En Pile, uno de cada cinco habitantes está ligado al oficio de tejer sombreros. En esta comuna manabita de 1400 habitantes hay artesanos que llevan décadas dedicados al tejido del sombrero de paja toquilla.

Fidel Espinal es uno de esos tejedores expertos que han dedicado más de 40 años al tejido de esta prenda, que ya recibió el reconocimiento de patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por parte de la Unesco.

“Nos ha dado mucho y creemos que entre esas cosas está el hecho de que hay respeto y cordialidad en la comunidad, pero nos falta una mejor comercialización”, sostiene Espinal.

La reputación del sombrero de Pile ha traspasado fronteras, pues actores y personajes importantes han gustado del laborioso tejido.

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El tejido en la comunidad es un regulador social, marca valores puntuales y morales, indica Sebastián Mosquera, antropólogo del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural.

Este especialista ha emprendido investigaciones sobre el origen de la comunidad que han permitido tener un listado –surgido de un censo– de quiénes se consideran tejedores.

Dentro del rito de enseñanza del proceso del tejido existe una especie de acuerdo entre tejedores expertos y novicios o aprendices.

“La persona que se encarga de asegurar que el aprendiz esté cumpliendo con los pasos necesarios para convertirse en parte de la comuna es fundamental. En el caso de los tejedores, ellos se convierten en parte de la comuna cuando ya son llamados tejedores, como por ejemplo cuando ya pueden tener el derecho de llevar sus uñas de sus pulgares largas que sirven para el tejido”, asegura Mosquera.

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El antropólogo agrega que ha analizado que los tejedores expertos comienzan a enseñar a niños de entre ocho y doce años de edad valores del tejido, como la disciplina, la concentración hasta en la postura para elaborarlo.

En Pile son alrededor de 247 las personas que son calificadas como tejedoras. Las características que deben mantener los tejedores es al menos tener 40 años y la mayoría de ellos haber tejido muchos sombreros.

“Puede que haya un joven de 20 años que ya haya tejido unos ocho sombreros, pero no se llama tejedor, entonces hablamos con él y nos va a decir “todavía estoy aprendiendo”, que no tiene la edad, porque todavía no tiene hijos, porque el tejido va marcando líderes”, indica Mosquera.

Explica que ahora se iniciará un proceso de indagación respecto a conocer cuántos aprendices están en Pile, localidad de Montecristi. (F)

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Comercio e identidad

En la comunidad de Pile se desarrolla un plan de gestión integral de la reactivación de la Escuela Taller Pile. En uno de los cuatro ejes de este programa, dentro del aspecto comercial, se busca obtener capacitaciones para que de forma conjunta entidades gubernamentales con habitantes de esta comuna montecristense puedan ir conociendo buenas prácticas de manejo de pesticidas orgánicos que ayuden a eliminar a los caracoles africanos que afectan a los toquillales. Otros ejes van desde el fomento cultural para que las nuevas generaciones de Pile se empoderen de la historia del tejido y lo que significa.