Ricardo Vasconcellos Rosado: Ponerle el VAR a la estupidez

4 de Noviembre, 2018 - 00h00
4 Nov 2018
Ricardo Vasconcellos Rosado
4 de Noviembre, 2018
4 Nov 2018

El título de esta columna es tomado de un editorial del diario argentino Clarín, suscrito por el periodista Ricardo Kirschbaum sobre las conjeturas, las frases poco afortunadas y las especulaciones que se han desatado en los medios, en la dirigencia de todo el balompié gaucho y en los aficionados respecto de la final River Plate vs. Boca Juniors, por el título de la Copa Libertadores de América.

“El triunfo o la derrota en la Libertadores, en medio de este exitismo desmesurado que impregna al fútbol argentino, tendría impacto en el futuro de los clubes que lo disputan y en el clima que se crea por el fracaso deportivo”. El mundo de las elucubraciones es tan desmesurado y alejado de la sobriedad que el editorialista plantea: “¿Y si le ponemos VAR a la estupidez?”.

En el fútbol ecuatoriano también el clima es de borrasca con una Federación Ecuatoriana privada de liderazgo inteligente y de brújula para evitar las sospechas. Ocho equipos disputan la posibilidad de ganar la segunda etapa. Liga de Quito acecha con agarrar la corona y los otros siete con vencer para enfrentarse en la final a los universitarios. Esto ha provocado una convulsión a tal punto de que todo el que pierde culpa al árbitro o a un complot entre dirigentes para bajarlo del caballo.

Todo se agravó con una denuncia por extorsión contra un sujeto que alega ser un experto ‘amarrador’ de resultados. El denunciante es el presidente del club Macará, uno de los clubes más opcionados. La acusación contra el sujeto mencionado no es por una compra de partido sino por extorsión. Según el titular de Macará, como no aceptó que el negocio se haga, el intermediario le pidió dinero por ocultar el audio en que supuestamente se hizo el arreglo. Hubo una conversación en la que se fijaron las condiciones y fueron mencionados tres jugadores de El Nacional. Todavía esperamos que la FEF dé publicidad a ese audio. El presidente de Macará, Miller Salazar, argumenta que la charla se extendió “para seguirle el juego” al intermediario y “saber qué se proponía”. Me parece una débil excusa.

Después vino el partido entre Aucas y Emelec; el equipo azul ganó por un penal cobrado por el árbitro Omar Ponce. Las imágenes dejan pocas dudas de que la falta existió. Los siete rivales de los eléctricos saltaron de inmediato y se habló de ‘ayuda’ al equipo guayaquileño, aunque nadie ha mostrado pruebas.

El más eufórico de los reclamantes ha sido el dirigente de Independiente del Valle, Michel Deller. Sus expresiones no se corresponden con la cordura que debe mostrar quien lidera un club que llegó a una final de la Copa Libertadores de América en el 2016 y que ha merecido variados elogios por el manejo de la entidad. O este directivo carece de talla intelectual para entender la finalidad del deporte y su esencia competitiva, o no se hallaba en sus cabales cuando dijo lo que dijo.

Según Deller, que gane el más poderoso, el que hizo mejor las cosas es un atentado contra la ‘democracia’. Dice que no hay ‘alternabilidad’ porque del 2012 al 2017 el Astillero fue campeón.

Deller habló en muchos medios, pero reproduzco lo que está en Infocancha (http://www.infocancha.com/es/Contenido/Noticia/1-21105-clama-deller-por-transparencia-para-sacar-adelante-recta-final-de-complicado-campeonato): “Les invito a que ustedes hagan una reflexión y vean, con un análisis cuidadoso, quiénes alternan los campeonatos en el fútbol ecuatoriano y cómo eso se relaciona (con lo externo), y la poca democracia que hay, si es el término correcto, en la alternabilidad de campeones... Simplemente, hagan un análisis histórico y traten de entender circunstancias políticas, económicas, sociales con campeonatos y van a responder tu respuesta (sic), indicaba la autoridad del Independiente en el desenlace de la nota ofrecida a la estación La Radio Redonda, señal para Quito, en pos de atar la historia reciente del campeonato nacional al poco espacio existente para permitir el brillo de los elencos considerados ‘pequeños’ en el ámbito profesional, trastocado por oscuro entorno”.

