El viernes pasado se hizo pública oficialmente la muerte del jaguar hembra D'yaira ocurrida en mayo de 2018, solo cinco días después de ser liberada. Las instituciones y autoridades que manejaron el caso aseguran que no han ocultado el fallecimiento del felino.

Tarsicio Granizo fue ministro de Ambiente (MAAE) durante la liberación y posterior muerte de D'yaira. Asegura que desde la cartera de Estado, cuando él la dirigió, tampoco hubo la intención de “ocultar” información.

Nosotros estábamos esperando un informe sobre la muerte del jaguar que entiendo fue enviado por la USFQ (Universidad San Francisco de Quito) al MAAE en octubre de 2018 y yo salí (de la secretaría de Estado) en agosto, nunca vi el informe. Queríamos informar sobre la muerte, pero explicando a la ciudadanía el por qué de la muerte”, señala.

Dice que el MAAE y la USFQ decidieron esperar el informe para realizar una declaración pública: "Yo asumo la responsabilidad de esa decisión porque lo que yo quería era anunciar lo que pasó de forma científica con los datos recogidos por los investigadores ya que fue un tema mediático (la recuperación y la liberación)".

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Sin embargo, Granizo afirma que siempre existieron tres hipótesis: intoxicación por plomo, falta de conocimiento para cazar y el ataque de otro jaguar.

Además, reconoce que hubo un extenso debate entre especialistas para decidir si se debía o no liberar al jaguar. "Hay científicos que decían que los animales nunca se recuperan un 100 % después de un ataque como el que sufrió D'yaira o que nunca quedan 100 % aptos para cazar. Otros decíamos que debíamos darle un chance porque la otra alternativa era el encierro de por vida. D'yaira cazaba (en el proceso de rehabilitación) presas vivas y no veía humanos".

Resalta que este caso tiene una parte "muy exitosa" debido a los procedimientos médicos que se aplicaron para que el animal viva y que logre caminar. También de que hubo la posibilidad de monitorear al animal con un collar lo que era un caso "único" para la ciencia.

"La jaguar valiente", quien tenía 18 perdigones en su cuerpo, fue víctima de cazadores en #Sucumbíos. ► https://t.co/pTSesAYTjs pic.twitter.com/dVCdzKDBJg

A pesar de la tristeza que genera la muerte, el caso dejó varias "enseñanzas", indica Granizo. La primera es que se evidencia que todavía existe en el país la cacería furtiva. Lo segundo, es que se observó un gran esfuerzo por salvar al animal a través de métodos con la más alta tecnología que había en ese momento y que estos servirían para tratar otros animales.

Por último, el caso sigue exponiendo la tasa de deforestación alta que tiene Ecuador y que amenaza fundamentalmente a especies como el jaguar. De allí la importancia de las áreas protegidas, de los corredores de conservación.

"Es importante saber por qué murió ya que se pueden tomar medidas para que esto no vuelva a pasar", señala Granizo.

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María Cristina Cely, veterinaria y quien ayudó a conseguir el collar para D'yaira, concuerda con Granizo en que es necesario tener claras las causas de la muerte. Además, afirma que los exámenes a los restos del animal los debió realizar otra institución diferente al MAAE y a la USFQ para darle más transparencia a los resultados.

"Ellos (USFQ) encontraron al animal, ellos hicieron los exámenes, ellos hicieron el informe. Era necesario un tercero para confirmar lo del plomo y mejorar la credibilidad. Además, el plomo no necesariamente pudo ser la causa de la muerte", afirma.

También asegura que "indudablemente hay cosas que se pudieron hacer mejor", especialmente en el proceso de liberación. Cely, dice, trató de gestionar un helicóptero para el trasladado de D'yaira para reducir el estrés al máximo, pero no se pudo.

"Se debió esperar más, tenerla en un recinto más grande de preliberación ya que pasó de un recinto pequeño directo a la liberación. Se pasó del punto A al punto C sin pasar por el B. Lo rescatable es que probó la libertad, pero esto solo reduce un poco el dolor ya que le fallamos", añade.

La USFQ asegura que los perdigones que quedaron en el cuerpo de D'yaira liberaron plomo y eso la mató, pero especialistas que trataron al animal como Andrés Ortega no están de acuerdo con esa conclusión.

"En todos los análisis de laboratorio del jaguar, el nivel de plomo en la sangre era de menos de 0,0001 microgramos de plomo por decilitro de sangre. El análisis de la última muestra (tomada momentos antes de su liberación) en cambio reveló 1325 microgramos de plomo por decilitro de sangre. Esos análisis claramente indican una liberación de grandes cantidades de plomo”, señala Diego Cisneros, director del Hospital de Fauna Silvestre Tueri de la USFQ.

Estado ecuatoriano debe garantizar vida de animales silvestres

Para la rehabilitación, recuperación y posterior liberación de felinos grandes como D'yaira se necesitan centros equipados y muy grandes como el de San Diego de Estados Unidos. Estos establecimientos tienen los recursos necesarios para ayudar a muchas especies de animales.

Sin embargo, en Ecuador los centros de rehabilitación no cuentan con apoyo del Estado y tratan de sobrevivir "como pueden", dice Cely. "Hay centros (privados) como Proyecto Sancha que ya no pueden más porque no reciben ayuda estatal. Nos golpeamos el pecho diciendo que en Ecuador los animales tienen derechos, pero no apoyamos a los gestores encargados de ayudar a la biodiversidad de este país", dice.

Además, la situación en Ecuador empeoraría ya que con la anunciada reducción del Estado el futuro de al menos 1 300 animales que habitan en los tres zoológicos administrados por Inmobiliar, que debe cerrarse hasta agosto próximo, es incierto.

Tras el decreto que establece el cierre de este empresa, estos centros deberán cambiar de administrador o sus especímenes tendrán que ser reubicados, pero todos los centros privados del país están saturados.

"Muchas de las personas que dirigen los centros le dedican su vida entera a ayudar a los animales y muchos, especialmente en medio de la pandemia, han tenido que mendigar para poder alimentar a sus animales", afirma Cely. (I)