Hablar de la vida de José María Velasco Ibarra es explayarse en la agitación de la política.

Durante cuatro décadas el caudillo fue la figura principal de la escena política del país. Pero los escritores y cientistas sociales también sucumbieron a la seducción velasquista, ellos destilaron con sus plumas centenares de páginas que desde la ficción y desde las ciencias sociales trataron de explicar el porqué de este fenómeno.

Un ensayo que marca el inicio de los intentos de desentrañar el velasquismo fue el libro del periodista Pablo Cuvi titulado 'Velasco Ibarra, el último caudillo de la oligarquía'. Basado en una maratónica entrevista, el autor busca en el texto dar respuestas a interrogantes muy importantes como ¿es el velasquismo populista o solo caudillista?, ¿cuál era su raíz ideológica?. Es una obra escrita que recoge los propios testimonios del personaje, lo que lo convierte en valioso debido a que el propio Velasco jamás escribió sus memorias. Libro de consulta imprescindible para tratar de comprender el fenómeno político más importante del siglo XX, de él diría Pedro Jorge Vera "el libro es una seria contribución a la historia contemporánea del Ecuador".

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La obra de Cuvi abriría la puerta para otras publicaciones académicas como las obras de Rafael Quintero, 'El mito del populismo'; o la de Carlos de la Torre, 'La seducción del Velasquismo', libros de alta dosis académica, infaltable es de mencionar el texto de Robert Norris, profesor norteamericano que se llegó a especializar en la historia política ecuatoriana del siglo XX , titulado 'El gran ausente', publicación en dos tomos, no solo un intento honesto de presentar la biografía de Velasco no desestimando su lado más humano, sino que también profundiza pasajes importantes de los acontecimientos políticos del país. Libro profundo, ágil y de fácil lectura, lamentablemente la muerte de Norris solo le permitió seguir la vida del caudillo hasta 1961, es decir durante su cuarto periodo, lo interesante es una frase que está en el libro y que pronunció el propio Velasco: “Regresaré, como he regresado otras veces”, frases proféticas que describen las idas y venidas del personaje.

Pero alejándose de la densidad académica, la literatura es el campo donde el personaje ha sido retratado de todas las formas que la imaginación pueda abarcar. Velasco es un ser que para los literatos se acomoda a los diversos estándares literarios, es el verbo que se funde con las masas, es el profeta, el caudillo, el líder, un fantasma, es aquel personaje de extremada delgadez casi un asceta, dueño de la calle, del balcón, donde su fogosa oratoria ametralla a los enemigos del pueblo. Es un personaje de una extraordinaria riqueza que alimenta una forma de mito popular. Alfredo Pareja en su novela 'Los poderes omnímodos', lo convierte en Alárico Zaragata, un líder que abarca la memoria colectiva y que es el eje de la política nacional. Por ella desfilan personajes como Arroyo del Río, Francisco Arízaga Luque y en el fondo la tragedia de 1941 y el drama de la revolución fallida de mayo de 1944.

'El pueblo soy yo', de Pedro Jorge Vera, es el retrato del dictador, figura tan imprescindible de la política latinoamericana. Velasco en la obra de Vera es el modelo perfecto del dictador, con todas sus características, tanto que se entronca con la novela de Miguel Ángel Asturias 'El señor presidente'.

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Para Luis Félix López, en su obra 'La noche del rebaño', Velasco es el caudillo, personaje guía, que encandila y seduce casi de manera hipnótica a las masas. Félix López lo muestra como un duende cuya presencia inquieta a las élites. Mezcla de ficción con hechos reales de la historia del país, hay un personaje que destaca después del caudillo y es Carlos Guevara Moreno, una especie de sosias de Velasco.

Y hace poco salió en las librerías 'El perpetuo exiliado', de Raúl Vallejo, obra ganadora del Premio Héctor Rojas Herazo cuyo título evoca de manera precisa la vida de Velasco, con un estilo depurado la novela de Vallejo muestra al político y al hombre casi con perfiles de tragedia griega, condenado a ejercer el poder en un país donde las pasiones infinitamente chicas y la falta de responsabilidad son parte de la cotidianidad.

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Aunque la figura de Velasco se mantiene, se va difuminando también, y estas obras permiten mantener vivo el mito. Un mito que aun sigue rondando la vida del Ecuador. (I)