Para Deller, el que desde 2012 Barcelona y Emelec se hayan repartido los títulos nacionales es una muestra de que no hay “alternabilidad de campeones”, pues el “ámbito profesional” se halla “trastocado por oscuro entorno”. En otras palabras, las cuatro coronas de Emelec y las dos de Barcelona no se lograron por el poderío de los equipos del Astillero, sino gracias a maniobras extrafútbol, lo que conlleva una acusación de inmoralidad.

A Deller se sumó el original gerente de Aucas, Andrés Báez, quien gritó a los cuatro vientos: “¡Ya basta. Basta de la hegemonía de los equipos de la Costa con las presiones con el arbitraje!”. ¿Se acordarán Deller y Báez de la manera en que Luis Chiriboga Acosta digitaba los arbitrajes contra Barcelona y Emelec? ¿Sonará en sus oídos aquella frase histórica: “Si Barcelona, Dios no quiera, fuera campeón de la segunda etapa habiendo ganado la primera, sería el campeón”.

En una entrevista de gran impacto entre los aficionados el presidente de Emelec, Nassib Neme, cuyos conceptos pueden originar discusiones, salió a poner en su lugar a Deller, autor de una teoría más propia del programa La Escuelita Cómica que de un torneo de fútbol: En el campeonato nacional debe haber ‘alternancia’; es decir, un año debe ser campeón un equipo de la Sierra y al siguiente uno de la Costa; un año uno ‘grande’ y luego uno ‘chico’.

Aquello de la organización del club, sus finanzas, la contratación de un técnico capaz y de futbolistas nacionales y extranjeros de buen nivel no tiene importancia: uno de la Sierra y luego uno de la Costa. Para quien parece un científico del regionalismo que gane el más poderoso, el que hizo mejor las cosas es un atentado contra la ‘democracia’. Si asimilamos el concepto sociopolítico de democracia al fútbol, lo democrático es que en una justa deportiva gane el mejor. El máximo dirigente de Independiente parece ignorar que no hubo “democracia” ni “alternabilidad” entre 1973 y 1978, cuando los títulos fueron acaparados por equipos de la Sierra. Entre 2003 y 2011 ya estaba Deller en el mundo del fútbol cuando equipos quiteños, y una vez el Deportivo Cuenca, fueron campeones ecuatorianos. ¿Habría pedido Deller alternabilidad y reparto democrático de las coronas nacionales?

Vale recordar en este punto que Michel Deller, con tres lustros en la dirigencia, era el candidato escogido por Chiriboga para dirigir la Ecuafútbol. Miller Salazar lo acompañó a la elegante suite que Chiriboga ocupa como calabozo y Deller se dio cuenta de que el que maniobraba todo era el sentenciado expresidente de la Ecuafútbol. Mario Canessa, vecino de página, ya contó esta historia.

Barcelona –acusado por Deller de haber obtenido fraudulentamente los torneos de 2012 y 2016– no ha dicho una palabra contundente. Se ha dedicado a insultar a Neme a través del presidente de la Comisión de Fútbol por lo dicho en Diario EL UNIVERSO. Quizás los tres principales dirigentes canarios estén preocupados por la exigencia de 40 socios para que se les entreguen copias de los informes económicos, informes de ingresos, auditorías de 2016 y 2017 y los informes de la administradora de fondos Laudesa, que tiene a su cargo el manejo de los fideicomisos Socio Barcelona en Buenas Manos y otros constituidos por la actual directiva.

Por lo pronto, a través de una radio (y en redes sociales), las respuestas a Neme están a cargo de un grupo de adictos a la directiva de Barcelona que encabeza aquel opinador que pidió que se levante un monumento a Chiriboga y que hoy merodea en torno a Carlos Villacís.

Después de todo esto, igual que mi tocayo Kirschbaum, me pregunto: ¿No hay que ponerle el VAR a la estupidez? (O)

Ricardo Vasconcellos Rosado: Ponerle el VAR a la estupidez
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2018-11-04T00:00:28-05:00
Michel Deller es autor de una teoría más propia del programa La Escuelita Cómica que de un torneo de fútbol: En el campeonato nacional debe haber ‘alternancia’; un año debe ser campeón un equipo de la Sierra y al siguiente uno de la Costa; un año uno ‘grande’ y luego uno ‘chico’.
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