La feria del libro

23 de Septiembre, 2018 - 00h00
23 Sep 2018
23 de Septiembre, 2018
23 Sep 2018

A veces, en las ferias de libros se echan de menos las grandes figuras. Aquellas que concentren la atención de todos. La Feria del Libro de Guayaquil invitó en su segunda edición a J. M. Coetzee, Premio Nobel de Literatura 2003. Y en la tercera a Leonardo Padura, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015. La cuarta edición, que se realizó del 5 al 9 de septiembre pasados, no tuvo premios Nobel, ni Princesa de Asturias, ni Cervantes; pero los invitados, en su mayoría, son escritores magníficos, que viven un gran momento creativo y productivo, o que están haciéndose un lugar en el mundo de la literatura por su innovadora forma de escribir. De manera que, sin aparentes estrellas (vinieron dos premios Planeta), en esta feria hubo la oportunidad de escuchar, de igual forma, voces fuertes.

A mí me interesó oír a Carmen Boullosa, Ariana Harwicz y Elena Medel. También a la delegación de escritores nacionales. Asistí, asimismo, con una sonrisa al stand up comedy, Feminismo para torpes, de Nerea Pérez de las Heras, y al stand up ilustrado de Liniers y Montt. Y recorrí con agrado el espacio dedicado a los monstruos de la literatura, creado por Gabriel Fandiño y Alma Franco, en el que destacó un homenaje a la novela famosa de Mary Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo. Y la muestra de libros.

La potencia de la feria, al igual que en los anteriores años, estuvo en su agenda de actividades, bien propuesta y argumentada, y en la selección de los invitados, lo cual es un logro del Comité de Contenidos, presidido por Cecilia Ansaldo, que esta vez agregó a la oferta el componente de stand up, que tiene la capacidad de enganchar a un público diverso; y dedicó, asimismo, reflexiones a un tema clave: el feminismo.

La falencia, opino, fue el costo. Me parece que el precio de la entrada ($ 4) fue alto. Dirán que hay actividades culturales y artísticas mucho más caras por las cuales la gente paga sin protestar. Y es cierto, pero en un país que no tiene hábitos lectores arraigados, ni un público amplio para la literatura y los libros y cuyo objetivo es crearlo, un costo como este puede convertirse en un escollo. Esgrimirán que la feria tuvo un buen número de visitantes (y que los niños hasta doce años no pagaban entrada) y es verdad, pero pudo haber tenido más y de todos los estratos sociales y económicos. Hagamos cálculos: la feria duró cinco días y si alguien asistió todos los días, debió invertir $ 20 solo en entrada, sin incluir el costo de transportación. Y si de una misma familia acudieron tres o más personas, sume usted. Si costara menos (1 o 2 dólares, por ejemplo), el dinero que el visitante se ahorraría en entrada, podría utilizarlo, quizá, en compra de libros. Porque la idea es que se acerquen al libro. Solo como dato referencial cito lo siguiente: la entrada a la Feria Gastronómica Raíces, que se desarrolla en el Centro de Convenciones (el mismo lugar de la Feria del Libro) este año tuvo un costo de $ 2,50 público general y $ 1,25 niños hasta los 8. (O)

claramedina5@gmail.com / @claramedinar

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2018-09-23T00:00:41-05:00
A veces, en las ferias de libros se echan de menos las grandes figuras. Aquellas que concentren la atención de todos.
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