Éranse una vez cinco futbolistas ecuatorianos desubicados, bajo los efectos del elixir espirituoso del licor y la incitación que produce la sensualidad de exuberantes vedettes, de una elegante mancebía ubicada en Quito. Todo eso los llevó a elegir como el lugar de ‘concentración’ antes del partido contra Argentina, por las eliminatorias al Mundial 2018 –encuentro en que para los aficionados se jugaba el honor de nuestro balompié, mientras que para los cinco no se jugaba nada importante, un sitio donde ellos encendieron la más apasionada francachela.

El directorio de la FEF, presidido en ese entonces por Carlos Villacís, al conocer los detalles de tal causa impropia, los identificó y como que no quería la cosa sancionó a los libertinos con la pena de no ser convocados indefinidamente a la Selección. Todo eso duró hasta el día que llegó el Bolillo Gómez, quien en su primer petitorio solicitó que se los indulte, algo que consiguió con solo decirlo el día de su presentación.

La razón fue simple: siendo jugadores emblemáticos los iba a requerir en la cancha y consiguió así el entrenador colombiano que el acto vergonzoso de los cinco seleccionados y su correspondiente sanción termine siendo el cuento del gallo pelón, porque no hubo ningún castigo, considerando que en el tiempo que duró la pena la Tricolor no jugaría un solo partido internacional.

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Así se convalidó la impunidad, bajo el lema “si siempre lo hemos dejado pasar, por qué no ahora”. Y no se dieron cuenta de que el error de liberarlos de la pena, tras un acto de tanta gravedad, presagiaba que algo más estaba por venir. Todas las premisas estaban alineadas para que en poco tiempo llegara la reincidencia, porque como lo dijo Henry Ford: “El único verdadero fracaso es aquel del que no aprendemos nada”.

Y lo cumplieron al pie de la letra. Pasaron pocos meses y escogieron esta vez la Copa América 2019. Y para reconciliarse con esos momentos tertulianos, que suelen provocar la mezcla de la fraternidad, la liberación de las cargas, la eliminación del torneo, qué mejor hacerlo que con cerveza y tequila. Reencontrarse con esa libertad absoluta, refrendada además con la anuencia del gran motivador en causas perdidas, Hernán Bolillo Gómez.

Y es así como el piso 17 del hotel donde se hospedó Ecuador en Brasil se convirtió en un open house, en lugar del reencuentro con lo prohibido. Los demás detalles de cómo fue la chupiza (de acuerdo al ‘diccionario’ latinoamericano, significa reunión donde hay gran consumo de bebidas alcohólicas) es de consumo general. Se resume que muchos sabían, que no todos participaron y que el sancionado ipso facto fue el novel relacionista público, porque decidió ayudar a cargar las cajas de cervezas heladitas.

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La aventura del piso prohibido terminó dejando un fuerte dolor de cabeza para la directiva de la FEF, que ha preferido que su procedimiento sancionatorio contemple desde no pedir a los involucrados a dar su versión y además no revelar las identidades. Francisco Egas ha destacado, en sus últimas comparecencias ante la opinión pública, lo siguiente: “¿Por qué no dar los nombres del piso 17? Porque singularizar un hecho es quedarnos en algo que nos va a hacer perder la perspectiva”. Por supuesto que mantener el enigma debió ser consensuado con los otros miembros del directorio y varios directivos de clubes, que han preferido proteger sus inversiones y sobre todo la imagen del futbolista ecuatoriano.

Mientras tanto, el vicepresidente de la Ecuafútbol, Jaime Estrada, ha reiterado que la sanción será ejemplarizadora y al margen de los nombres y apellidos que todos conocemos, y que fueron señalados en la cuenta Twitter del afamado periodista Carlos Vera –quien mencionó que de fuente confiable ponía a disposición de la sociedad ecuatoriana la identidad de los inquilinos del piso 17 en este orden: Antonio Valencia, Ayrton Preciado, Arturo Mina, Robert Arboleda, Alexander Domínguez y José Choclo Quintero.

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Y luego el portal digital Studio Fútbol confirmó que hay evidencia documental y audios de los jugadores que participaron activamente en el evento de marras. Coincidían los mismos nombres y apellidos. Con el pasar de los días, luego de aquellas publicaciones, los propios interesados no lo han desmentido. Si esa información no era la correcta les correspondía limpiar sus nombres, como lo hicieron oportunamente Gabriel Achilier, que se declaró inocente, y Enner Valencia, quien dijo que si alguna vez se equivocó, no estaba dispuesto a reincidir.

Pero lo que más llamó la atención fueron las declaraciones de Iván Hurtado, el capitán por muchos años de la Tricolor, cuando confirmó “que ya era una costumbre, que después de los partidos, les daban permiso para divertirse, pero que nadie se enteraba, ni ustedes los periodistas”. Mientras, otro exseleccionado, Carlos Demoledor Tenorio, dijo que era normal este tipo de festejos cuando salían los resultados y muchas veces a escondidas. Y aclaró: “Pero cuando pierdes, ahí sí no te dejan pasar los veedores en el hotel y lo denuncian, y entonces se viene el escándalo”.

El propio Egas, presidente de la FEF, reveló que los actos de indisciplina en la Selección han sido constantes y que no solo era cuestión del viaje a Brasil a la Copa América, ya que ocurría en todos los viajes y que eso se ha dado porque el sistema ha estado mal. Advirtió que los que lleguen seguirán contaminándose y por aquello era necesario un código de conducta y disciplina con manuales de viaje.

Desde mi punto de vista, considero que la posición institucional del presidente de la FEF, Francisco Egas, y de su directorio, merece respeto sobre no hacer oficial los nombres y que quede todo como noticia de la prensa. Y es obvio que tienen el derecho de calificar reservado el acto procesal sancionatorio, aunque eso sí, deberán hacer público el castigo “ejemplarizador” que advirtieron, con el fin de crear un precedente importante. Así demostrarán que todo aquel que sea convocado a vestir la camiseta de nuestra Selección no necesita ningún código de conducta, sino solo responsabilidad y honor.

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Desde esta tribuna me permito solicitar a los sindicados en este evento bochornoso, que ha ocasionado la crítica generalizada de la comunidad y por supuesto si lo creen conveniente, realicen un ejercicio de honestidad en homenaje a sus compañeros seleccionados que no participaron, hacia la juventud del Ecuador, a los directivos del fútbol, a la prensa, a sus familiares y a todos los ecuatorianos. Que comparezcan para ofrecer las disculpas que merecemos y que acepten la sanción. Nosotros lo entenderemos como un gesto de honor y respeto, caso contrario creo que vivirán señalados y con la conciencia en el ostracismo.

Con estos antecedentes son ustedes, señores futbolistas de la Selección, quienes tienen la gran oportunidad de escoger entre la vindicta o la redención pública.

El único sancionado fue el novel relacionista público de la FEF, porque decidió ayudar a cargar las cajas de cervezas heladitas. Les pido a los seleccionados que den disculpas públicas".

(O)