Paraguay 15 años después

4 de Noviembre, 2018 - 00h07
4 Nov 2018
4 de Noviembre, 2018
4 Nov 2018

En el mes de agosto tuve que pasar tres días en Asunción, la capital de Paraguay, y en septiembre gasté otros cinco días en una hacienda en el sur de ese país. Viví y trabajé en Asunción hace quince años y por eso estos viajes me sirvieron para reencontrarme con el Paraguay en toda su plenitud: la ciudad y el campo, el profundo y el cosmopolita. Y de estas dos visitas tan seguidas me quedó una sola impresión, fuerte, de la decadencia… argentina. Como botón de muestra basta con una sola realidad, muy palpable: el peaje de las carreteras cuesta lo mismo hoy que hace quince años.

No se entiende por qué razón, estando tan cerca del Paraguay como estamos algunos, los argentinos compramos dólares cuando queremos sortear la inflación de nuestra moneda. Bastaría con invertir nuestros ahorros en cualquiera de los cambistas que no preguntan nada y ofrecen guaraníes a precio de plaza nada más cruzar la frontera. En estos quince años el guaraní ni siquiera ha sufrido la depreciación del dólar, tanto que quien hubiera invertido en guaraníes y no en dólares, hoy habría ganado más con los billetes del doctor Francia que con los de don Franklin.

Decía que el peaje (la moneda) es solo un botón de muestra. Con sus altibajos políticos, con sus casos de corrupción, con sus escándalos a cuestas, el Paraguay nos pasó el trapo hace rato. Ninguna de esas realidades supera a la corrupción, los escándalos y los altibajos políticos de la Argentina. “Es cierto –observaba uno de mis compañeros de viaje– que en Paraguay hay menos infraestructura, pero también hay menos impuestos... y si hay que elegir, prefiero pagar menos impuestos”. Pienso igual: en la Argentina los impuestos están ahogando toda actividad formal y no se condice la devolución del Estado con la presión asfixiante de sus recaudadores.

En último viaje visitamos algunas de las  antiguas misiones jesuíticas: Trinidad, Jesús, San Cosme y San Damián, Santa Rosa, Santa María de Fe... están perfectamente atendidas por personal de la Secretaría Nacional de Turismo, gente amable, guías siempre bien dispuestos, ambiente limpio, ganas de atender a los turistas a la hora que sea... Cada una de las misiones está en el mejor estado posible desde su puesta en valor. Ya no hay ni rastros de aquella xenofobia que se percibía hace muchos años en el Paraguay, producto, al fin y al cabo, de una triste guerra que devastó el Paraguay hace 150 años y de la asimetría que hoy está claramente a favor de ellos.

Hace quince años me robaron el auto en Asunción, como podrían habérmelo robado en Buenos Aires. Como se imaginará, aquel robo no fue una buena experiencia. Bueno: por causa de la lluvia que impedía entrar en el campo en un vehículo que no fuera 4x4, decidí dejar mi carro en una calle lateral de un pueblo por el que pasa la ruta y ahí lo encontré tal como lo dejé, más de un día después con sus dos noches. Nadie se animaría a hacerlo hoy en ningún lugar de la Argentina. (O)

gonzalopeltzer@gmail.com

Paraguay 15 años después
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2018-11-04T00:07:04-05:00
En el mes de agosto tuve que pasar tres días en Asunción, la capital de Paraguay, y en septiembre gasté otros cinco días en una hacienda en el sur de ese país.
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