A estas alturas, la mayoría de nosotros entendemos que nuestra vida futura será bastante diferente a la que estábamos acostumbrados a tener y dábamos por descontada. Este prolongado aislamiento, que en realidad es un túnel del tiempo del cual estamos emergiendo a una nueva realidad, nos está sirviendo para curtirnos, para empujarnos a ensayar nuevos enfoques hacia la vida en todo sentido, para afectarnos y recuperarnos, para enseñarnos a depender de nosotros mismos y exigirnos lo mejor de cada uno, todos los días.

Queramos o no, no podemos ignorar la situación económica nacional, o mundial. Pero esto no se va a resolver hoy, y no lo vamos a decidir nosotros".

Hemos aprendido a sufrir privaciones, a postergar satisfacciones, a pensar y actuar como equipo, dejando atrás diferencias, resentimientos y frustraciones. A muchos nos tocó perder a un ser querido y despedirnos en ausencia. Otros vivimos momentos desesperados tratando de conseguir atención médica, víveres o medicinas. Del mismo modo, a todos nos preocupa nuestra productividad futura; queramos o no, no podemos ignorar la situación económica nacional, o mundial. Pero esto no se va a resolver hoy, y no lo vamos a decidir nosotros.

Mientras tanto, nuestra prioridad inmediata es sobrevivir alrededor del virus, o huyendo de él, porque su amenaza, que es mortal, no va a desaparecer hasta que se produzca una vacuna. ¿Significa esto que tendremos que seguir viviendo con limitaciones e incertidumbres?

Indudablemente, esa es la nueva realidad. Estamos frente a un enemigo letal que tiene la capacidad de destruirnos y todavía no tenemos armas para combatirlo.

Nuestra ventaja es que es un enemigo ciego y pasivo, que no nos persigue (como el mosquito del dengue), y si no nos acercamos mucho a su zona de influencia (tomando distancia interpersonal), y practicando medidas de protección y limpieza (que son sencillas de ejecutar) estaremos a salvo.

La cuarentena nos ha enseñado que con mucha fe, esfuerzo y privaciones, el costo podemos asumirlo. En mayo tenemos que ser mucho más fuertes y disciplinados que en marzo".

Nuestra desventaja es que, por ser invisible a nuestros ojos, tenemos que limitar mucho nuestro radio de acción y nuestra libertad para evitar entrar en el área de contaminación. Si nos contagiamos sin saberlo, nos convertiríamos en una especie de caballo de Troya ante nuestras familias y amigos, y propagaríamos la enfermedad. Esta es la esencia del problema y es nuestra alta obligación dejarla en claro para todos y cada uno de quienes entren en contacto con nosotros.

Cuando tengamos las armas para neutralizar al enemigo, lo enfrentaremos y derrotaremos. Mientras tanto, tenemos que evitarlo y así ganar tiempo y recursos para la batalla final. La cuarentena nos ha enseñado que con mucha fe, esfuerzo y privaciones, el costo podemos asumirlo. En mayo tenemos que ser mucho más fuertes y disciplinados que en marzo. (O)