Aún tengo muy grabado el concepto de célula que, durante las clases de Biología en el San José La Salle, nos hicieron aprender como un estribillo: “Es la unidad anatómica, morfológica y fisiológica de todo ser vivo”.  

En otras palabras, es la encargada de la estructura y funcionamiento de cualquier tejido, y, por lo tanto, necesita estar en constante interacción con otras para desarrollarse, vivir y cumplir con su propósito.  Cualquier profesional en el campo de la medicina debe comprender este concepto, pues es la base para resolver asuntos más complejos que implican incluso llegar a salvar vidas.  

Pero cuando tenemos que hablar de entornos más grandes, como la sociedad o un país, ¿cuál es esa célula que genera interacción, a la que se debe cuidar, desarrollar y mantener viva?  La respuesta la encontramos en la familia.  Esta no solo es el espacio donde se gestan los valores que son requeridos por la sociedad, sino que es un natural proveedor del mejor talento para el ámbito laboral.

En el núcleo familiar, los niños aprenden lo valioso de comunicarse, compartir, dar afecto y ser agradecidos con los demás.  También desarrollan la habilidad de resolver conflictos y descubren la importancia del perdón para mantener saludable una relación.  Finalmente, empiezan a asumir responsabilidades y a comprender la importancia de la jerarquía de los padres para el orden familiar.  

Por otro lado, los padres aprenden a escuchar, a generar compromiso, a motivar, inspirar y corregir.  Asimismo, colaboran en la toma de las mejores decisiones buscando el bienestar para toda la familia.  

¿Qué tiene que ver eso con el entorno laboral?  En encuestas realizadas a directivos hemos evidenciado que más del 90% de los valores que las empresas requieren en sus colaboradores son de origen familiar.  

Adicionalmente, la familia es el mejor ecosistema para generar los líderes inspiradores que tanto se necesitan, porque el aprendizaje se convierte en habilidades para comunicar, colaborar, valorar, discernir, resolver y ejecutar.  

Por eso, quien entiende a la célula de la sociedad  sabe que debe existir un recto equilibrio entre el tiempo de trabajo y la familia.  

No en vano  las empresas más exitosas son las que consideran dentro de su campo de acción a las familias de sus colaboradores, no solo por la fidelización que esto produce, sino también porque entienden que, sembrando en ellas, están realizando un aporte vital para garantizar una sociedad recta, justa y emprendedora.  (O)