Guayaquil, que este 9 de octubre conmemora 201 años de su independencia, es el centro neurálgico de una conurbación que aunque no está definida política ni administrativamente, sí lo está por su funcionalidad, operación e influencia sobre áreas urbanas de Durán y Samborondón, en un radio de 15 kilómetros, donde comparten problemas como la falta de seguridad, áreas verdes y conexión multimodal del transporte público.

Un poco más de tres millones de habitantes que se mueven dentro de esta zona viven con la preocupación de ser víctimas de una delincuencia creciente; y aunque esto no es una competencia directa del Municipio, sino del Gobierno central, la administración local ha hecho -y aún debe hacer más- esfuerzos para contribuir a la seguridad ciudadana.

Si bien se ha establecido un convenio de integración entre la Corporación para la Seguridad Ciudadana de Guayaquil (CSCG) y el ECU911 para atender las emergencias desde una sola sala, aún no se utilizan las 100 cámaras y un software para reconocimiento facial que el Municipio compró en noviembre del 2019 por $ 2,7 millones.

César Barberán, jefe técnico de la Corporación, aduce que el equipo de vigilancia, dos años después, aún no está operativo para el reconocimiento facial porque requiere de una base de datos que debe estar enlazada con la Policía Nacional y por falta de reglamentación.

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La Ley de Protección de Datos Personales, que incluye el acceso y decisión sobre la información y datos de este carácter, recién fue aprobada en mayo de este año y aún no hay reglamento ni autoridad para aplicarla.

Moradores de Urdesa central han instalado sus propias cámaras de video para disuadir a la delincuencia y dar soporte a la Policía. Foto: El Universo

Aun así, el Concejo Municipal aprobó el pasado miércoles, por unanimidad, un convenio de cooperación interinstitucional entre el Municipio y la CSCG que consiste en un aporte de $ 33 millones que se realizará por partes, durante los próximos cuatro años, para adquirir 15.000 cámaras de seguridad con inteligencia artificial para dar soporte a la Policía Nacional, según dijo la alcaldesa Cynthia Viteri, quien ha destacado el aporte de cerca de $ 25 millones en recursos como vehículos, equipos de comunicación y drones que en su administración se ha dado a la Policía Nacional.

Pero no es suficiente perseguir el delito, también hay que prevenirlo, sostenía hace un mes el coronel Víctor Araus, que duró solo dos semanas como coordinador de seguridad del Municipio, y quien se había propuesto recuperar el espacio público en Guayaquil para restarle lugares de acción a la delincuencia.

Personal de la CSCG y de entidades estatales se integran en un sola central de atención de emergencias. Foto: José Beltrán

Una mirada integral

El urbanista Luis Alfonso Saltos sostiene que, en planificación, lo óptimo es tener una mirada integral de los temas urbanos donde el análisis de cada variable es específico.

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Sobre seguridad, Saltos está consciente de que esta es competencia del Estado central directamente. “Pero se conoce que para mejorar la seguridad en el marco de las competencias del GAD se requiere implementar nuevos criterios de diseño urbano; por ejemplo, hacer espacios más seguros para las mujeres”.

El Municipio también debería desconcentrar los espacios públicos y desarrollar obras para potenciar actividades turísticas en barrios del norte y el sur de la urbe. El objetivo, según este urbanista, sería “generar la misma gravedad turística que tiene el malecón Simón Bolívar o Puerto Santa Ana”.

El desarrollo urbanístico debe ir de la mano con la protección de la naturaleza, otro punto débil de la ciudad, dice la ambientalista Andrea González Nader, quien impulsa la arborización en la ciudad.

Las manchas blancas dan cuenta de que los árboles están enfermos. Es lo que se evidencia en varios sectores de Guayaquil y lo que motivó declaratoria de emergencia. Foto: José Beltrán

“Guayaquil es una ciudad que históricamente ha cuidado de su arbolado. Inclusive con las obras grandes, de calles y pasos peatonales que se realizaron en la administración de los años 80 y 90 hasta el 2000. Pero a partir del 2000 la nueva administración y su departamento de áreas verdes tuvo un sistemático retiro del arbolado urbano y una siembra masiva de palmeras importadas e inclusive algunas catalogadas como invasoras. Esto le ha pasado una gran factura a la ciudad a la que le deben árboles grandes y nativos que ya no volverán”, reflexiona González.

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Especies emblemáticas del bosque seco tropical no quedan más que en los nombres de las calles, critica esta ambientalista.

“Lo realmente preocupante respecto al arbolado urbano, bosques y cerros de Guayaquil es que ha sido talado de manera tan masiva que el bosque seco tropical se encuentra en peligro crítico de extinción, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza”, advierte la defensora de la naturaleza, quien afirma que especies endémicas como el papagayo de Guayaquil, que necesita de un bosque sano, se encuentran también en peligro crítico de extinción.

Para ella, ha mejorado el trato ético a la fauna urbana y silvestre, aunque esta última está en manos de las ONG y activistas, “pues no se hace mucho por prevenir su tráfico o afectación”, pero el problema es que ninguna administración ha presentado un plan a mediano y largo plazo de reforestación urbana o de restauración de los cerros.

