Los migrantes mexicanos que quieren ingresar a Estados Unidos clandestinamente pagan de $ 5.000 a $ 10.000 a bandas de traficantes de personas. Quienes lo intentan desde países centroamericanos cancelan entre $ 10.000 y $ 12.000. Si el migrante es de Brasil, por ejemplo, su viaje llega a costarle entre $ 12.000 y $ 15.000; pero si la travesía se inicia en países asiáticos, la larga y peligrosa ruta llega a costar $ 40.000.

Pese al recrudecimiento de la política migratoria del gobierno estadounidense de Donald Trump y al blindaje reforzado en su frontera con México, así como de este país con Guatemala, el flujo de migrantes se incrementa, como también van en aumento las organizaciones dedicadas al tráfico de personas que se mueven por aire, mar y tierra.

Así lo alertan organismos como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) y la Unidad Especializada en la Investigación de Tráfico de Menores, Personas y Órganos, de la Fiscalía de México, publica el diario mexicano El Universal.

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El tráfico de migrantes se ha convertido en una de las actividades más lucrativas para la delincuencia organizada, solo en el 2016 afectó a 2,5 millones de personas en el mundo y generó ganancias por $ 7.000 millones, según Unodc.

Marco Vargas, inspector del Departamento de Investigación de la Policía Federal, refiere que se ha incrementado el volumen de migrantes, “Las fronteras son porosas”.

El fenómeno masivo ha provocado que se cometan delitos hacia los migrantes como robo, violación o secuestro. Aunque las fronteras se cierren, el ilícito tiene mutación por otras vías, nuevas rutas por donde, además, se trafican droga, armas y dinero, dice Vargas.

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Una cantidad sin precedente de familias ha estado llegando a la frontera sur de EE.UU. en el último año.

De octubre a fines de junio, la Patrulla Fronteriza arrestó a más de 688.000 migrantes, de los cuales más de la mitad eran familias y menores de edad no acompañados. Aunque gente de todo el mundo ingresa a Estados Unidos por la frontera con México, la gran mayoría provenía de Guatemala, Honduras y El Salvador, países centroamericanos donde la violencia y pobreza han castigado muchas vidas, publicó AP.

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A quienes logran llegar hasta la frontera de México con EE.UU., después del largo viaje, les espera otro largo desafío.

Trump ha adoptado una serie de nuevas políticas que hacen casi imposible solicitar asilo a través de los cruces fronterizos. Los migrantes que quieren pedir asilo en EE.UU. son obligados a esperar en México, sumándose a miles de otras personas en una lista de espera.

Pasan meses hasta que se les permite acercarse a funcionarios estadounidenses para iniciar el proceso. El Gobierno estadounidense decide cuántas personas pueden solicitar asilo diariamente, pero hay días en los que no llaman a nadie en algunas ciudades.

Con las restricciones, casi 20.000 migrantes han sido regresados a México para que esperen allí la respuesta a su petición de asilo.

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El Gobierno mexicano dijo que habilitará nuevos espacios para acoger a migrantes, en un intento por desahogar los saturados albergues, donde miles de personas han esperado por meses una respuesta a sus solicitudes de asilo.

Dos nuevos albergues serán instalados en las ciudades fronterizas de Tijuana, en el estado Baja California, y Ciudad Juárez, en Chihuahua, con capacidad inicial para 4.000 personas cada uno, publicó Reuters.

Para los migrantes que ya están en Estados Unidos y tienen procesos pendientes de inmigración, la espera es demasiado larga: un promedio de dos años para una audiencia. Hay casi 900.000 casos a la espera de una audiencia en las cortes de inmigración. (I)