Un teléfono móvil “obsoleto” (que ya no soporta actualizaciones, pero que es capaz de recibir señal y grabar) es conectado a una especie de molino de viento de ocho aspas equipadas con minipaneles solares que le dan energía para estar encendido las 24 horas. El dispositivo se coloca en la copa de los árboles dentro de áreas protegidas y empieza a registrar los sonidos de la naturaleza y de posibles delitos ambientales como tala o caza ilegal y minería.

A esta herramienta se la conoce como “guardián del bosque”. Diez guardianes están colocados en la reserva privada Mashpi, en la región del Chocó Andino considerada la séptima reserva de biósfera en el mundo, en el noroccidente de Quito.

La tecnología fue implementada por una alianza entre Mashpi Lodge, Fundación Futuro y Rainforest Connection, a finales de 2017. Estas grabadoras, que pueden enviar más de 50.000 archivos de sonido de un minuto anualmente, son parte de los programas de conservación de 2.500 hectáreas de bosque nativo.

Estos guardianes fueron utilizados por algo más de tres años para detectar delitos ambientales dentro de la reserva. Si bien hallaron sonidos de tala, estos fueron mínimos “porque el área está bien protegida”, dice Francisco Dousdebés, gerente de responsabilidad corporativa y sostenibilidad de Metropolitan Touring, empresa que administra la reserva. Esto pese a que cerca de la zona hay minería ilegal.

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Los guardianes se instalan en la copa de los árboles. Foto: Reserva Mashpi

Y por eso, desde mediados de 2021, se han empezado a utilizar las grabadoras para describir a los animales que habitan en el área y, especialmente, encontrar nuevas especies, dice el ejecutivo. “Al ver que eran mínimos los sonidos de motosierras, por ejemplo, se replantea todo el proyecto de guardianes del bosque y por eso el programa sufre este cambio y pasa a ser un pilar del estudio científico para el descubrimiento de nuevas especies”, añade.

Los grupos de animales que mayormente se han detectado son las aves, anfibios y mamíferos. Los sonidos de las especies entran en una base de datos algorítmica que luego es analizada por científicos especializados en bioacústica (estudio del audio para fines biológicos).

Los científicos de Rainforest Connection y de nuestro grupo de investigación de Mashpi se dedican a analizar estos audiogramas y por las diferencias de los rangos de frecuencias es como se llega a identificar diferentes especies”, indica Dousdebés.

Dentro de las aves se analiza en especial a las migratorias, ya que con esto se demuestra la necesidad de conservar estas “islas tropicales” de vegetación que permiten a especies de pájaros del norte y sur del continente tener estos oasis de alimentación durante sus migraciones de invierno.

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En tanto, en el grupo de los mamíferos se han detectado 53 especies de murciélagos, una cantidad elevada. También se han registrado monos aulladores, que están en peligro de extinción por la fragmentación de su ecosistema.

Los monos aulladores es una de las especies de mamíferos que viven en Mashpi. Foto: Cortesía Reserva Mashpi

Rainforest Connection tiene proyectos en 22 países donde utiliza tecnología y big data para permitir que los socios en el terreno conserven las selvas tropicales y los hábitats más amenazados del mundo. “Salvar las selvas tropicales no es solo la clave para detener el cambio climático, también es vital para apoyar a muchas de las comunidades más pobres del mundo que dependen de las selvas tropicales para alimentarse, albergar y ganarse la vida”, indica la organización.

Las investigaciones que ha impulsado esta organización han sido publicadas en revistas científicas de alto impacto. En Ecuador también ha participado en proyectos en reservas como Cerro Blanco.

Los guardianes necesitan mantenimiento cada cierto tiempo y personal especializado que se dedique a ello. Se necesita de expertos que suban a la copa de los árboles para cambiar los chips de los teléfonos. Además, se requiere reemplazar, en ocasiones, implementos que son dañados por animales como las ardillas. En Mashpi se busca ampliar la cantidad de guardianes, pero esto está atado a los fondos que se puedan generar.

El manejar un guardián del bosque con mantenimiento, equipos y panel solar cuesta entre $ 1.500 y $ 2.000. Nuestro reto es poder transmitir este conocimiento científico en bioacústica a los turistas que se hospedan en Mashpi Lodge y lo importante de conservar el lugar”, indica Dousdebés. (I)