Claro ejemplo de afectación se observa en la vía a la costa, un polo de desarrollo con un monstruo que le respira en la nuca, describe González. “Las canteras con más de 20 años de usufructo siguen destruyendo el bosque seco tropical, dejando en piedra desnuda un ecosistema que tiene jaguares, tigrillos, monos, serpientes, chachalacas, papagayos, y muchas más especies en peligro y desprotegidas”.

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“En lugar de protegerlo, conservarlo y apoyar a la sociedad civil que lo usa de manera sostenible, como los ciclistas o exploradores, propone cruzar una carretera, mantener las concesiones de las canteras, entre otros planes en la vía a la costa y Chongón, que son muy poco amigables con sus residentes: animales, humanos y plantas”.

El bosque seco ubicado en la ciudadela Samanes 1, en el norte de Guayaquil, sería convertido en área protegida, según la Dirección de Ambiente del Municipio de Guayaquil. Foto: Cortesìa

Para la urbanista Natalie Wong, decana de la Facultad de Arquitectura de la UEES, es positivo que el Municipio esté tratando de mejorar el arbolado de la ciudad, aunque prefiere que se siembre en tierra a que se lo haga en grandes maceteros como los que se ubican en parterres del norte de la ciudad.

“Las áreas verdes deben beneficiar al ciudadano. En los parques, donde hay recreación activa y pasiva, es necesario incluir mucho mayor vegetación teniendo en cuenta que el clima de Guayaquil es caluroso y esto abonará a generar microclimas más frescos. Ahí ya no hablamos de una cuestión decorativa, sino de la necesidad de generar sombra para mejorar la calidad de vida de los habitantes”, sostiene Wong.

A criterio de González, el Municipio “siembra árboles para apagar incendios mediáticos, pero le falta mucho una comunicación efectiva con la ciudadanía, quienes ven a alguien del Municipio cerca de un árbol y llaman a las ONG aterrados de que lo talen sin pena ni gloria”.

Con ellas concuerda Saltos: “Creo que la administración municipal ha dado un gran paso en reconocer la crisis de falta de arbolado urbano; y los proyectos de siembra en algunos puntos, la colocación de macetas es un inicio; pero no conocemos el plan de arborización, cuáles barrios se va a intervenir y cuándo, qué cantidad de árboles se plantará, qué especies, etc. Esta es una ciudad de proyectos pero sin plan”.

Transporte multimodal, la gran deuda

Guayaquil tiene una alta influencia dentro del conurbano porque, como se sabe, mucha gente vive, trabaja o estudia en los vecinos Samborondón y Durán. Por eso, a criterio de los urbanistas, se necesita una planificación conjunta en el tema del transporte.

La pandemia del COVID-19 encerró a la mayoría desde marzo del 2020 y ahora que se recobra la normalidad, poco a poco, la realidad que afrontan los conductores es un precio de la gasolina que se incrementa cada mes. Esto, sin embargo, no desalienta el uso del vehículo particular, apunta Natalie Wong, quien señala la necesidad de los sistemas existentes (metrovía, aerovía y buses) tengan integración multimodal, como funciona en otras ciudades del mundo.

“Lo ideal sería tener un solo método de pago y poder usar todo el sistema integrado con un solo pasaje mientras no se salga del sistema, que uno pueda bajar de la aerovía y usar la metrovía o tomar algún bus o incluso medios más ligeros para usar en el centro como los scooters”.

La Metrovía y la Aerovía en Guayaquil no están conectadas ni tienen el mismo sistema de pago. Su costo, en Durán, sí está integrado con los buses. Foto: Carlos Barros. Foto: El Universo

¿Hay incentivo para usar el transporte público?

Mucha gente usa la metrovía, pero quienes han usado sus carros, seguramente preferirán seguir pagando el incremento de la gasolina, parqueos, etcétera, mientras el sistema de transporte no sea de calidad, sostiene Wong. Y apunta que “un mayor uso del sistema de transporte público desemboca en menos tráfico y contaminación ambiental”.

Pero para eso el transporte público debe ser de calidad y no basta con que esto ocurra solo en Guayaquil.

La vialidad es un componente que permite la conexión urbana a base de distintos mecanismos motorizados y no motorizados, donde el actual plan de ordenamiento territorial solo hace un diagnóstico superficial del tema y su visión integral no está muy explorada, lo que genera vacíos y más dudas, indica Saltos.

El urbanista lamenta que, aunque mucho se ha mencionado la importancia del peatón y se intenta activar las ciclovías, “no existe planificación de la movilidad urbana, más bien todo se centra en la sumatoria de proyectos específicos; en otras palabras, una ciudad con proyectos pero sin plan”, insiste.

El transporte público se lo debe pensar y planificar en conjunto, complementa Wong, “porque ya no es cuestión de un solo municipio, sino de todos los que conforman la gran ciudad, el Gran Guayaquil. (I)