Más incierto que Heisenberg

29 de Enero, 2019 - 00h00
29 Ene 2019
29 de Enero, 2019
29 Ene 2019

En la antigüedad vivían unos hombres ciegos convencidos de su sabiduría. Competían entre ellos para demostrar quién era el más sabio. Un día el rey llamó a los seis hombres al palacio y les hizo tocar un elefante.

Luego que tocaran el elefante el rey les preguntó: “¿Cómo es un elefante?”. “Es como una larga serpiente”, dijo el ciego que había tocado la trompa. “Es como un gran tronco de una gran palmera”, dijo el sabio que había tropezado con una de las patas. “Es como una soga”, dijo quien examinó la cola.

Seis hombres ciegos y sabios y seis definiciones distintas. En palabras de Werner Heisenberg, “lo que observamos no es la naturaleza en sí misma, sino la naturaleza expuesta a nuestro método de cuestionamiento”.

¿El principio de incertidumbre de Heisenberg también postula que las personas influimos en las situaciones y así promovemos nuevas posibilidades? ¿Cómo un científico observando partículas? Un buen profesor promueve nuevas posibilidades de conocimiento; un marketer influye en los mercados; un candidato en los electores. Y usted, en su entorno.

Pero el entorno, su entorno, va a cambiar. Cada vez más. Más aceleradamente. Y sin su influencia. ¿Cómo resolverlo?

El filósofo y pedagogo español José Antonio Marina sostiene que “toda persona, institución o sociedad necesita, para sobrevivir, aprender –al menos– a la misma velocidad con que cambia su entorno”.

Pero los contenidos y herramientas educativas de Ecuador se ajustaron hace casi cinco años para nivel básico y el 2016 con la creación del bachillerato unificado. Y en palabras del ministro, el propio sistema educativo no cumple con las necesidades de la población.

De hecho, la raison d’être de la educación es prepararnos –a todos– para el futuro incierto. Pero, ¿con contenidos, métodos, herramientas y pruebas desgastadas?

Cuando aparecen –en época de campaña– las encuestas sobre las preocupaciones de los ecuatorianos, ¿aparece la educación? La triada que quita el sueño de los ecuatorianos desde el 2016 –y cada año– es economía, empleo y corrupción/delincuencia.

Odiamos la incertidumbre. Y la educación, al crear posibilidades, puede ser incómoda. Quizá por eso recurrimos a fórmulas conocidas, historias repetidas y lugares comunes como si fuesen dogmas.

El último ciego se acercó al elefante, tocó su oreja y dijo: “Ninguno ha acertado, un elefante es como un gran abanico”. Entonces el elefante avanzó, aplastando al ciego, y pensó: “estos humanos son todos planos”. He ahí una certeza. (O)

Más incierto que Heisenberg
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2019-01-29T10:43:12-05:00
En la antigüedad vivían unos hombres ciegos convencidos de su sabiduría.
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