Una decena de jinetes guía a sus caballos hacia la zona donde mueren las olas. Los animales se resisten, pero más puede la maestría de los montados. Dan la espalda al mar bravío, hacen fila y se toman fotos. Para la mayoría, es la primera vez que cabalgan al pie del mar, pues vienen del agro guayasense, donde solo hay potreros y ríos.

El cuadro se aprecia minutos previos al inicio de la cabalgata denominada Amigos de Playas, organizada por la Confraternidad de Caballistas de este cantón, que cuenta con el segundo mejor clima del mundo y una playa de 14 km. Y esa área sirve de pista para la travesía, entre el mediodía y la tarde del sábado 6 de junio del 2013, vigilada por un receloso sol.

Más de 300 caballistas, como a ellos les gusta llamarse, llegaron desde la mayoría de cantones del Guayas y hasta de zonas de Manabí. La cifra se constituye en un récord en el país en cuanto a cabalgatas. Así, Playas se ratifica como el centro de esta actividad al pie del mar, pues en enero también se realiza la Cabalgata de los Reyes, cuya marca es de 200 participantes.

Desde las primeras horas de este sábado, el movimiento en la playa de Data, km 13,5, ha sido intenso. Llegan los camiones con los equinos. Los caballistas se toman todo el tiempo para, con paciencia, ensillar.

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El primero en llegar es el sargento (r) de la Policía, Aurelio Chila. “Esto ya es histórico, nadie puede creer, porque siempre soy el último en llegar”, refiere el hombre de piel trigueña, quien lidera el grupo de 20 delegados de la Asociación de Ganaderos de Balzar.

Y arriba una diversidad de caballistas, de caballos. Llegan montubios, citadinos; peones y dueños de haciendas; pelucones y no tan ricos.

Pablo Alberto Bermúdez Álvarez, quien asiste junto con 15 compañeros de un grupo del cantón Simón Bolívar, dice que en la cabalgata se terminan las diferencias: “Aquí todos somos uno, porque el olor del caballo le da igualito a pobres y pelucones, a hombres y mujeres”.

La banda de músicos de Engabao alegra la mañana. Los grupos se inscriben y retiran sus órdenes de cebiche y plato fuerte, para después de la jornada. Entre las delegaciones están las de Samborondón; de Guayaquil; Asociación de Ganaderos de Palestina, con 20 miembros; y Yolán, de Los Lojas, la parroquia más antigua de Daule.

En caballos, uno mejor que otro. Hay de paso fino colombiano; de paso peruano; españoles, árabes y runos, como llaman a los criollos. Kléver Vargas, de la Asociación de Ganaderos de Yaguachi, por ejemplo, monta uno de paso colombiano que lo compró en $ 10.000.

Las monturas también son de distinta clase y valor. Sus precios van de $ 350 en adelante, dice Luis Baque, distribuidor y reparador cuyo taller está en la coop. Siete Lagos, Guayaquil.

La cabalgata, rítmica, con donaire y gallardía, se toma menos de dos horas hasta llegar al malecón de Playas. Allí jinetes y caballos muestran su destreza. Luego se presentan artistas y una orquesta.

El objetivo de esta actividad es promover el turismo en la época baja, según Jorge Triviño, presidente de Amigos de Playas.

“Me apasionan los caballos y me encantó verlos. Cabalgar en la playa es una cosa diferente, para los jinetes y caballos”. José Massú, chileno en Guayaquil