Atardecía el domingo último y Diana Zambrano mostraba mayor ilusión. Su vivienda ya tomaba forma. Los nueve jóvenes voluntarios que venían ‘trabajando’ en la obra durante las últimas 36 horas finiquitaban detalles: solo les faltaba instalar techo, puertas y ventanas.

Diana estaba ilusionada porque al fin, después de exactamente cinco meses y dos días, ella y sus dos pequeños hijos tendrían de nuevo una casa propia. Allá en Tabuga, localidad de Jama, Manabí, el terremoto del 16 de abril anterior también marcó a decenas de familias como la de Diana, que quedaron en la nada. La mayoría de las viviendas eran de construcción mixta y el sismo las echó abajo.

El sábado, cuando habían pasado cinco meses y un día de la tragedia, a Tabuga llegó una decena de buses con 465 jóvenes de todas partes del Ecuador, e incluso del extranjero. Fueron a ayudar en la reconstrucción de la localidad con el levantamiento de viviendas de emergencia, prefabricadas y con medidas de 6 metros por 3 m, a través de la ONG Techo.

Apenas llegaron, a las 07:00 del sábado 17, los voluntarios instalaron sus carpas bajo los árboles, en los alrededores de una cancha de fútbol de uno de los refugios de Tabuga. Desayunaron e inmediatamente se congregaron para dividirse en grupos de hasta 10.

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Entonces cada conjunto conoció a la familia a la que le construiría su casa de emergencia. Tomaron sus materiales y caminaron hasta los terrenos de los beneficiados. A Diana, nacida en Tabuga y madre soltera de dos niños, de 6 y 4 años de edad, le tocaron voluntarios de Guayaquil, Quito, Manta, Loja y una estadounidense. Se autodenominaron Los Viches, por el ofrecimiento de la futura dueña de la nueva casa en prepararles ese típico plato manabita para el almuerzo.

Techo, una de las varias ONG que ha trabajado con comunidades para su reconstrucción después del terremoto, motivaba a los voluntarios a crear vínculos con las familias y no solo limitarse a levantar las viviendas.

“No solo vamos a construir casas, vamos a participar con la familia, vamos a jugar con los niños y conversar con los padres”, animaban los líderes a los voluntarios.

Más viviendas

Desde el terremoto hasta la fecha, esta ONG ha entregado en Tabuga 96 viviendas al mismo número de familias, cuenta Gabriela Arrastúa, directora social de Techo Ecuador.

El 15 de mayo se hicieron las primeras 10 casas, en junio, 17; en julio 25. Y el domingo anterior el número ascendió a 44 viviendas solo ese día. “Pensamos construir nuevamente en Tabuga a mediados de noviembre si siguen apoyando las empresas”, dijo Arrastúa, oriunda de Argentina. Techo también entregó otras 18 en Muisne, Esmeraldas.

El trabajo de esta organización se evidencia al ingresar a la comunidad de Tabuga. En el paso del bus, decenas de casas se dejan ver desde la carretera. En otros momentos, el panorama es algo desolador: carpas donadas por China -y que refugian a decenas de damnificados- también son parte del paisaje, de cerros llenos de vegetación y que ocultan, a pocos metros, el mar.

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Aquí, como seguramente en otros poblados de Manabí y Esmeraldas, la asistencia social y de salud sigue siendo indispensable.

Preocupación por pilotes

Construir una casa en teoría es bastante sencillo, puesto que son prefabricadas. Pero en la práctica, hay quienes terminan preocupándose porque el primer día no cumplen el objetivo.

El sábado deben quedar listos los cimientos de la casa, es decir, instalar los doce pilotes que la sostendrán. Para esto, se debe cavar la tierra, colocar el pilote maestro que servirá de guía para los once siguientes. Si el terreno es inclinado, ya hay cierta dificultad, pues se deben tomar medidas muy rigurosas para que estos pilotes queden exactos y el piso termine bien nivelado, sin ninguna inclinación.

Pero también cavar puede traer sus dificultades si justamente donde se debe hacer el hueco hay alguna roca. A este grupo, Los Viches, le tocó remover tres de ellas. Es, como pueden considerar, el trabajo más complejo.

Al anochecer del sábado, muchos grupos estaban preocupados. Temían no cumplir con la tarea de levantar la vivienda asignada. Los Viches, esa noche, solo tenían listos siete. Otros grupos lograron instalar cinco, otros hasta tres, en los casos más trágicos. Sin embargo, los más afanados, y con un terreno más sencillo donde trabajar, habían dejado listo el piso, inclusive.

El domingo, sí o sí, debían retomar la construcción lo más temprano posible. A las 07:30 de ese día, los voluntarios en la casa de Diana ya estaban de vuelta en el trabajo. La misión era tener los 12 pilotes instalados antes de las 11:00.  Luego colocaron el piso. El resto fue más sencillo.

A las 18:00, Los Viches ya habían puesto el techo y las ventanas. Estaban finalmente con la puerta y Diana ya se mostraba ansiosa por estrenar su casa. Con una sencilla celebración, entre globos, serpentinas y una torta de piña, el grupo le entregó la vivienda a esta madre soltera apenas había caído la noche, “casi a los apuros”, como lo dijo Jorge Rivas, líder del grupo, pues los buses que llevaban a los voluntarios a sus ciudades de origen estaban al filo de partir.

Corta de palabras, ella se limitó a agradecer por su nueva vivienda. Pero siempre estuvo en el sitio, al igual que su padre, Osvaldo, pendientes de que no faltara nada, ni ciertas herramientas, agua o alimento para los voluntarios.

Matías Paredes, uno de los integrantes del grupo, animó a sumarse al voluntariado. “Esto es algo que nos afecta a todos, no solo a nuestros hermanos que están aquí en la Costa. Si todos podemos poner un granito de arena, pronto podremos construir castillos”.

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La ayuda nunca va a ser suficiente. Las ONG como Techo esperan más voluntarios que sigan participando en estas jornadas, al igual que empresas que financien proyectos como este.

Según Gabriela Arrastúa, los beneficiados son elegidos por tres situaciones: familias que viven en carpas, en refugios improvisados y aquellas casas en las que el Ministerio de Vivienda había colocado un cartel rojo que significa inhabitable.

Para participar

Si quieres dar la mano, el 1 y 2 de octubre habrá una nueva jornada en Cabuya, a 5 minutos de Tabuga, donde se construirán otras 45 viviendas.

Para participar en este voluntariado se debe pagar primero $ 5 a la cuenta corriente 34404860 del Banco Guayaquil, a nombre de Un Techo Para mi País.

Luego enviar foto del recibo con tu nombre y ciudad al e-mail voluntarios.guayaquil@techo.org, para quienes saldrán desde esta ciudad.

Para mayores detalles e información, visita la página web de Techo.

Una vez confirmado, deberás conseguir algunos elementos para llevar al sitio, que estarán detallados en el correo que te enviarán.

La organización incluye traslado, dos desayunos y una merienda. Es recomendable que lleves algunos snacks. (I)