiridos en los cultivos. Foto: Cortesía Foto: El Universo

“Es mi deber apoyar a mi familia y ayudarlos a crecer. Poco a poco me he ido involucrando más en cada una de las actividades de mi padre, aprendiendo de todo, desde el campo hasta el procesamiento de la fruta en la empacadora. La necesidad imperiosa de ser más rentables nos ha obligado a tomar algunas iniciativas, dentro de las cuales está reducir costos de producción. Formar una empresa de agroquímicos y de transporte nos benefició mucho para lograr este objetivo. Sin embargo, para optimizar al máximo los recursos y aumentar nuestra productividad me he visto forzado a seguir estudiando y formarme más. Mi pasión por la investigación me llevó a publicar un artículo en una revista especializada y a continuar una maestría de Administración de Agronegocios Sostenibles”, narra Jorge.

Cultivar el mejor arroz de Santa Lucía, la meta de Heitel Lozano Morocho

Heitel Lozano Morocho es un joven productor de arroz de la provincia del Guayas. Tiene 20 años y su sueño es continuar con lo que empezó su abuelo: seguir cultivando el mejor arroz del cantón Santa Lucía. Y para eso tiene como meta ser ingeniero agrónomo, cursa ya el primer año de la carrera.

Desde pequeño ha sido testigo de cómo su abuelo y su padre han crecido con la actividad agrícola. Empezaron con 10 hectáreas y ahora tienen 400.

Heitel Lozano habla de los cambios que ha podido implementar en sus cultivos, gracias al aprendizaje. Foto: Cortesía Foto: El Universo

¿Por qué estudia?

Porque quiere aplicar la tecnología y la innovación en toda la siembra para obtener la mejor cosecha, contribuir a su familia y a la economía del país, asegura. Ha visto cómo las llamadas soluciones nutricionales fortalecen sus cultivos.

“Los cambios que he podido presenciar en fertilización, cosecha y productividad han sido radicales. Antes, en la época de mi abuelo, todas las actividades agrícolas eran a mano; los cortes de espiga y la cosecha. Cuando era niño pude ver cómo mi padre fue cambiando e innovando esas prácticas agrícolas en nuestra finca. Hoy en día usamos máquinas pequeñas, fáciles de transportar que nos ayudan a cuidar el cultivo”, manifiesta Heitel.

Ecuador representa un mercado en potencia de ser una despensa de alimentos para el mundo... Somos conscientes de los retos que enfrenta el campo en materia de cambio climático, aumentar los niveles de producción, mejorar la calidad de los productos, uso eficiente del agua y suelo.

Jaime Vinces, de Yara Ecuador, organización que ha capacitado, sin costo, a 10.000 agricultores en Ecuador