De la mano del entrenador ecuatoriano Isaac Estévez, el español Alberto Ginés conquistó contra todo pronóstico el oro en escalada, otro de los nuevos deportes incluidos en el programa olímpico de Tokio-2020, por delante de favoritos como el estadounidense Nathaniel Coleman, plata, y del austriaco Jakob Schuber, bronce.

Ginés fue el mejor entre los ocho finalistas en velocidad, búlder y lead o dificultad, las tres disciplinas combinadas que componen la prueba olímpica de escalada deportiva, cuya final se celebró en el Parque de Deportes Urbanos de Aomi, este jueves.

El extremeño, de 18 años, se coronó como mejor escalador “todoterreno” del mundo al sumar sus puntuaciones en las tres disciplinas en las que tradicionalmente se había competido por separado hasta que fueron aunadas para debutar en los Juegos Olímpicos.

Lo logró con 28 puntos, por delante de pesos pesados de la escalada mundial como el estadounidense Coleman, plata (30 puntos), y del austriaco Schubert (35), bronce, en una prueba donde contaba la menor puntuación final.

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Estévez, ‘parte del sueño’

De la mano del ibarreño Isaac Estévez, entrenador de la selección española de velocidad, y David Macià, experto escalador desde 1982, Ginés supo combinar velocidad y sangre fría sobre un muro para encaramarse hasta el oro en Tokio, por encima de todos los favoritos.

El muchacho exhibió potencia y agilidad para imponerse en el primer tercio de la final, la prueba de velocidad, al lograr completar en 6,42 segundos el ascenso de 15 metros que separan la base de la cima en su último emparejamiento contra el japonés Tomoa Narasaki, campeón de combinadas en 2019.

Ginés, en cambio, sufrió en la segunda prueba, la de búlder, o bloque, en la que los atletas escalan tantas vías fijas como puedan en 4 minutos en una pared de 4,5 metros de altura, a la que se enfrentan sin cuerda de seguridad.

El escalador no logró completar ninguno de los tres recorridos, quedándose muy cerca en el segundo intento de agarrar con ambas manos la última presa, un paso necesario para sumar la máxima puntuación.

La disciplina de búlder la dominó Coleman, quien completó la primera vía y rozó la segunda, en una prueba de enorme complejidad técnica donde ninguno de los ocho participantes logró resolver los tres “problemas” planteados en el muro.

Los contendientes escalan tantas vías fijas como puedan en 4 minutos en una pared de 4,5 metros de altura y diferentes ángulos de inclinación, a la que se enfrentan sin cuerda de seguridad.

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La tercera de las vías, con una diabólica forma de espiral y presas mínimas que apenas se podían agarrar con las yemas de los dedos, supuso un quebradero de cabeza tan grande para los participantes que ninguno de ellos logró superar su primera zona mientras el sol se ponía sobre el horizonte de la bahía de Tokio.

Una cuerda hacia el cielo

El mayor espectáculo de la final lo trajo la tercera y decisiva parte, la de lead, donde los escaladores intentan llegar lo más alto posible en una pared que mide más de 15 metros de altura en 6 minutos y con una cuerda de seguridad.

Coleman hizo un escorzo imposible para llegar a las 34 presas y ponerse en cabeza de la competición, pero en el siguiente turno el checo Adam Ondra logró alcanzar 42 con una facilidad pasmosa antes de caer cuando casi palpaba el final del recorrido.

Ginés fue el siguiente en enfrentarse al muro, y lo hizo con su estilo enérgico hasta plantarse en la parte más complicada a falta de 3 minutos.

Consiguió llegar a la presa número 38 antes de que perdiera el agarre con la mano izquierda, pero suficiente para mantenerse al frente de la clasificación.

El austriaco Jakob Schubert fue el único en terminar todo el recorrido y logró la máxima puntuación en esta manga final, lo que le valió para meterse en el podio dejando a Ginés como campeón.

El propio escalador español explicó tras la prueba que la clave de su sorprendente victoria estuvo “en saber gestionar bien la cabeza” después de haber perdido muchos puntos en el búlder.

“Estaba haciendo un poco de números y luego he dicho: no me quiero comer más la cabeza porque no va a traer nada bueno”, afirmó en declaraciones a los medios tras la final.

Ginés, que recibió su oro con cara de incredulidad y las manos aún empolvadas con magnesio, “ni de coña” podía imaginarse que iba a cubrirse de gloria en Tokio, y tras su victoria, solo pensaba en celebrarlo “saltándose la dieta” por una noche y en llamar a su familia y amigos.

El ecuatoriano Álvarez, que siguió la prueba olímpica por señal de televisión -según se muestra en una historia de Instagram-, felicitó a su ‘brother’ y agradeció la oportunidad brindada por el coach David Macià, que sí estuvo presente en el Parque de Deportes Urbanos de Aomi, sede de la competencia.

“Respeto y admiración, campeón del Olimpo @albertogines_. @DavidMacia66 eres el responsable de todo, gracias por dejarme ser parte de este sueño”, escribió en otra historia el entrenador tricolor. (D)