El ser humano, en su relativamente corta trayectoria en nuestro planeta, llegó al tope de la cadena evolutiva debido principalmente a su inmensa capacidad para adaptarse a cambios sucedidos en su entorno, por más hostiles y radicales que estos hayan sido. Sobrevivió a todos, y se hizo más fuerte y más sabio con cada prueba enfrentada y superada, lo que lo habilitó a aplicarse en descubrir e inventar formas más seguras de protegerse y reforzarse, respaldando así su forma de vivir.
Desde hace algunos meses la humanidad está una vez más en pie de guerra, enfrentando una nueva y grave amenaza contra su existencia. Hemos tenido muchas bajas y probablemente tendremos muchas más antes de terminar de conocer al enemigo y diseñar la forma de neutralizarlo.

Frente a la enormidad del problema presente, hemos llegado a darnos cuenta de que muchas de las dificultades que en su momento nos quitaban el sueño y torturaban nuestras vidas eran comparativamente bagatelas, magnificadas por nuestra inmadurez e inseguridad (¡qué no daríamos por volver a esos tiempos y poder enfrentar la adversidad con nuestra sabiduría actual!)".

Mientras lleguemos a ese nivel y aprendamos a controlar los daños (y ese día llegará) necesitamos adaptarnos a este clima de guerra y aceptar que tenemos que sobrevivir hoy, con las concesiones que debamos hacer, para poder ver el día de mañana. Nuestra vida va a depender mucho más de nuestro sentido común y de la organización de nuestras rutinas que del color de un semáforo, que nos puede dar una falsa sensación de seguridad.
Ya hemos aprendido que todo es relativo. Frente a la enormidad del problema presente, hemos llegado a darnos cuenta de que muchas de las dificultades que en su momento nos quitaban el sueño y torturaban nuestras vidas eran comparativamente bagatelas, magnificadas por nuestra inmadurez e inseguridad (¡qué no daríamos por volver a esos tiempos y poder enfrentar la adversidad con nuestra sabiduría actual!).
Estas terribles experiencias nos han ablandado y hecho más tolerantes, más justos, más conscientes; nos han obligado a reinventarnos, a producir y utilizar lo mejor de nosotros. Nos están obligando a evolucionar. También hemos tenido la oportunidad, única en varias generaciones, de mantener estrecho y prolongado contacto con nuestros seres más queridos, y de poder fortalecer la relación y mejorar la comunicación con ellos a través de la práctica continua de nuestro afecto, intento tras intento, hasta consolidar una relación armoniosa en una época de caos (las familias en discordia no saldrán bien libradas). Este logro, por sí solo, haría que todas las privaciones sufridas hayan valido la pena, ya que, además de mejorar la calidad de nuestras vidas, dejaría un aprendizaje invaluable en la mente de nuestros hijos para aplicarlo en su futuro. (O)