¡Por fin termina el día laboral! Sin embargo, puede suceder que justo cuando uno se dispone a relajarse en el sofá, molestan algunos ruidos. A veces vienen de la calle, otras, retumba la música de algún apartamento vecino, repiquetean los tacones de la mujer del piso de arriba o un lavarropas no para de centrifugar.

El primer paso es detectar de dónde vienen los ruidos molestos. ¿Son de nuestro apartamento, de un vecino o de la cuadra? ¿Se debe tal vez a algún problema estructural de la construcción o a la falta de elementos aislantes?

Eco en ambientes amplios

Cuando tenemos un ambiente muy amplio y la decoración es más bien minimalista, todo resuena, indefectiblemente. Puede que hasta una conversación en un tono más bien moderado moleste.

Las cortinas evitan los ecos indeseados. Foto: Christin Klose

Colocar cortinas, alfombras, almohadones o muebles tapizados amortiguará el sonido. “El eco se produce al rebotar las voces u otros sonidos en las superficies lisas de las paredes o del suelo”, dice Martin Auerbach, que integra la dirección de Heimtex, la asociación que reúne a la industria textil para el hogar en Alemania. “Algunos textiles para revestir el suelo tienen incorporado un aislante acústico que amortigua ese eco. En caso de tratarse de un ambiente con grandes superficies de ventanas también existen cortinas acústicas que reducen notablemente el intervalo de resonancia”, apunta.

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Cuadros en lugar de alfombras

Otro problema puede radicar en el ruido que generan los pasos, ya sea dentro del apartamento o en otros pisos del edificio. Las alfombras son una gran ayuda para contrarrestar esos ruidos. No obstante, si uno prefiere una decoración sobria, sin cortinas pesadas, ni alfombras mullidas, puede optar por otros elementos “acústicos” para reducir la resonancia.

Las alfombras son una gran ayuda para contrarrestar el ruido de las pisadas. Foto: Bernd Settnik

Existen por ejemplo “cuadros acústicos” para todo tipo de ambientes. Se trata de objetos con superficies de poros abiertos. “Si el sonido impacta allí, todo el cuadro comienza a vibrar muy sutilmente, el sonido deambula de un lado a otro del objeto, va perdiendo energía y en algún momento desaparece”, explica el especialista Cristiano Lopes.

Cuando la causa está en la construcción

Si el ruido proviene del apartamento de al lado, el problema resulta mucho más complejo. Que los vecinos se atormenten mutuamente con sus conversaciones suele estar vinculado a problemas en la construcción del edificio, no a modos de vida.

“Si no se detecta la causa (del problema), el vecino no podrá evitar que se lo escuche aunque haga grandes esfuerzos”, dice Lopes. Un ejemplo simple: si los enchufes están colocados a la misma altura de un lado y del otro de la pared, no es muy sorprendente que los ruidos del vecino lleguen a nuestros oídos. El sonido se cuela hasta por los agujeros más pequeños. “En ese caso, el único modo de evitarlo es tapar el agujero y colocar los enchufes en otro sector de la pared”.

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Cambiar los muebles de sitio

El principio básico dice que la masa absorbe el sonido. Por eso Lopes recomienda utilizar las piezas más pesadas en la construcción de las paredes divisorias y los techos. Un buen material sería el hormigón, si bien no es una solución que puedan adoptar los habitantes de un edificio que ya está construido. De todos modos, el principio también funciona en casas y apartamentos de paredes finas.

Para evitar los ruidos externos en la casa es fundamental recurrir a ventanas aislantes. Foto: Christin Klose

Un modo de ponerlo en práctica a posteriori es colocando, por ejemplo, un gran armario o una biblioteca contra la pared que colinda con el vecino, ya que los muebles pesados también absorben el sonido. Otro buen consejo se remite a dónde colocar el equipo de música, el televisor o los parlantes, ya que no deberían ir apoyados ni en la pared, ni directamente sobre el suelo.

El sonido se expande por esas superficies de contacto, y los bajos o el lavarropas centrifugando se oirán muy bien en la casa del vecino. Vale la pena observar que los aparatos no estén pegados a ninguna superficie directa del apartamento.

Cielorraso

Cuando el ruido molesto es del piso de arriba, la solución puede estar en colocar un cielorraso por debajo del techo de los ambientes afectados. El sonido impactará en esas piezas, las hará vibrar y la energía se irá perdiendo hasta apagarse.

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Se trata de soluciones simples que pueden ser directamente aplicadas por el inquilino, si bien se recomienda recurrir a un asesoramiento previo para evitar errores. El procedimiento es simple, pero “puede salir muy mal”, advierte Lopes.

Por ejemplo, si uno toma para ello una suspensión fija en lugar de una elástica, “el techo no cumplirá con su cometido”. Solo una instalación flexible desacopla el cielorraso del sonido.

Las ventanas, un punto débil

Si el sonido proviene de la calle, la gran diferencia estará en la calidad de la ventana. Las ventanas aislantes pasan a ser un bien casi imprescindible si la vivienda se encuentra en avenidas de mucha circulación, en las inmediaciones de un aeropuerto o cerca de las vías de un tren.

“En la práctica, las ventanas suelen ser un punto débil”, señala Lopes. Las aberturas exteriores pueden amortiguar más o menos el sonido dependiendo de la construcción.

“Lo decisivo no es el material del marco, sino el tipo de fabricación de la ventana en sí”. Lo fundamental es la cantidad y el modo de colocación de las capas aislantes y del vidrio, además del tipo de vidrio en sí. La cantidad y el grosor de las capas de vidrio y la cámara de aire entre los vidrios será los que haga la diferencia. Existen siete niveles de ruido. El primer nivel llega hasta los 55 decibeles y puede remitirse, por ejemplo, al sonido que viene de la calle. El séptimo nivel se da al sobrepasarse los 80 decibeles y corresponde a una exposición sonora extrema. Las ventanas con un buen aislamiento suelen tener una insonorización de entre 40 y 45 decibeles. Cuanto mayor sea el aislamiento acústico que se quiera alcanzar, mayor serán las exigencias para lograr una buena instalación.