Como “riesgoso” calificaron el expediente de Carlos en una institución financiera de Guayaquil cuando solicitó un crédito. Él tiene 85 años y necesitaba $ 20.000 para invertir en un negocio. Indica sentirse sano y que “no piensa morirse a corto plazo”, por eso le “indigna” que le hayan negado el crédito.

Me lo negaron por ser viejo. Piensan que con nuestra edad uno ya no vale. Les mostré que recibo ingresos y que era capaz de pagar, pero dijeron que no”, reprocha. Su disgusto es mayor porque tenía una cuenta de ahorros por más de cinco años en la institución que le negó el crédito.

Debido a esto cerró su cuenta y empezó a buscar otras instituciones que le pudieran ayudar: “Pero solo encontré ciertas cooperativas que daban créditos, pero solo hasta $ 1.000 a los viejos como yo y no me aceptaban ubicar de garante a otro viejo y yo conozco puros viejos”. Carlos desistió de la inversión en el negocio.

Las personas de la tercera edad se encuentran con este tipo de trabas a la hora de solicitar créditos en Ecuador, ya que su estado de salud y su proyección de vida influye mucho a la hora de ser candidato a un préstamo. El grupo de mayores de 65 años en el país ascendía, hasta diciembre de 2020, a 3′263.342 personas, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos.

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“Los préstamos para este grupo de personas también dependen de la edad. Cuando uno saca un crédito por ley se debe acceder a un seguro de desgravamen que garantiza, en caso de fallecimiento del deudor, el pago a la entidad financiera”, dice Héctor Delgado, analista económico.

Según el experto, las compañías de seguros son las que analizan los factores de riesgo del perfil del usuario a través de proyecciones, estimaciones y sistemas estadísticos: “Hay empresas que solo aceptan (asegurar) hasta los 70 años. Entonces, si la institución financiera da el préstamo (a alguien mayor a 70 años), corre un riesgo porque si esa persona no asegurada fallece, la entidad no tendrá quién le pague”.

Delgado afirma que con esto no se debe satanizar a las instituciones financieras, ya que lo que están haciendo es proteger el dinero que prestan el cual es de sus depositantes o socios.

Sin embargo, esto hace “muy difícil” que las personas de la tercera edad puedan acceder a créditos, añade Paola Aulestia, consultora financiera. Además, indica que esto orilla a esta parte de la población a caer en las redes del chulco o ser víctimas de estafas.

Un ejemplo fue lo que le pasó al papá de Camila. A mediados del año pasado su padre, de 89 años, quería que le prestaran $ 5.000 para tratar un cáncer que padece, pero ninguna institución accedió a darle el préstamo. Luego, familiares le pasaron el contacto de una “financiera” que estaba dispuesta a otorgarles el crédito.

“Todo lo hicimos por redes sociales y WhatsApp. Nos pidieron que depositemos $ 1.500 y que en una semana nos darían el crédito. Hicimos el depósito y desaparecieron, nunca más nos contestaron los mensajes y las llamadas”, lamenta Rendón. Ellos denunciaron el hecho.

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El limitado acceso a crédito por parte de las personas de la tercera edad no ha pasado desapercibido por los gobiernos de turno. En la administración del expresidente Lenín Moreno se estableció una línea especial de préstamos para mayores de 65 años a través de BanEcuador.

El 73 % de créditos fue a sectores productivos y el 27 % al consumo en quince meses de la pandemia

Sin embargo, los montos otorgados no cubren la demanda que actualmente existe. Según la rendición de cuentas de BanEcuador, en 2020 se entregaron $ 25,86 millones en créditos a personas mayores de 65 años. Esta cifra fue el 6,51 % del total colocado ese año.

“Las personas mayores a 65 años, cuyo acceso a la banca tradicional es limitado, recibieron el 6,51 % de las operaciones crediticias en el año 2020, brindándoles la oportunidad de desarrollar actividades productivas y de comercialización”, dice el informe.

Para Aulestia, son importantes los programas públicos de inclusión económica para los segmentos vulnerables de la población. Además, sugiere que el Estado debe generar alianzas con entidades financieras privadas para que estas impulsen estos préstamos.

Que (las entidades privadas) le apuesten a generar créditos para este sector vulnerable como parte de su responsabilidad social, ya que hay otra porción de la población (la que tiene entre 18 y 64 años) que sí le va a dejar réditos. Cierta porción de los créditos que colocan debe ir para este segmento, con soluciones que eviten retrasos en los pagos y que todo esto vaya de la mano con el tema de educación financiera”, afirma.

El Biess entregó $ 1.750 millones en créditos en los primeros seis meses del 2021

En tanto, para los 447.824 jubilados (con corte a diciembre de 2020) el panorama es algo más alentador, ya que ellos pueden optar por los préstamos quirografarios e hipotecarios que otorga el Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (Biess).

En lo que va del año, el Biess ha otorgado 1.794 millones de dólares en 1′435.345 préstamos quirografarios, que representa el 64 % del cumplimiento de la meta de colocación planteada por esta entidad financiera para el 2021, la cual es de 2.800 millones de dólares.

De hecho, Aulestia afirma que durante la pandemia muchos de los jubilados se han beneficiado de quirografarios. Según el Biess, en el segmento de usuarios de más de 81 años los desembolsos se incrementaron en relación con los otros grupos etarios cuyos índices para quirografarios disminuyeron.

En mayo pasado, el Biess explicó que más pensionistas están solicitando este producto financiero para ayudar a sus hijos o nietos que han perdido el trabajo en la crisis económica.

“Esto también refleja que las personas de la tercera edad, en este caso jubilados, también son importantes en la economía de los hogares y tratan de ayudar a sus familiares”, afirma Aulestia.

Ubicar una garantía también es una opción

Algunas instituciones financieras aceptan que los hijos, familiares o conocidos de una persona de la tercera edad puedan ser el garante del préstamo, señala Delgado.

“Si bien el deudor principal no cuenta con la cobertura (del seguro de desgravamen), está la garantía del hijo si es que fallece el deudor”, dice.

El especialista añade que en algunos casos las entidades también aceptan bienes como garantía, aunque eso dependerá de una evaluación: “Al banco no le interesa quedarse con un bien, ya que necesita el pago de dinero para seguir con el movimiento de los créditos, pero hay casos en los que aceptan la figura”. (I)