Decidí hacer un viaje especialmente para comer de la cocina de Giovanni Cambizaca, un chef que nació en Limón Indanza (Morona Santiago) y que su historia de éxito lo ha convertido en un personaje. Este emprendedor que tuvo que dejar a su esposa y dos hijos, contrató coyoteros para migrar a Norteamérica, en el camino fue secuestrado por agentes corruptos y al pasar la frontera corrió para no ser detenido por la policía de migración de los Estados Unidos, hoy maneja uno de los mejores restaurantes de Cuenca.

Se estableció en Baltimore (Maryland), donde encontró trabajo en el restaurante Petit Louis de la reconocida chef Cindy Wolf, quien le dio la oportunidad y lo fue guiando hasta convertirlo en su sous chef. En el año 2015 regresó, y siguiendo la misma línea de esa cocina francesa donde aprendió, Cambizaca en compañía de su esposa y su hijo menor atienden en el restaurante Le Petit Jardin.

Empecé con una sopa de cola de toro ($ 5), un potente potaje de color oscuro en el que se puede sentir la melosidad que dejan las articulaciones luego de pasar horas en la olla. Viene acompañada de fréjoles, zanahoria, papas y trozos de carne que se desmenuzan fácilmente. Este contundente caldo lleno de sabor fue perfecto para quitarme el frío y despertarme los sentidos.

Tratándose de una cocina de especialidad francesa, tenía que probar los escargots ($ 8,50). Los detractores de esta receta dicen que solo se trata de una forma distinta de comer mantequilla con perejil, para mí nada más alejado de la realidad. Si se usa con la mezcla correcta y no se sobrecocina el caracol (para que mantenga consistencia), como fue en esta ocasión, su especial sabor convierte esta entrada en una exquisitez.

Luego probé el ragout de cerdo con naranja ($ 13). Tres generosos pedazos de carne magra cocidos al horno, acompañados de cebollas, zuccinis y apio. Todo presentado sobre una deliciosa salsa apenas dulce que con su fondo cítrico resaltó el sabor de la tierna proteína.

Lo mejor de este sensacional almuerzo fue el magret de pato ($ 18). Esta preparación que solo se puede realizar con la pechuga de un ave que ha sido cebada especialmente para generarle la grasa suficiente y que al confitarla deje una capa crocante junto a su carne, no se encuentra comúnmente en los restaurantes y es de mis favoritas. Todos los elementos que el chef puso en el plato cumplieron su rol, con la coliflor crocante y trozos de manzana, juntó el ahumado con el dulce. Además, un cremoso puré de zanahoria con toque de jengibre para agregar una pizca de picor. Fue un festín de texturas y fantásticos sabores.

De postre un clásico, los profiteroles con crema pastelera y salsa de caramelo ($ 4) y para terminar helado de calabaza ($ 4), una rica creación en la que se manejó el dulce con mucha sutileza. Les recomiendo visitar este jardín de sabores, hagan reservación porque solo abren de viernes a domingo de 12:00 a 18:00. (O)