Geovanna Durán sonríe con sus hijos Sebastián y Santiago, de 11 y 13 años, mientras se toman fotografías con el fondo de la pileta situada al pie del monumento de Vicente Rocafuerte y después también con la iglesia San Francisco, en la esquina de 9 de Octubre y Pedro Carbo, en el centro de Guayaquil.

La mujer con los dos menores disfrutan de un paseo a lo largo del bulevar de la 9 de Octubre y posteriormente se dirigen al Malecón Simón Bolívar y el barrio Las Peñas.

“Es un lugar tradicional y turístico”, resalta la mujer sobre su visión de la avenida 9 de Octubre, principal arteria del casco céntrico de Guayaquil, ciudad que este mes cumple 202 años de independencia.

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La avenida 9 de Octubre, llamada de esa manera en alusión a la fecha de independencia de la Provincia de Guayaquil (1820), recibe un importante flujo de peatones y vehículos cada día. Se prolonga ese trajín citadino a lo largo de 21 cuadras, en un primer tramo desde el Hemiciclo de la Rotonda, en el Malecón Simón Bolívar, hasta el puente 5 de Junio, cruzando de este a oeste.

En esta arteria que se extiende por 2,2 kilómetros se congregan locales comerciales, restaurantes, almacenes de ropa, agencias bancarias, operadores de turismo, supermercados, hoteles, edificios de oficinas, entre otros.

Algunos puntos icónicos son la plaza Centenario, la Columna de los Próceres (colocada por el centenario de la independencia) y la plaza Rocafuerte, al pie de la iglesia Nuestra Señora de los Ángeles (conocida como San Francisco).

En algunas aceras del tramo de la av. 9 de Octubre que va de Lorenzo de Garaycoa al Malecón Simón Bolívar es común observar a trabajadores de locales de venta de artículos, como electrodomésticos, que se mantienen en la zona exterior a la espera del paso de peatones para contarles las principales ofertas que tienen para ellos. En cambio, en otros locales la exposición de letreros con la oferta de comida atrae a los comensales a adentrarse y hacer sus pedidos para degustar los platillos.

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Uno de los personajes que mantienen parte de la historia de esta avenida es Marcos Izurieta. Él es un fotógrafo que en la plaza Rocafuerte, en la av. 9 de Octubre y Pedro Carbo, continuamente vocea frases para captar clientes que se tomen gráficas con su cámara digital que la sostiene sobre un trípode. “¡La sacamos ‘mostrosa’, la cámara que hace milagros!”, repite el ciudadano mientras la marea de transeúntes circula hacia la plaza Centenario o se dirige al Malecón.

Turistas y locales le suelen pedir recuerdos fotográficos de su paso por la 9 de Octubre con el fondo de edificios importantes como la iglesia San Francisco, el edificio San Francisco 300, entre otros. A diferencia de años anteriores, el hombre ya no lleva una cámara a rollo ni pide retornar al día siguiente para entregar la fotografía. Ahora ofrece la imagen en cuestión de minutos al contar con su propia impresora.

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Marcos Izurieta es el único fotógrafo que permanece en la zona de la plaza Rocafuerte, conocida también como San Francisco. Foto: El Universo

“La fotografía no muere ni va a morir porque nadie deja de pasar y tomarse una foto, aun hasta los extranjeros”, dice el hombre que regularmente se instala desde las 10:00 hasta las 21:00 todos los días.

Izurieta resalta que se observa más actividad con la llegada de ciudadanos en comparación con los meses luego de los más complicados de la pandemia. Mientras pausa sus ofertas de toma de fotos, él recuerda que ha tomado imágenes de padres con sus hijos pequeños y que luego de varios años ellos mismos vuelven para hacerse una gráfica similar con el mismo fondo y ángulo.

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Como otros ciudadanos, él aspira a que se pueda mejorar la iluminación de la avenida, que según su experiencia, a partir de las 20:30 y 21:00 empieza a decaer su movimiento.

A nivel de los locales también espera que la situación comercial mejore. Briggitte Apolo, del restaurante Ciro’s, uno de los sitios de comida más tradicionales en la zona, revela que conviven con un bajo movimiento, incluyendo el horario nocturno, por lo que procuran atender hasta la tarde, alrededor de las 16:30.

Actualmente tienen una disminución del 20 % al 30 % por diversos factores, principalmente por la inseguridad y hechos violentos que se han replicado en varios sectores del centro. Pese a ello, tratan de mantener sus actividades en esa avenida, donde funciona ese local desde hace varias décadas, dice.

Pese a la reactivación económica, ella menciona que hay usuarios que prefieren mantenerse en sus oficinas u hogares en lugar de acudir a los locales. Para enfrentar esa situación, propone que se debería aumentar la presencia de policías e incluso militares, que hagan rondas a fin de dar esa percepción de seguridad en la zona.

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“Antes siete de la noche era bien movida (la avenida), ahora no, ya seis de la tarde está muerta”, comenta.

Conforme llega la noche, la mayoría de locales cierran sus puertas, unos pocos negocios de comida mantienen su atención hasta las primeras horas de la noche, mientras que hasta cerca de la medianoche en algunos portales de edificios se da cabida al teatro callejero y asimismo sobre todo los fines de semana hay quienes se visten de personajes de películas para tomarse fotografías con los peatones e incluso interactuar con los choferes que llegan hasta las inmediaciones del Malecón Simón Bolívar.

Sobre el tramo de la avenida que va del puente 5 de Junio hasta la plaza del Centenario, Gustavo Rivadeneira, morador y dirigente del barrio del Salado, resalta que se da un repunte de actividades comerciales conforme se dio paso a la reactivación de actividades luego de la época más complicada de la pandemia.

Por ejemplo, cita que se han abiertos cafeterías y restaurantes nuevos en las cuadras de esa zona y a su vez, otros locales de comida han retomado la atención a clientes. Similar situación se ha replicado con el espacio de arte La Bota y otros locales tipo huecas en calles transversales.

La avenida 9 de Octubre se extiende desde el Hemiciclo de la Rotonda hasta el puente 5 de Junio. Foto: El Universo

Ante ese auge de más ofertas de locales de comida, Rivadeneira menciona que a la Alcaldía y Empresa de Turismo se les ha propuesto que se podría replicar en esa zona el proyecto gastronómico que se dio en la calle Panamá, con miras a generar un nuevo sitio que atraiga más visitas al centro. “Ese tramo de la prolongación del bulevar 9 de Octubre hacia el Salado se ha hecho un punto de encuentro”, dice Rivadeneira.

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Asimismo, ese tramo de la vía ha tenido algunos cambios recientes. En el espacio donde se ubicaba El Caracol Azul, en la calle Los Ríos, ahora se realizan adecuaciones para el levantamiento de locales comerciales con sus propios estacionamientos. Asimismo, a la altura de la calle Tulcán, una construcción que estuvo paralizada por varios años se retomó y se terminó la obra de un hotel.

En el sector del barrio del Salado, muchas familias permanecen hasta ahora y eso ayuda a mantener unida a la zona ante las necesidades y problemas, como la concurrencia de personas en condición de calle que pueden propiciar el uso de portales de edificios y viviendas como servicio higiénico.

En el tramo de la avenida comprendido desde la Rotonda hacia la plaza del Centenario ha habido, con el paso del tiempo, un mayor abandono de los residentes para irse a vivir a otros barrios. En el otro tramo que va al puente 5 de Junio aún permanece un mayor número de familias que habitan viviendas y edificios de la avenida y calles transversales.

Como varios locales nuevos se ubican en la arteria vial también hay otros negocios. Eso ocurre en la esquina de Lorenzo de Garaycoa y también en Los Ríos, donde se observan algunos sitios con sus puertas cerradas y otros con letreros de alquiler.

En el sitio donde se ubicaba El Caracol Azul ahora se construye un proyecto comercial, según moradores. Foto: El Universo

De igual manera, en esta vía aún se convive con varios problemas, como la presencia de personas en condición de calle y la concurrencia diaria de servidoras sexuales que se ubican en varios tramos de la avenida, así como vendedores informales que se instalan en horario nocturno en la plaza situada entre la Corte de Justicia del Guayas y la Casa de la Cultura.

Para esos temas, Rivadeneira explica que en la zona del barrio del Salado, entre el 5 de Junio y la plaza Centenario, se mantienen constantes actividades de coordinación y atención a los pedidos de moradores por parte de delegados de Justicia y Vigilancia, quienes realizan controles periódicos en el lugar para mitigar de cierta manera la situación.

“Las autoridades tienen que controlar el tema si no se sale de las manos y empieza a haber problemas. Hay que organizarse porque la desorganización genera problemas terribles al comercio, turismo y a la misma ciudadanía que no puede dormir tranquila si hay escándalos en la vía pública y cosas así”, mencionó el dirigente barrial.

Él ha tenido acercamientos con miembros del Concejo municipal para que se analice una propuesta de reordenamiento de las servidoras sexuales en un barrio determinado como ocurrió en el suroeste con la calle Salinas, conocida como la 18. (I)